DCODE 2013: Hablábamos de disfrutar, ¿no?

No sé cual habrá sido la valoración oficial y especializada del DCODE 2013, pero lo que yo puedo aportar desde mi humilde y totalmente amateur posición de crítico musical que no sabe de música, es que yo me lo pasé como un crío de teta. Y al final… ¿no es de eso de lo que se trata?

Por Javier Marquina.

Las cosas a veces surgen con una cerveza en la mano de la manera más casual e improvisada. “¿Te vienes al DCODE?” y yo dije que sí. Sin saber ni que grupos tocaban. Con esa sonrisa llena de alcohol que te puede llevar a una playa paradisíaca o a reparar grietas en Chernobil. A lo loco. Y así hasta este sábado. Que estuve en el DCODE. Como no podía ser de otra manera. Y qué bien me lo pasé, oiga. Hasta al ir  mear a ese averno que eran los baños públicos me pareció divertido. Y casi sin beber. Para ser algo totalmente improvisado y casual, no está nada mal. Creo. ¡Qué coño! Para mí fue la leche de divertido.

Cuando llegamos eran las 6 de la tarde, Varry Brava estaba ya casi acabando, y la primera sensación fue “oye, para ser tan pronto, esto ya está a petar, ¿no?” Había ya gente. Bastante. Al sol. Bailando. Había que integrarse, así que como mandan los cánones nos fuimos a echar la primera meada (vais a ver que lo de mear se convirtió en uno de los ejes de la noche) y nos pasamos a recoger una cerveza gratis que nos regalaba Google por hacer el idiota y colgar una foto en esa red social que no es social porque nadie la usa que es Google +.  La cosa no empezaba mal. Cerveza gratis, gafas de sol y calorcete bueno. E Izal. Uno de esos grupos que yo no conocía hace apenas un mes y se pegaron un pedazo de concierto de esos que te deja con la boca abierta y ganas de bailar. De esos que deseas saberte todas las canciones para poder berrear a gusto. Y a las 6 de la tarde. Sí señor. Eso tiene mucho mérito.  Buena música y buen rollo. Festival puro. Y temazos.

Después del subidón de Izal y con puntualidad británica, en el otro escenario comenzó John Grant. Lo de alternar escenarios al principio parecía una buena idea para poder ver a los grupos que querías sin mucho agobio para poder sitio, y al principio pareció funcionar, hasta que aquello se lleno de Madrid entero y caminar de un lado a otro suponía un esfuerzo casi sobrehumano. Volviendo a John  Grant, estoy seguro de que este señor posee unas cualidades y un talento musical inigualable, pero hacer el concierto que hizo a las 7 de la tarde, con el sol en la cabeza, es para todo menos para festival. Soporífero es un adjetivo que se ajustó fielmente a lo este señor nos ofreció. 40 minutos de sopor puro e intenso que parecieron 3 horas. No me compraré su disco. Nunca. Y seguro que es muy bueno. PERO.

L.A. estuvo bien. La verdad es que estábamos hablando con gente, en ese típico momento de quedada festivalera con muchos desconocidos que nunca llegan, y lo vimos cerca de la barra bebiendo cerveza para reponer líquidos ante lo que se nos venía encima. Sonaban estupendamente y el cantante lo dio todo pese a estar bajo el sol abrasador del final del día. Ese que parece que no quema y te deja rojo como un guiri comiendo carabineros. Bien por ellos.

Nuestro momento se acercaba, así que tras L.A. y alternando escenarios, nos lanzamos a coger buen sitio para ver a Foals mientras Santi Balmes hacía su mierda en el Escenario DCODE. Público entregado y más de lo mismo. Si te gustan bien. Si no te gustan pues ahí estuvieron. Chachi guay. Y acabaron con Toros en la Wii. Pues que bien. Pues eso. Ay.

Y entonces llegaron. Yo venía aquí por ellos. Sólo por ellos. Y después de ver su directo salí con la sensación de que había visto justo lo que quería ver. Foals. FOALS. Decir que su concierto fue totalmente impresionante puede parecer algo exagerado, pero es que la verdad es que su concierto fue IMPRESIONANTE. Brevísima se me hizo la hora que estuvieron tocando y si puedo achacarles algo, que es que sigan el setlist que tienen preparado para los festivales de manera matemática e invariable, dejando nulo margen para la improvisación. En la parte buena, escuchar ‘Spanish Sahara’ o ‘Inhaler’ en directo fue como una experiencia mística brutal, apabullante, maravillosa. La leche, de verdad. La leche. A punto estuve de sacarme billete para Barcelona para ir a verlos en octubre. Si alguien tiene entradas y me hace buen precio, COMPRO.

