DESCENDER. Cuando Lemire encontró a Nguyen

El cómic por el que las productoras cinematográficas se pelearon antes de que su publicase el primer volumen.

Por Teresa Domingo.

 


Sinceramente, no es para menos. Yo también me hubiera peleado por la licencia de esta maravilla que me tiene embelesada desde que salió. Partiendo de una premisa bien sencilla Jeff Lemire y Dustin Nguyen han construido un universo completo sobre el que plantearnos una aventura espacial tan inteligente como emocionante.

En un futuro sin determinar la humanidad vive en colonias espaciales y han conseguido dominar las leyes de la robótica, creando una gran variedad de I.A. para uso y disfrute personal. Desde máquinas inteligentes que facilitan trabajos de construcción o minería a pequeños robots de compañía, de gran ayuda en las labores del hogar o con la seguridad de los niños. Pero, un buen día, una raza de robots alienígenas, llamados Cosechadores (Harversters) atacan a la humanidad, casi exterminándola y, desde entonces, los robots están terminantemente prohibidos y, uno a uno, son todos destruidos.

Diez años después, Tim-21, un pequeño robot de compañía, se activa en un lejano planeta minero para descubrir todo lo que ha ocurrido con sus semejantes. Además, pronto sabrá que él es el último de una serie de robots cuyos componentes pueden contener la clave para enfrentar y combatir a los robots alienígenas, si les diera por volver. De este modo el pequeño Tim-21 y sus dos acompañantes, Bandido, su perro robot y Taladro, un robot minero con trastornos de conducta, se ven envueltos en una persecución por parte de políticos y militares del CGU (Consejo Galáctico Unido), comandados por la Capitana Telsa y el Doctor Quon, creador del modelo Tim-21, pero también por parte de los chatarreros espaciales, que se han enterado del valor del robotito, como le llama Taladro, en el mercado negro.

Naves, robots colosales, persecuciones interplanetarias y hasta una Resistencia Robótica Clandestina, llamada Hardwire, que también luchará por salvar a Tim-21. Un universo “real” tan amplio que seguro va a dar para un montón de historias abarcando los diferentes planetas.  Puede que sea un poco pronto, pues en este primer volumen apenas se han presentado los personajes y planteado la trama, pero promete muchísimo. Leo ese “apenas” y me veo en la obligación de contradecirme, pues cada personaje se ha tratado con mimo, para que el lector empatice o no con él, en favor de la historia.

Lemire vuelve a demostrar que está más que consolidado como guionista y que, lo mismo te relanza por todo lo alto series como Ojo de Halcón, que se saca de la manga esta apasionante space opera con pinta de convertirse en cómic de culto. Es de esos autores que sabe ir dosificando la información, sin dejar que decaiga el ritmo narrativo, para que todo vaya encajando sin desvelar el misterio.

Pero no todo el mérito se lo va a llevar el autor, gran parte de esa empatía/apatía que nos hacen sentir los personajes viene dada por la expresividad de los rostros que salen de los lápices de Dustin Nguyen, quien, con este trabajo, deja claro que es uno de los mejores ilustradores que existen ahora mismo en el panorama del cómic americano,  capaz de elevar  la calidad de las historias que acompaña con cuatro toques de genio innato. Nguyen consigue que el lector adore al pequeño robot desde la portada, rebosante de ternura y curiosidad. La originalidad en la composición de las viñetas y la fuerza de las dobles páginas hacen que el relato fluya, sin estancarse, como debe ser en una buena historia de aventuras. Y la creación de numerosos mundos y razas nuevas, inspiradas en obras de ciencia ficción anteriores, pero sin caer en el plagio de ninguna, hacen de todo, un “todo” espléndido. Y aún no hemos llegado al punto fuerte de este artista.

El espectáculo visual que ofrece el color que imprime este dibujante vietnamita bien merece un apartado para él solo. Además de la destreza a la hora de crear luces y sombras con las acuarelas, hay que prestar atención a la diferencia de tonalidad de los distintos espacios donde transcurre la acción. De este modo, las escenas en el espacio estarán acabadas en tonos azules, la “conciencia” de los robots se representa con dibujos rosados y las zonas de confort para los humanos son blancas y luminosas. Tengo que mencionar la genialidad del capítulo dos, durante el que se nos presenta la vida hace 10 años de Tim-21, en una secuencia que va intercalando una página de acción con otra en sepia y negro, a modo de flashbacks, pero que representan trazas de la memoria  interna del robot mientras realiza una copia de seguridad. Una maravilla que se disfruta de principio a fin, y a la que la única pega que se le puede poner es que haya que esperar a que se vayan publicando los siguientes tomos.

Ah sí, ¿la pelea cinematográfica de la que hablaba al principio? Pues la ganó Sony, que además incluyó en su acuerdo con Lemire, convertir su trilogía Essex County, en serie de televisión. Estaremos atentos.

Descender está siendo publicado por la editorial Astiberri.

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Si es creepy, es para mí.

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