DEPORTADO 4443. Cuando la letra duele y la tinta llora.

‘’Siempre alerta, hermano del infortunio y sufrimiento. Siempre alerta, si queremos que aquellos años de agonía no vuelvan.’’

Por Ramonet Daví.

Me acuerdo como si fuese ayer de ese caluroso verano en Molina de Segura, en Murcia. Intentando huir del sol abrasador del mes de agosto, mi madre, mis hermanas y yo estábamos sentados tranquilamente al fresco. Ellas estaban haciendo punto de cruz. He de decir que mi hermana la mayor era la más diestra en el asunto, y os lo digo en confianza, pues si me oyera mi madre me daría un buen tirón de orejas. Esa tarde, seguramente un domingo, que era cuando nos reuníamos toda la familia para comer, recuerdo que mi padre cogió la cámara de retratar y nos quiso hacer una foto a todos. La estampa era divertida. Yo, sentado en medio de tanta mujer, y sin dar un palo al agua. ¡Menudo morro el mío! Y qué fortachón se me ve, la verdad.

Deportado 4443

Si me esfuerzo un poquito, aún puedo oler ese cocido que mamá preparaba con esmero durante horas. Pero la verdad, tengo que esforzarme tanto, que a veces desisto. Y entonces, como niebla que desaparece de repente, levanto la mirada de la foto que tengo entre las manos y vuelvo a la cruda y maloliente realidad.

El incesante traqueteo del tren hace crujir las paredes de esta jaula infernal en la que estamos, diría que unos 70 u 80 deportados, encerrados y amontonados como animales. El calor es terrorífico. La sed es en lo único en lo que puedo pensar, y el miedo por no saber hacia donde nos llevan nos tiene a todos con la mirada hundida y el rostro desencajado. Hace años que ya no me siento en esa silla al fresco, años que no pruebo un buen cocido y, por el contrario, tengo que comerme un inexistente álbum de fotos del que desearía no ser protagonista. Todos mis recuerdos del pasado más reciente me vienen a la cabeza. El ejército, mi anhelada República, la terrible Guerra Civil, el exilio, Francia, los campos de trabajo, las noticias sobre el avance del ejército alemán, nuestro intento de huida, la noche que nos detuvieron. Centenares de instantáneas en el blanco y negro más saturado que existe sobrevienen a mi mente hasta que en la última página de este nefasto baúl de los recuerdos me veo de nuevo aquí, camino a la perdición. Lejos de los míos y de mi querida y añorada Molina de Segura. Aprieto la foto en mi débil y desnutrido pecho y rezo por los míos, pues mi esperanza se debilita tan incesante, como el traqueteo de este tren que viaja hacia el infierno.

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Ilustración de Víctor Camacho.

He querido hacer esta introducción, inspirada en una de las páginas del cómic del que hoy os quiero hablar, porque creo que es muy importante realizar un ejercicio empático con el protagonista de esta triste y verídica historia. Antonio Hernández Marín fue uno de los 9.300 españoles y españolas que descubrieron en su piel que la crueldad humana no tiene límites. Durante casi 5 años vivieron (o sobrevivieron) enjaulados entre alambradas en uno de los infiernos reales de nuestra historia más reciente. El campo de concentración nazi de Mathausen.

Antonio tuvo que aprender a sobrellevar que la tortura, las palizas, los fusilamientos, los ahorcamientos, el hambre, la sed, el frío, el calor, las interminables jornadas de trabajo, las cámaras de gas, el suicidio y la desesperación psicológica eran el pan de cada día. ¿Pero, sabéis qué? Este hijo de Murcia, este héroe, este superhéroe que tuvo que enfrentarse a todo lo que NADIE está preparado para enfrentarse ni en 5 vidas seguidas…sobrevivió, aunque más de 5.500 españoles y españolas no lo consiguieron. Pero pese a todo, él lo hizo. Si existe un cielo, espero que el universo les haya dado una segunda oportunidad para ser felices.

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Deportado 4443, del periodista Carlos Hernández de Miguel (Los últimos españoles de Mathausen) y el sublime dibujante Ioannes Ensis (Astaroth y Bernadette / El posabirras del mal) trata de un retrato realista y fiel al día a día que Antonio vivió durante esos interminables años en la Alemania nazi. Debéis saber que antes de convertirse en un cómic, este proyecto nació en Twitter. Sí, esa red social que suele ser noticia por la cantidad de degenerados que escupen su bilis en ella o por discusiones estúpidas entre futbolistas, a veces nos ilumina y nos recuerda que las mismas redes sociales también pueden tener una función educativa, social, y emisora de historias injustamente olvidadas y silenciadas en nuestro país (una de tantas). Carlos Hernández y su alter ego digital, @deportado4443,  crearon una máquina del tiempo virtual que cada día nos hacía viajar hasta el cautiverio de Antonio. Con tuits cortos y en primera persona, se convirtió en el portavoz de los olvidados, para los más de 50.000 internautas que siguieron con tristeza y emoción su relato.  Actualmente esa cuenta de twitter, sigue activa dando a conocer iniciativas que ayudan a mantener la memoria viva de esos hombres y mujeres.

