Demasiada ciencia-ficción para la TV.

Dicen que vivimos un nueva era de oro para la ciencia-ficción. Que hacía años que el género no estaba tan vivo en los cines, los libros… Que explora con éxito nuevas plataformas, como los videojuegos. Que nunca había llegado a tantos hogares como ahora, con tantas y tantas series. Y es verdad. Nunca se habían producido tantas series de ciencia-ficción a la vez… ¿Pero molan?
Por Chema Mansilla

Vale, nunca ha habido tantas series de ciencia-ficción a la vez en parrilla. Pero es que nunca ha habido tantas series de TV a la vez. No sólo hay más canales que nunca, también las productoras se han dado cuenta que por el precio medio de una película de presupuesto moderado tienen medio año de emisión asegurada. Luego, que la suerte acompañe, la serie encandile al público y sea un éxito, es otro tema. Os invito a un repaso por algunas de las series más importantes del género de los últimos años.

Se ha escrito mucho sobre el éxito de las series de TV y del fenómeno que ha supuesto a un lado y otro de la pantalla, encontrarse con series como Los Soprano, Roma o The Wire. Y sí, Perdidos. Una las primeras series que cambió la idea de lo que podía dar de sí esta moda era un serie que, a priori, tenía mucho de ciencia-ficción. Tampoco nos vamos a volver locos hablando de Perdidos. Nos presentó a un J. J. Abrams, figura clave para entender la TV moderna y este mismo texto, sin ir más lejos. La serie nos enganchó, nos despistó, nos emocionó, y luego, nos dio gato por libre, como aquella novieta que tenías en el pueblo y que un día te encontraste en Madrid dándose el palo con otro tipo. Pero ese es otro trauma. El trauma de Perdidos era que durante 5 años se entramó una historia que era puro sci-fi, con viajes en el tiempo y todo tipo de ideas raras que esperábamos que nos explicaran. Luego resulta que no era una serie de ciencia-ficción, sino una serie «espiritual». Y al final, que estaban todos muertos. Pues vale, para ver a un montón de gente abrazándose en un Iglesia no me paso 5 años de mi vida pensando en complicadas y disparatadas teorías espaciotemporales. Cerca de mi casa hay un centro Pentacostal, donde la gente se quiere y te invitan a café, y no tengo que preocuparme por osos polares o por si es o no es el barco de Penny.

Mientras la burbuja de Perdidos se hinchaba, llegaban productos como Héroes, una flipada de gente con poderes a caballo entre La Patrulla X (mola más «Patrulla X» que «X-Men», de toda la vida) y Regreso al futuro, con un montón de personajes, de tramas y de misterios que con el paso de las temporadas, murió de éxito. La serie no arrancó mal, pero las huelgas de guionistas y los ir y venir del equipo terminaron despistando al personal. La serie allanó todavía más el camino para la nueva ciencia-ficción televisiva y, además, nos regalo un inolvidable villano que resultó el mejor y más digno heredero del Spock de Leonard Nimoy, Zachary Quinto. Un nuevo y sensacional Spock, venido de Vulcano de la mano de J.J. Abrams, que ya por aquel momento era el nuevo mejor amigo de Spielberg y tenía entre manos relanzar (¡en cine!) Star Trek.


A pesar de que la sci-fi televisiva estaba de moda (ahí estaba el canal Sy-Fy estrenando una serie detrás de otra) algunos pioneros geniales no conseguían salir de ghetto. Tal vez ahora suene raro, pero a Joss Whedon, tras finiquitar con éxito (tras siete años de emisión, vampiros y alocados guiones) Buffy, y seguir haciendo felices a los fans con Angel, le cancelaron su serie de ciencia-ficción: Firefly. Seguramente su proyecto más personal. Y es que la primera (y única) temporada no llegó a emitirse entera y acabó en el mercado de DVDs. Diez años después, ni se ha estrenado en España. Pero oigan, algo habría cuando los fans consiguieron que Whedon terminara la trama de esta historia de mercenarios en un western espacial con una estupenda película. A veces, la calidad no tiene nada que ver con los espectadores, los fans, los creadores y los ejecutivos de los canales. Personalmente, creo que es una modesta maravilla. Su siguiente serie, Dollhouse, ciencia-ficción directamente inspirada por Ghost in the Shell, tampoco terminó de cuajar y se canceló tras dos temporadas. Ahora me gusta pensar en Whedon, tras el éxitazo de Los Vengadores y ser reconocido por la humanidad como el nuevo mesías friki, sentado en la mesa de su despacho, contando los millones y diciéndoles a los productores que no, que no quiere volver a hacer Firefly.

