Crónica de EnoFestival 2013: “A mí me gusta el vino…”

enoFestival 2013

La ilusión me embargaba con mi asistencia a un evento que aunaba música y vino. En realidad, la ilusión provenía de la parte musical, lo del vino era más bien curiosidad por el supuesto enfoque de exclusividad y originalidad que se le quería dar. El evento contaba con catas, bodegas invitadas y un toque de cultura enológica cuyo objetivo era hacer llegar esto a un público más joven, como si la tendencia marcase que es un actividad más bien propia de jubilados.

Por Álex Sánchez.

enoFestival 2013

Por si la “enocultura” no tuviese ya un halo (a veces merecido) de exclusividad y alta sociedad, el evento se celebró en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, una ambientación barroca y sobrecargada perfecta para su celebración. Aunque según se mire, porque bajo mi juicio, contradecía totalmente la supuesta idea principal de este festival. Desde el primer segundo en el que entré allí, ya me sentí fuera de lugar. Era el sitio, era el ambiente, era la gente, era todo. Y explicaré por qué, siempre desde el punto de vista de mi experiencia, de lo que yo vi y de lo que yo viví.

Dejando primero el lado musical a un lado, como asistente podías comprar comida, muy buena por cierto, y podías tomarte un vino en copa de plástico por 2 € en los stands de las bodegas o marcas participantes, o bien podías optar por la “barra general” y tomarte otra bebida, eso sí, siempre relacionada con el vino, como un rebujito, un calimocho, un tinto de verano o un “vin tonic”. Hasta aquí todo correcto y original. El vino era el protagonista.

Fueron los pequeños detalles los que fueron minando el bienestar, los que consiguieron que apenas aguantase allí unas horas, los que provocaron que ni llegase a ver los dos últimos conciertos. No está bien que te quieran cobrar en el guardarropa cada vez que recoges el abrigo para salir a fumar, y que tengas que montar un pollo para que entren en razón. Está aún menos bien que justo al lado, a la vista de todo el mundo, tengan una sala especial para “gente especial” en la que se puede comer y beber gratis sin el agobio la gente. Peor aún es que veas a personas con copas grandes de cristal de la bebida que tú quieres, en lugar de la pequeña copa de plástico estándar, que vayas al stand y veas cómo las preparan y se las dan a la gente que te rodea, y que cuando pidas una te digan que no se venden, que son de exposición, ¿se cree ese tipo que soy estúpido y que no tengo ojos en la cara? ¿Es que esa gente es mejor que yo y si merece una clase superior de producto? Parece ser que sí. Y esto no se quedó ahí, porque hubo más cosas, como tener que pagar por las catas (cosa que me parece lógica, pero, inocente de mí, pensé que iban incluidas en la entrada), hacer cola para entrar de los primeros y tener un sitio en las mesas, y, una vez dentro, ver con cara de idiota como cuelan a gente por delante gratis, porque sí, porque eran famosos, o amigos de fulanito, o hijos de menganito. En fin, cosas de esas que sabes que ocurren en todas partes, pero que generalmente se molestan en ocultar, y más en los tiempos que corren.

Alondra Bentley en el EnoFestival 2013

Y como esas muchas. Una lástima. ¿Pretenden acercar así la “enocultura” a la gente sencilla? ¿Pretenden así deshacerse de los ropajes caros para demostrar que el placer de beber buen vino es algo que puede disfrutar cualquiera? Lo siento, pero no, así no. No se trata de bajar a un nivel en el que asistamos a conciertos en un campo embarrado mientras bebemos vino de cartón, pero tampoco es este ambiente el más adecuado para llegar al populacho. Lamentablemente, la sensación que me deja es que yo el año que viene no repito, ni con los Rolling como cabezas de cartel.

Y hablando de eso, de la música, psssssssssss. Cuatro gatos para ver a Templeton y Luis Ramiro, que, lamentablemente, me da a mi la sensación que actuaron más para los colegas que para un público general. Pero ojo, que eso no significa que lo hicieran mal, todo lo contrario. La gente empezó a llegar más tarde, a tiempo para ver a la señorita Alondra Bentley. Yo lo siento, pero pese a que me gustó, reconozco que no es un concierto adecuado para un evento en el que lleva horas corriendo el vino por doquier. Eso mismo pareció pensar el resto de asistentes, bastante distraídos y pasotas, que conformaba un murmullo general que a veces entorpecía la escucha de la música. Hasta la propia Bentley, muy sutil ella, llegó a soltar un “Gracias a todos aquellos que os estáis tomando esto como un concierto“.

Lo mismo podría haber sucedido con McEnroe, que se presentó en formato acústico, pero ahí la sala estaba casi llena y había muchos fans, y señores este grupo está lleno de calidad. Se nota que yo también soy fan. Por desgracia, sobre el resto de actuaciones ya no puedo opinar, porque por todo lo que os he contado, mi cupo de aguante estaba ya al límite y decidí abandonar sin ni siquiera pensar en que después iban a actuar Hidrogenesse y Layabots. Que sí, que el hecho de que de que estos dos grupos no me emocionen demasiado ayudó, pero yo ya venía quemado de antes, y además solo me interesaban McEnroe, así que a casa y Santas Pascuas.

¿Qué más puedo decir? Que la idea es buena, que este festival podría dar mucho más de sí, y que corrigiendo actitudes y detalles la cosa podría mejorar mucho y convertirse en un referente original y con estilo. ¿Lo hará? Solo el tiempo lo dirá, pero de seguir así lo dudo mucho.

Sigue a Álex Sánchez en Twitter: @Zarten.

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