DEATHCO, de Atsushi Kaneko.

Si ves a una niña vestida de negro, con tres globos y un murciélago de patas largas, corre. Vas a morir en menos de lo que tarda en estallar una pompa de chicle.

Por Teresa Domingo.

Después de petarlo con la publicación de Wet Moon, ECC se ha venido arriba y ha optado por traer nuestro país una obra que dio comienzo en 2014 y que aún continúa publicándose. Y es arriesgado traer un manga de terror que aún no ha concluido, pero si lo firma Kaneko la apuesta es segura, pues su estilo inigualable se vende solo. Cada viñeta se torna un espectáculo visual y, además, es capaz de mantener la intriga a lo largo de muchos capítulos mediante un uso más que acertado de los cliffhangers. De nuevo el mundo de la mafia, los ladrones y las extorsiones es el elegido por el mangaka para desarrollar su historia, pero esta vez se aleja de la conspiraoia para adentrarse en un terreno más terrorífico y sobrenatural.

Todo ocurre en una realidad distópica en la que una organización secreta llamada GUILD, de la que nadie sabe nada pero todos tienen conocimiento, elige una víctima lo más delincuente posible y avisa a los reapers para que salgan a “segarle el cuello”. Para ocultar su verdadera identidad, los reapers utilizan disfraces de lo más variopinto, igual que las técnicas mortales de cada uno, resueltas en magníficas y fluidas coreografías con diversos resultados macabros.

Pero de entre todos los reapers hay una que nunca falla. Deathco es una niña desequilibrada con una actitud bastante emo, que odia todo lo que existe en el mundo y vive en un imponente castillo con Madame M, una antigua leyenda entre los reapers que le da cobijo e intenta alimentar aunque no se deje, pues guarda para ella una importante misión. Las técnicas asesinas de la siniestra niña se basan en fabricar sus propias armas a partir de muñecas desmembradas y decapitadas. Desde bombas de humo a trampas mecánicas, todo un ingenioso arsenal recién salido de un hospital psiquiátrico infantil del que se vale para salir cada noche a divertirse segando vidas. Pero lo que la hace infalible es su locura, que no tardaremos en ver aparecer y que es mucho más profunda de lo que un maníaco que mata por hobby puede aparentar.

Deathco no es sólo un desfile de macabros asesinatos por parte de unos particulares justicieros. La trama esconde una historia de soledad, autoengaño y negación de la realidad, propia de un vicioso que ya no tiene nada que perder y se excusa una y otra vez para volver a caer, sin darse cuenta que eso mismo que tanto le divierte es lo que le está matando.

Y si la historia que está tramando Kaneko te mantiene en vilo página tras página, el dibujo te dejará para siempre atrapado en su trampa. De trazos más que interesantes y una estética muy original apoyada en el blanco sobre negro, este mangaka sabe dotar a cada diseño, ya sea de escenarios o de personajes, de una personalidad única, más cercana al arte occidental que al suyo propio. Y es que la mella que la cultura artística de este lado del mapa ha dejado en este autor se ve reflejada en cada trazo. Y en esta obra, más que en ninguna otra, lo que más impera es la corriente expresionista de los años 30 que mezcla con no pocos clichés del cine clásico de terror.

No son pocas las similitudes que guarda Deathco con la magnífica película El Gabinete del Doctor Calighari, estandarte del mencionado expresionismo, en el que manda una estética de sombras marcadas tanto de los espacios como de los personajes, y un villano loco utiliza a un esbirro para cometer crímenes. Por no hablar de Drácula, casi presente en el personaje del mayordomo.

Trama y dibujo se ven apoyados firmemente el uno en el otro para dar como resultado una gran obra que lo mola todo de principio a fin, y aunque el tono general sea más desenfadado que lo que ya habíamos leído y Deathco contenga una dosis mucho mayor de humor negro, aunque bien calculada e insertada, la narrativa de Kaneko resulta muy potente a este lado del mapa. Es obvio que su manera presentar la acción, de forma mucho más fluida y continua que sus compatriotas, nos resulta mucho más familiar y entendible.

Y aunque las premisas sean diferentes hay temas por lo que Kaneko se siente indudablemente atraído y en los que apoya sus historias: los trastornos mentales severos que distorsionan la realidad de los extravagantes protagonistas, las organizaciones clandestinas con planes secretos y las muertes insólitas. Y, ¿quiénes somos nosotros para quitarle la ilusión? Que siga la fiesta…

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Acerca de Teresa Domingo 153 Articles
Si es creepy, es para mí.

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