Fueran del «Whedonverso» las series de ciencia ficción nacían y morían, éxitos o fracasos, sujetas a la ley natural de la supervivencia del más apto. Series como el remake de Bionic Woman, que olía a cancelada desde el «opening», sospresas agradables como Eureka, o irregulares producciones que lo tenían todo para triunfar y que terminaron desapareciendo como Terminator: Las Crónicas de Sarah Connor.

Una que pegó fuerte, sobre todo entre los frikis, a pesar de tener  casi todo en su contra fue Galactica: Un remake, «space-opera» con tintes espirituales y un reparto prácticamente desconocido. Es cierto que estuvo al borde de la cancelación en un par de momentos, pero aguantó el tirón, y sus efectos especiales fueron reconocidos con numerosos premios año tras año. Y la verdad es que es una de las mejores series del género de los últimos años, agrandando la leyenda de la serie original a golpe de buenos guiones y buenas interpretaciones (no se puede decir lo mismo de su “spin-off” y precuela, Caprica). Lo de tener batallas espaciales es ya «valor añadido». Por favor, ¿cómo va a ser mala esta serie, si sale Xena?

Otro remake que estuvo entre «el que sí que no», que evidentemente fue un no, fue «V». y eso que la cosa no estaba nada mal. Unos efectos chulos, una puesta al día interesante, y todo bastante bien hecho. Tal vez el problema fuera que cuando tienes entre manos una serie de televisión en la que una raza de lagartos del espacio invade la Tierra, lo que quiere el publico es tralla. Y con el paso de las semanas, la serie se convirtió en un grupo de gente en un sótano hablando de cómo derrotar a los marcianos, mientras los marcianos se reúnen en su nave para hablar de cómo aniquilar a los humanos. Entre medias, un joven humano de buen ver se enamora de una joven marciana guapa que a su vez también le ama. Reducir la acción al primer y al último episodio de cada temporada no fue suficiente. Pero casi, casi lo consigue… Qué lástima.

Lejos de las colonias, una serie con casi 50 años de historia regresaba a la BBC: DOCTOR WHO. Seguramente, la serie de ciencia-ficción más importante de la historia de la televisión junto con Star Trek. Temporada tras temporada de este relanzamiento, más y más fans se sumaban al fenómeno. Incluso en Estados Unidos, donde no se suelen consumir productos foráneos. Ni que decir tiene que la serie es divertida, está bien hecha y es interesante. Pero, ¿qué te voy a contar? Si no conocieras DOCTOR WHO, no estarías en este blog, ¿verdad?

Mientras las series iban terminado (o se iban cancelando) aparecían nuevas producciones. J.J. Abrams, más metido ahora en el cine (que es donde está la pasta DE VERDAD) se volvía asomar por la TV para firmar los cheques y dar alguna idea. Es lo que tiene ser creativo y no querer mancharse las manos. De ahí nació Alcatraz. Abrams hizo bien su trabajo, porque la premisa era interesante a más no poder, con paradojas temporales de por medio. Pero cuando los responsables terminaron convirtiendo la serie en una excusa para que en todos y cada uno de los episodios la protagonista rubia pudiera echarse una carrera, pistola en mano, para bambolear sus generosos pechos en la pantalla, la cosa no llegó muy lejos. De hecho, en los últimos capítulos, el bamboleo era el aspecto más interesante de la serie. Pero tras Los vigilantes de la playa, ya no fue suficiente para mantenerla(s) en pantalla.