Después de Foals y antes de ir a ver a Vampire Weekend, tuvimos la feliz idea de ir a mear. Jamás creí que pudiera caber tanta gente en un urinario. Ni ver a tías mear sentadas en esos mismos urinarios. Y de fondo sonaba Toundra. Todo muy intenso, muy emocionante, muy MUY. En algunos momentos incluso parecía que ese iba a ser nuestro final. El acabose de verdad. Succionados por un charquito de mierda. Embriagados por el intenso aroma del amoniaco y viéndole el parrús a una chica que mea en una postura digna de película de ciencia ficción. Hasta la muerte a veces sucede en lugares agradables.

En Vampire Weekend ya había más gente de la humanamente posible. Parecíamos un barrio de chabolas de Calcuta con mas alcohol y drogas. Y por eso Vampire Weekend me pareció un grupo muy correcto. Que sonaba muy bien. Pero muy blandito. Muy poco de festival y muy de sala de conciertos con butaca. Muy de película de Wes Anderson. Bien y mal. Buenas canciones. Poca marcha. O marcha hipster. Aprovechamos para cenar nuestros bocadillos de jamón con el pan convertido en cemento puro. De estos mordiscos de chicle que notas bajar con parsimonia hacia tu estómago. Gracias Rodilla por la experiencia. Odisea tras odisea.

Como Amaral era un no casi seguro, nos fuimos al tercer y apartado escenario a ver a Reptile Youth. Locura total del cantante. Total. Apoteósico final sin camiseta llevado en volandas por el público. La epilepsia absoluta. Sobre todo para él. Las dos leches que se dio al final cantando y bailando como un espástico las últimas canciones del concierto fueron épicas. De frenopático. Estábamos lejos y el sonido del escenario no era el mejor, algo eclipsado por sus dos hermanos mayores, pero en general me gustaron bastante. Y el cantante. Lo dicho. Pa’ verlo.

Franz Ferdinand eran los siguientes y eran cabeza de cartel. No en vano tocaron casi hora y media en un campus llenito a reventar de gente. A reventar. No sé si la organización tuvo mucho en cuenta el aforo aconsejable para este tipo de festivales, pero lo que sí puedo decir es que en varios momentos la sensación de agobio fue bestial. No sólo por el típico pesado con rastas y mochila de las de subir el Everest que, ciego como un británico en Salou, va oscilando sobre tu espalda apestándote con sus olores corporales y sus gritos incoherentes. Por todo en general. Hasta las comas tenía ganas de perder. Eso sí. Un saludo para el chico de camisa azul a cuadros por llevar la borrachera mas total, enorme, indescriptible y sobrehumana de la noche. Gracias chaval por masticar la cerveza en vez de beberla y por oscilar como una peonza a cámara lenta. Gracias. De verdad.

Para mí lo de Franz Ferdinand es muy meritorio, porque al ver sus conciertos uno tiene la sensación de que hasta ellos mismos son conscientes de que ya no son lo que eran y de que sus últimos discos son una mierda. Así que se dedican a ofrecer a su numeroso público aquellos primeros temazos, muchos de ellos himnos generacionales y hacen conciertos puramente festivaleros, muy divertidos, enérgicos, de darlo todo. Si a ello le sumas un sonido impecable y un dominio más que evidente de los recursos sobre el escenario, el concierto de Franz Ferdinand fue lo que tenía que ser. Ni más ni menos. Me encantó el momento grupo rodeando a ese batería sacado de la peña de hooligans mas extrema del barrio mas pobre y obrero de Londres, haciendo un sólo de percusión conjunto brillante. Sea lo que sea eso. Brillantes.

En este momento y tras casi 10 horas estando de pie, se nos planteaba la duda de pirarnos o quedarnos a ver Capital Cities. Al final y tras otra visita a un mucho más desahogado, embarrado, pleno y encharcado urinario, decidimos quedarnos. Con chaqueta puesta, que el césped irradiaba rasca, las manos en los bolsillos  y detrás de una de las torres de sonido y luces. Muy en plan after. Y menos más que nos quedamos. MADRE MÍA. MADRE. MÍA.

El final de este grupo, abandonando el escenario mientras sonaba a todo trapo un remix de su canción Safe and Sound fue una de las cosas más grandes que he visto en mucho tiempo. EN MUCHO TIEMPO. Catársis total. Impresionante.

Y eso fue todo. Que no es poco. El planeta entero en un campo de rugby. Mucha buena música y pocos urinarios. Mujeres pillando la cistitis más grande de la historia. Y Foals. Grandes hasta cuando todos sabíamos que canción venía después. Grandes porque sonaron muy grande. A mi me entran ganas de repetir. Aunque sea sondado.

 

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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