Deportado 4443Por suerte, Ediciones B se interesó por el proyecto y hoy podemos conocer esta historia en un magnífico tomo de 262 páginas, con tapas cartoné y sobrecubiertas, que recopila todos esos pensamientos en primera persona, acompañados por unas ilustraciones en blanco y negro que muestran el horror y la barbarie que vivieron esos pobres humanos. El realismo y la crudeza de las imágenes no es apto para todos los públicos, pues la emoción y el sentimiento con el que Ensis impregna a todas sus ilustraciones nos hace tener un nudo en la tráquea a cada página que pasamos.

Nos os imaginéis un tebeo convencional con viñetas, diálogo, etc. En este tomo encontraremos en cada página una estructura sencilla: Una o dos frases en primera persona y una imagen a página completa. A través de sus páginas, viviremos la vida de Antonio, desde el momento en que debe exiliarse de España por la persecución del régimen franquista a los republicanos, pasando por el trabajo realizado en Francia para el ejército francés para poder conseguir comida y cama, el intento de huida tras el anunciamiento del avance de tropas alemanas y sus largos años durante su supervivencia en Mathausen. Conoceremos a algunos de los que fueron sus compañeros allí, y les veremos enfermar, llorar, sudar o morir exhaustos o por culpa de un ritual macabro. También aprenderemos el valor de la amistad en situaciones extremas, o la importancia de luchar y perecer por unos ideales, cosa que en nuestros tiempos solo es, desgraciadamente, menester de muy pocos.

Deportado 4443No voy a contaros nada más de los que en ella sucede, pero sí voy a invitaros a que reflexionéis sobre algo que a veces parece que olvidamos: la función social y de divulgación cultural que ofrece el cómic. Sabido es que, desde los inicios de la viñeta, esta siempre ha tenido en gran parte esa función de la que hablamos, sobretodo en periódicos y revistas satíricas sobre actualidad y política. Pero para muchos lectores, el cómic solo es divertimento, mallas, músculos y cabezas rodando por el suelo. Mi opinión personal, si se me permite, es que evidentemente todo el mundo es libre de elegir en que gastarse el dinero y de que forma invierte sus ratos de lectura. Por supuesto que el cómic es también una burbuja perfecta para entrar durante un rato y olvidarse de la sociedad en la que nos ha tocado vivir, pero es vital que de vez en cuando reconozcamos que así como la literatura, el cine o la música han servido históricamente de termómetro social y de altavoz de la realidad, el cómic también lo ha hecho, lo hace, y lo seguirá haciendo.

Ojalá algún padre, alguna madre de familia o algún profesor de instituto lean esta reseña y decidan mostrar esta obra a sus más próximos. Es el mejor homenaje que les podemos hacer a aquellos que por defender a su país del jodido y odioso franquismo, decidieron luchar por unos ideales, que aún a día de hoy se recuerdan con nostalgia.

Para terminar, me gustaría recomendaros algunos indispensables por si queréis completar esta imprescindible y obligada lectura. Primero os recomiendo el documental sobre la vida del protagonista de la obra, que podéis visionar de forma gratuita aquí: https://www.youtube.com/watch?v=XOjwtybA7vQ

Si queréis complementar la lectura con algún tebeo, os recomiendo que leáis a Art Spiegelman (Maus / Metamaus), Fréderic Pajak (Manifiesto Incierto), Joe Sacco (Gorazade), a Altarriba y Kim (El arte de volar + El ala rota) o a Paco Roca (Los surcos del azar). Si preferís seguir con literatura, os recomendaré el que, para mí y junto a este cómic, es el mejor y más verídico testimonio sobre la masacre nazi: el libro de Primo Levi (Si esto es un hombre). Si estáis cansados de lectura y queréis optar por el cine, no podéis dejar de ver El diario de Ana Frank (George Stevens, 1959),  El Gran Dictador (Charles Chaplin, 1940), La Gran Evasión (John Sturges, 1963), Rebeldes del Swing (Thomas Carter, 1993) o la que para mi es la mejor, sin duda, la oscarizada y famosísima La Lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993).

Para despedirme hasta otra reseña, os pido que durante la lectura de este tomo, escuchéis a Hanss Eisler, compositor alemán que tuvo que exiliarse como Bertolt Brecht por su odio hacia sus compatriotas. Un símbolo de la lucha antinazi.

Hacedlo por Antonio, y por los miles de humanos que sufrieron lo que nadie nunca debería haber sufrido. Leed este Deportado 4443, y seguid contando la historia, para que el hombre nunca olvide lo que fue capaz de hacer, y no vuelva a hacerlo nunca más.

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Nota al pié de pagina: Para redactar la introducción de esta reseña, me he inspirado en Antonio Hernández y una de las escenas que describe la obra. Lo que describo es ficticio, y ni mucho menos intento faltar a la verdad de una situación imposible de reproducir con la exactitud que se vivió. Espero entendáis los motivos por los que lo he hecho.
 

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