He hablado de Abrams, Star Trek y paradojas. Pues bien, hay una serie que lo mezcla todo, y le añade un ingrediente “monster of the week”, a lo Expediente X. Fringe, una serie que viene, va, y que ya está a punto de ser finiquitada. No por ese ha dejado de ser una de las apuestas más interesantes del género. que sí, que ha tenido bajones importantes, pero que ha sabido re-escribirse y que espero que dentro de unos años sea recordada con justicia, como una de las mejores series de ciencia-ficción. Los actores son buenos, la trama principal es inteligente y original (bueno, más o menos) y los efectos están bien logrados. Por aquí Patri Tezanos ha escrito un sensacional texto sobre la serie, así que no me extenderé mucho más. Sólo diré que tengo unas ganas locas de ver cómo termina este año.

Spielberg (tal vez animado por su amigo J.J.) también quiso aportar su granito de arena. confiando en que la TV era un sitio fantástico para hacer ciencia-ficción, ya se la pegó años antes con la interesante y malparada Tierra2. Pero ahora, con más dinero y mejores efectos especiales, decidió que era el mejor momento para un producto genuinamente Spielberg: conflicto parento-filial, ciencia ficción y dinosaurios. La oblea fue tremenda. La idea no era mala, pero cuando tu reparto es malo, malo, malo, y todo lo que no es una estupenda CGI es de plasticuchi de los chinos, pues te la pegas por muy Spielberg que seas. Ese mismo año la bofetada fue doble porque también estrenó Falling Skies, una de marcianos. La cosa prometía mucho, pero cuando en el doble primer episodio presentabas a un montón de refugiados humanos que parecían salidos de una revista de estilo de vida, da igual lo que molen los marcianos. Y es que no es de extrañar que en Falling Skies los aliens hubieran conquistado la Tierra, porque la guerrilla de supervivientes no podía ser más sonrojante. Un puñado de gente guapa que no tiene ni idea de cómo hacer la guerra, que integra a rubios y repelentes niños soldados en sus guerrillas, negratas gangsta rap simpáticos de esos que llevan el ritmo en la sangre y que todo lo que hacen en la serie es bailar, decir chistes y morir… Bueno. Es un misterio que sobrevivieran a la invasión. También es un misterio que la serie sobreviviera a esos dos primeros episodios en los que un grupo de 300 civiles consigue huir de una zona ocupada por una civilización alienígena mucho más avanzada técnicamente simplemente PASEANDO. Incluso hay un momento para hacer una paradita en el camino y celebrar el cumpleaños del hijo del prota, que le regala un skate para que su peque sea la envidia de la comunidad humana superviviente. Y hasta dedican unos cuantos minutos, todos ellos, los 300, a hacer corrillo alrededor del niño para ver como lo estrena. Desde luego, es un producto de ciencia-ficción, porque la serie sigue adelante de manera misteriosa.

A día de hoy, seguimos con las series de ciencia-ficción. Las grandes series que consiguieron una nueva oportunidad para el género han desaparecido, pero no hay que perder la esperanza. De vez en cuando aparece algún producto como Continuum: un grupo terrorista del futuro regresa en el tiempo hasta nuestros días para librar una guerra que no pudieron ganar en el año 2077. Con ellos, por accidente (o no) regresa una policía que deberá detenerlos con la esperanza de que no alteren el futuro y poder en algún momento regresar a casa. La series tiene altibajos y es algo irregular, pero la premisa es interesante y está bastante bien resuelta. La prota es la chica de la verruga en el párpado de la última peli de Conan, la tripulante de piel verde que se zumba Kirk en la nueva peli de Star Trek y que intentó hacer algo digno como Scarlett en la peli de G.I. JOE. No lo consiguió y por eso ahora hace TV, imagino. Si os consuela algo, aparece el tipo que hacía de Fumador en Expediente X, y aquí hace un papel muy parecido, sólo que en lugar de fumar, dirige una gran megacorporación del futuro. Pero sigue igual de intrigante.

