DE MUERTE. Óbitos para todos los gustos.

Si acudimos al diccionario, una antología es una colección seleccionada de relatos. Al adjetivar el sustantivo, nos encontramos con algo digno de ser destacado; con algo extraordinario.

Por Javier Marquina.

Cuando empecé a saber leer, sentía una extraña fascinación por los libros con pinta de tocho. Esos tomos de mil páginas sin un solo dibujo era un imán irresistible, una prueba de madurez que me conduciría al cielo de los eruditos. Que el libro fuera bueno, malo, emocionante o las 1080 recetas de Simone Ortega era lo de menos. Lo que importaba era el tamaño. El volumen. Supongo que de haberlo discutido con Freud, nuestra conversación habría acabado derivando hacia el pene de una forma inevitable.

Por suerte, mi fijación por las enciclopedias, los libros de Stephen King y la edición de Círculo de Lectores de El Señor de los Anillos no se convirtió en una obsesión exclusiva, y en pleno efecto rebote me aficioné al cómic y a la grapas llenas de superhéroes. Era una época de historias breves condensadas en 22 páginas. Emoción y contenido trepidante que funcionaba como una explosión llena de aventuras y que te llenaban de adrenalina, lejos de descompresiones y viñetas escaneadas y repetidas hasta la náusea de infausto recuerdo. De repente, lo breve e intenso me producía tanto placer como aquellas enormes novelas con las que trataba de demostrarme a mí mismo que era un consumado devorador de letras. Breve e intenso. Viéndolo con perspectiva, está claro que el padre del psicoanálisis se habría dado un festín conmigo.

Lo de derivar hacia los cuentos y las colecciones de relatos fue un corolario de ese nuevo amor por las crónicas de patada en la boca que te dejaban con la sensación de haber sufrido un terremoto. Desde entonces soy adicto a las antologías y a las ediciones que, como este DE MUERTE, recopilan historias cortas de diversos autores con un tema único como hilo conductor.

Me parecería estúpido glosar cada una de las partes que construyen este cómic. Lo mejor de los cuentos es no saber nada de ellos. Dejarse llevar por lo que narran y esperar el final con esa emoción que genera la estupefacción; ese ansia que debe mantenerse eterna. Prefiero que sea cada lector el que se enfrente virgen al reto de desentrañar lo que hay aquí dentro y que pierda el tiempo buscando e identificando todo el talento que se esconde en estas páginas. Como solución alternativa para todos aquellos que sienten curiosidad y se van a sentir defraudados al no ver aquí una relación pormenorizada de lo que se cuenta y de quien lo cuenta, les recomiendo de forma encarecida la compra del tebeo reseñado, para que puedan comprobar en sus propias carnes lo mucho bueno que se esconde en cada viñeta.

Alguien podría decir que el conjunto es irregular y heterogéneo, pero teniendo en cuenta que hablamos de más de una veintena de guionistas y dibujantes, la variedad no puede en ningún caso considerarse un problema, sino una virtud de frescura que nos lleva por una montaña rusa argumental y gráfica. Por suerte, el trabajo de Puchlaski y Romano, con su homenaje a Death Race 2000, no tiene nada que ver con el melancólico canto antifascista de Angux y Nuria Tamarit; la deliciosa anécdota de Luis Ponce dibujada por esa superdotada del dibujo que es Laura Pérez (atentos a su MARAVILLOSA portada) es diametralmente opuesta a la distopía televisiva ideada por Ana García y Vicente Montalbá. Una visión, por cierto, no demasiado alejada del pudridero catódico que vivimos hoy en día. Cada momento es una versión diferente de un mismo concepto, una edición maquetada y diseñada de forma impoluta que gira en torno a la Parca.

De Muerte es el feliz fruto de esas reuniones de bar que acaban degenerando en una batería de brabuconadas que los implicados se sienten obligados a cumplir. Afortunadamente. Trece historias unidas por un prólogo y epílogo conductor, muestra de la capacidad de una hornada de autores que están destinados a contar grandes cosas en el panorama nacional. Uno de esos cómics que puede convertirse en referencia y muestrario de lo que nuestros dibujantes y guionistas son capaces de hacer. Un tebeo lleno de sorpresas, como todo buen libro de cuentos debe estarlo. Una recomendación ferviente en este mercado inundado de grandes obras, pero también de medianías delirantes.

De Muerte ha sido editado por GP EDICIONES.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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