Crónica de Mumford & Sons en el Palacio de Vistalegre de Madrid

Mumford & Sons - Babel

Es complicado hablar de la esperadísima visita de Mumford & Sons a Madrid sin mencionar en espectáculo infinitamente bochornoso que dio la organización del evento. Parece incomprensible que, tras los hechos ocurridos el año pasado en el Madrid Arena, con sus supuestas consecuencias, los asistentes a eventos multitudinarios tengamos que seguir jugándonos la vida y saliendo amargados de algo a lo que asistimos para disfrutar, y además pagando un pastizal.

Por Álex Sánchez.

Imagino que todo esto vendrá originado por el creciente fanatismo que viene despertando esta banda en los últimos meses, que pasó de dar conciertos para 1.000 personas a llenar estadios como si fueran el nuevo Mesías. No es que ellos tengan la culpa, eso por supuesto, pero este nuevo status provocó un cambio en el lugar de celebración del concierto, que en un principio iba a ser en La Riviera, para dar cabida a más público, así que acabó siendo en el Palacio de Vistalegre. No me preguntéis cómo se gestionó el cambio, cómo se manejó el tema de las entradas o cómo se organizó el evento, porque no tengo ni idea. Solo sé que un servidor llegó allí con su entrada comprada de pista (y repito, de pista, no de grada) y no le dejaron pasar porque, según GRITABA CON MUY MALA EDUCACIÓN Y ACTITUD AMENAZANTE el típico portero “cachas”, el aforo estaba completo. Escuché a agente comentar que no era posible, que la pista estaba vacía (lo cual me pareció extraño), y el portero solo decía que sería porque la gente habría ido a fumar o al servicio.

Con un cabreo de tres pares de narices por tener que ver un concierto desde una distancia considerable, cuando tendría que estar a pie de pista, subí hasta el tercer piso después de que cada intento de acceder en los anteriores fuese frustrado por una persona de seguridad que repetía la misma cantinela: Aforo Completo. Y ojo, todo esto una hora antes de dar comienzo el concierto. Llegando ya arriba, y para colmo de los colmos, obtengo una visión que pone, directamente, mi sangre a hervir: la pista no estaba ni al 50% de su capacidad (ver foto de debajo).

Vergüenza en Vistalegre

Frustrado, indignado y resignado, senté mi culo en una de las sillas situadas en “el quinto pino”, observando cómo subía cada vez más gente, todos quejándose, todos indignados, todos enfadados por una situación aparentemente inexplicable. Fue especialmente destacable el caso de una chica que compró su entrada para La Riviera, porque quería ver al grupo justo ahí, a cinco metros, y ayer se tuvo que conformar con verlo a ¿cuánto? ¿80 metros? Vergonzoso.

Pero la cosa no se quedó ahí. Con las puertas cerradas para acceder a una pista que no estaba ni con la mitad de su capacidad ocupada, la gente comenzó a llenar las gradas hasta que ya no hubo asientos vacíos, por lo que el resto se empezó a acumular en las escalares y los accesos, formando embudos donde la gente se veía atrapada con empujones, cabreos y malos rollos. La gente no se podía mover porque todos los pasillos estaban abarrotados, así que la única posibilidad de supervivencia era beber tu propia saliva, mearte encima, rezar para que no ocurriese una desgracia e intentar disfrutar del concierto en esta situación desesperante.

Para más bochorno aún, y retomando el tema de que la pista estaba vacía “porque la gente había salido a fumar o al servicio”, el concierto iba por su quinta canción y la pista seguía en el mismo estado. Fue a partir de ahí cuando al fin abrieron las puertas, para que la gente que casualmente pasaba por allí o que decidió abandonar la trampa mortal que eran las gradas (siempre y cuando estuviesen cerca de una puerta, porque si no era imposible) entrase a disfrutar de una zona por la que muchos habíamos pagado y se nos había prohibido. QUE ALGUIEN ME LO EXPLIQUE.

Dejando, por fin, toda esta mierda a un lado, vamos a hablar del concierto. Mumford & Sons es grupo de folk a medio camino entre lo sureño americano y lo irlandés (pero cuidado, que son británicos) al que nadie conoce pero que con solo dos discos es capaz de vender copias como rosquillas, acaparar premios Grammy y MTV (por nombrar algunos) en sus últimas ediciones, y llenar estadios con miles de personas. Algo tendrán pues. Viene a ser algo como lo que les ha ocurrido a The Black Keys: salen de la nada, son “indie”, son buenos, su música es pegadiza, se corre la voz, se reconoce su calidad y luego ya viene todo rodado en plan bola de nieve.

Mumford & Sons - Babel

Esta gira de la banda, en la que presentan su segundo disco ‘Babel’, difiere en muchas cosas con respecto a la primera. Ya son grandes, unos “llenaestadios”, y tienen que estar a la altura en su puesta en escena. Lo bueno es que no defraudan, supongo que por eso están ahí, y con la peculiaridad de no contar con batería más que en unos pocos temas, y siempre sonar con contrabajo en lugar de con un clásico bajo eléctrico, estos tíos salen ahí y hacen botar a miles de personas con su estilo sureño cargado de bombo, banjo y violín, aderazado con toques de sección de viento.

El sonido potente, una actitud volcada de los músicos y los juegos de luces, por momentos espectaculares, volvieron locos a todos los asistentes que, sorprendentemente, se sabían todas las letras “de PE a PA”. Me resultó curioso que, tras cuatro canciones, la banda ya hubiese gastado el mayor hit de su primer disco (‘Little Lion Man’) y el mayor hit de su segundo disco (‘I Will Wait’), dejando en el aire la duda de qué guardarían para el final del concierto. Sin embargo, esa duda se fue resolviendo satisfactoriamente, porque canción tras canción te vas dando cuenta que todos y cada uno de sus temas son unos pedazo de hits, haciéndome exclamar todo el rato, ‘¡Es verdad, quedaba ésta, y ésta, y ésta!’.

Mumford & Sons en Vistalegre

Al final, una escasa hora y veinte minutos que dio para un bis a grito de ‘Fiesta (que no siesta)’ por parte del cantante y una versión del tema ‘Baby, Don’t You Do It’ de Marvin Gaye, acompañados de las teloneras Deap Vally, que nos pone de manifiesto lo bien que se han sabido adaptar estos chicos a su nuevo nivel de popularidad. Casi a punto de terminar, Marcus, el cantante, se lamentaba por no haber venido antes a tocar a Madrid. Sí, Marcus, nosotros también lo lamentamos.

Sigue a Álex Sánchez en Twitter: @Zarten.

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