La última gran apuesta televisiva por la ciencia-ficción es Revolution. J. J. Abrams vuelve a la carga con ese sistema suyo tan bueno de «yo os doy una idea y vosotros ya si eso». El capítulo piloto presenta una interesante situación: un gran apagón tecnológico a nivel mundial que devuelve a las sociedades del mundo a un estado medieval. Dicho así mola. Pero a los 10 minutos de visionado ya te temes lo peor: una protagonista guapísima que lleva un arco y una cazadora de cuero igual que la protagonista del gran éxito fílmico-literario de Los Juegos del Hambre. La clave de todo el tinglado oculta en un USB con forma de colgante (¿quién se dedica a diseñar memorias digitales con aspecto de joyería para ocultar proyectos ultra secretos del gobierno que podrían acabar con la civilización? La respuesta es el padre de la prota). Un coprotagonista, hermano de la prota, guapo, pero sensible (y con asma). Una figura materna postiza con la que existe un conflicto emocional. Una figura paterna que es una máquina de matar y que de pequeño quería parecerse a Han Solo. Otro coprotagonista gordo, con gafas, que era un gran accionista de Google y que ahora sólo es un alivio cómico (aunque no mucho). Y claro, para terminar, un chico guapísimo en el bando de los malos pero que no tiene muy claras sus lealtades (dispuesto a traicionar a toda su armada porque la guapísima protagonista le ha sonreído, y claro, es que a los dos les gusta el tiro con arco). Un lugarteniente del malo principal que es un hombre de color (negro) muy carismático (o eso quieren hacer creer) y un villano tan malo, tan malo, que no dice ni tres frases en todo el piloto pero  al que se supone que hay que tener mucho miedo, ya que está muy relacionado con la familia de la prota. Eha. Si a esa mezcla le metes unos cuantos millones, seguro que te sale algo que dura, al menos, un año en antena. La verdad que, como siempre, la idea no es mala, pero… ¿En serio? Si más que abandonados en el fin de las civilización, parece que los protagonistas han sido abandonados en un Coronel Tapioca. Y sí, seguiré viéndola, aunque sólo sea para criticarla.

Querido lector televidente, si lo que quieres es ciencia-ficción en serie que te deje satisfecho, tal vez deberías probar con Clone Wars. Menos los episodios en los que sale Jar Jar, claro. Y es que nada es perfecto. Lo importante, es que te lo pases bien con estas series.

Por mi parte, me voy a leer un libro.

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3 comentarios en Demasiada ciencia-ficción para la TV.

  1. Que triste que, con toda la ciencia ficción que hay en TV no hay sitio para una serie de naves.
    Fringe es cojonuda… si ves solo los episodios claves. Sino tiene un relleno brutal de monstruito de la semana y poco más, que lastra mucho la serie.

  2. Curioso que no hayas mencionado “Flashforward”, una premisa interesante lastrada también por cierta lentitud de desarrollo.

    Y, sabes que en “Perdidos” no estaban todos muertos, ¿verdad? Excepto en una de las dos líneas argumentales de la sexta temporada, pero no en las otras cinco temporadas y media…

  3. Flashfoward tenía un punto, pero lo perdía enseguida. no sabría decirte i eran los actores o que en un momento dado los guionistas decidieron que todo daba igual, que eran jóvenes, que les quedaba mucha vida por delante… El Caso es sí, podría haber dicho algo sobre Flashfoward, pero hubiera sido algo muy corto.
    Sobre Perdidos, vale, no estaba todos muertos, pero… ¿Y el perro? Era un pequeña exageración. Espero que ningún “Lostie” ande por ahí murmurando y refunfuñando. Hice exámenes de matemáticas durante el BUP que suspedí (claro) y fueron más satisfactorios. Pero es cosa de gustos, a nuestro comapñero Juanma ruíz sí qu ele gusto (y Juanma no era de suspender).

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