Dime, ¿qué esperas de esto?

Viñetas que aportan algo más que meras pinceladas biográficas. Viñetas que recrean un momento, que ayudan a comprender un proceder, que muestran al ser humano como es, que insertan magistralmente en la narración las variadas disciplinas a las que pertenecen los personajes a los que retratan. Viñetas, en definitiva, que no son piezas aisladas, que invitan e incitan a tirar del hilo.

Por Cristina Hombrados.

He de reconocer que no soy nada fan de las obras con tintes (auto)biográficos, sobre todo cuando giran en torno a nombres consagrados y ya fallecidos, independientemente de la disciplina de la que provengan.

Aires aleccionadores, reiteración sempiterna de datos, atención a detalles anodinos o por todos ya conocidos, una narración plana que solo conduce al aburrimiento y al desinterés… Me da pavor darme de bruces con cualquiera de esos aspectos y que ello llegue a arruinar por completo no solo la imagen que me pueda llegar a formar de esa persona, sino también de la obra como tal. Consecuentemente y por regla general acabo rehuyéndolas. Aunque he de decir que nuestra existencia está compuesta de excepciones y acabo suspirando mientras entorno los ojos y tomando en mis manos algún tebeo con interesantes cargas biográficas porque me llama la atención el personaje o porque me despierta la curiosidad su portada. Y he de confesar que más de una vez me he tenido que tragar mi orgullo y mis convicciones, absurdamente preconcebidas, y reconocer que lo que tengo delante no se parece en nada a lo que mi mente prejuiciosa había proyectado de buenas a primeras.

Capa. Estrella fugaz, de Florent Silloray. BLUME

Me sucedió con el retrato que el ilustrador francés Florent Silloray realizó sobre Robert Capa. Editado en 2016 en Casterman llegó a nuestro país un año después de la mano de BLUME .

Capa. Estrella fugaz supone un repaso de precisión fotográfica a los más destacados conflictos del turbulento siglo XX, además de una personalísima biografía del fotoperiodista de origen polaco Robert Capa, en cuyas viñetas se pueden reconocer algunas de sus instantáneas más famosas.

Me pareció una presentación bastante original, jugando con los sepias y con encuadres que claramente hacen un guiño a algunas de esas emblemáticas fotografías que han pasado a la posteridad como imagen icónica. Así, se iban sucediendo interesantes detalles sobre la vida del húngaro Endre Ernő Friedmann, su nombre real, mientras le acompañaba por algunos de los escenarios más destacados de los años 30, 40 y 50 a la par que iba descubriendo detalles que he de reconocer, desconocía. Quizá muchos asintáis cuando lo leáis, pero Gerda Taro, pareja de Capa y quien ideó la treta de que el entonces Endre adoptará un seudónimo para cobrar algo más por las fotografías que disparaba, es considerada la primera fotoperiodista que muere en acción, aplastada por un tanque en Brunete, en plena Guerra Civil. Quizá también sabíais que Capa cofundó en 1947 la que se considera la primera agencia internacional de fotógrafos freelance, la gigante Magnum. O que el fotógrafo llegó a cubrir la edición del año 39 del Tour de Francia.

Silloray nos obliga a pisar diversas batallas a las que Capa acudía únicamente armado con su cámara fotográfica, abriéndonos los ojos a la realidad de los conflictos armados y lo que supone ser un periodista de guerra. Ellos son la ventana por la que nos asomamos a esos enfrentamientos, circunstancia que aprovechan los gobiernos y los regímenes que gestionan las guerras, utilizándolos como medio de difusión de ideas y de propaganda.

Preocupaciones que compartimos el común de los mortales, reflexiones sobre el fin y el sentido del periodismo, un interesante repaso por la vida y evolución de Capa como ser humano y como fotógrafo, además de una somera crónica de historia contemporánea más reciente. Excelente trabajo el de Silloray no solo de síntesis en viñetas de todo ello, sino también por obligarme a hacer varios altos en la lectura para pensar detenidamente sobre alguna de esas sentencias que fue diseminando en las cartelas.

El bebedor. Hans Fallada, de Jakob Hinrichs. MAEVA

Otra de las lecturas sorpresa contra todo pronóstico la constituyó El bebedor, de Jakob Hinrichs (Maeva), un tebeo sobre el escritor alemán Hans Fallada, autor de, entre otras obras, Solo en Berlín o Pequeño hombre, ¿y ahora qué?.

El bebedor no es exactamente una adaptación al noveno arte de la novela homónima de Hans Fallada (seudónimo de Rudolf Ditzen). Supone, más que nada, mediante la reinterpretación y reordenación de citas de dicha novela y fragmentos de cartas, un acercamiento a su historia personal a la par que a su producción literaria. El Bebedor, para los que no la conozcáis, ofrece un fidedigno retrato de la dependencia y consecuencias de las adicciones a través de Edwin Sommer, su protagonista, que se da a la bebida, circunstancia que acaba destrozándole la vida. El propio Fallada descendió a esos mismos infiernos. Y es curioso descubrir como cada individuo encuentra su propia terapia: la de Fallada, la escritura. Así, durante el tiempo que estuvo en la cárcel tras un escabroso incidente en el que, borracho, casi acaba con la vida de su mujer, escribió esta novela en la que los tintes autobiográficos son más que evidentes.

Te percatas de que todo ser humano se compone de luces y sombras. Y la historia ofrece muestras de ello cada dos por tres, de cómo las mentes capaces de las más asombrosas proezas y de causar la más profunda admiración, talentosos como para ofrecer una rica producción literaria como es el caso, pueden también ser también sujeto de los comportamientos más denigrantes y de caer en las bajezas más mundanas. Somos humanos. Y erramos.

¿Conclusión? Dejémonos llevar, no presupongamos, emitamos juicios precipitados ni andemos cargados de prejuicios. Demos una oportunidad. Abramos las páginas y obliguémonos a rascar en esa superficie aparentemente insulsa. Porque la grandeza de una obra no se encuentra en el tema o en el elenco de personajes que resume el argumento de la cubierta, sino en la forma en que el autor o autores nos guían y nos brindan cada historia. No. No nos cansaremos de decirlo.

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