DINERO: la venta del “me río por no llorar”

Vivimos tremendamente bien pero el mundo está tremendamente mal. El sistema es como un queso de gruyère: delicioso, pero con agujeros negros cada vez más grandes. ¿Dónde están esos agujeros negros? Miguel Brieva te los señala, y te los dibuja.

Por Patri Tezanos

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Aceptémoslo: nos encanta nuestro estilo de vida. Nos sentimos en nuestro sistema como peces en el agua, como patos nadando con el culito sumergido en un estanque de agua templada bajo el sol del medio día. ¿Quién nos puede regañar por eso? Sería como estar a disgusto con tu madre porque te arropa por las noches y te da un beso en la frente. Así hemos sido entrenados. Somos víctimas y a la vez el ojito derecho de eso que llaman capitalismo. Y no se está nada mal.

Una vez aceptado esto, hay que aceptar otra cosa: a  menudo nos sentimos mal. Cuando vemos a aquellos a los que esa misma mamá capitalismo ha masticado, roído y escupido como un vulgar muslo de ¿pollo? del cubo gigante de Kentucky Fried Chicken, a los que ya no toca con sus manos grasientas, a los que no sonríe. Cuando vemos a las víctimas, allende occidente, de nuestro mundo feliz, a los niños de las fábricas, a las ballenas varadas en la playa, a las focas ahogadas en chapapote, a los mineros sepultados en busca de coltán, a Lucía Etxebarría hacer el ridículo tratando de criticar todo lo anterior desde su iPhone.

Y aceptado los dos puntos anteriores, hemos de aceptar un tercero: hay productos culturales que, desde el calor del nido, nos ayudan a purgar nuestro sentimiento de culpa, que sirven como vomitivo para desatascar nuestros gaznates de la densa, negra y asfixiante bola de pelo que es una conciencia intranquila. Eso es: el mismo capitalismo te sirve esas purgas. El capitalismo ha consumido, empaquetado y esterilizado la crítica para ti, un limpiador, abrasivo, del sentimiento de culpa. Como, de nuevo, una madre que da una cucharadita de sal de frutas al hijo indigestado con el exceso de gelatina Royal que ella misma preparó.

Aceptada la hipocresía, vamos a por lo que veníamos: leer ‘Dinero’ tumbado en el sofá y con una Coca-Cola bien fresquita, con hielo y limón, en la mano es un gran placer.

‘Dinero’ es un compendio hecho por la editorial Mondadori de las viñetas de Miguel Brieva, autor español de experiencia acumulada en diversos medios impresos patrios. Compendio de viñetas especialmente corrosivo, como el amigo que te recuerda el cáncer de pulmón cuando estás echando el ‘piti’ o la amiga que te recuerda las cartucheras cuando ya tienes en la boca el trozo de bizcocho de chocolate y por las comisuras se te resbalan gotas de 400 kcal. ‘Dinero’ es crítica hacia todo lo que nos rodea, hacia nuestro modo de vida, incluso crítica a la crítica de nuestro modo de vida. Es el dedo en la llaga de aquellos a los que nos importa un poco el transcurso de las cosas y el dirigirse de occidente a través de la historia y del espacio con ese “como Pedro por su casa” exacerbado.

MADUREZ DEMOCRÁTICA

‘Dinero’ es uno de esos productos que existen dentro del capitalismo para uso y disfrute de los que nos sentimos un poco incómodos. Te proporcionará risas y resoplidos por la nariz a ritmo de una o dos por página. Risas a cambio de lágrimas. Lágrimas a cambio de risas. Y aunque el hecho de adquirirlo pueda parecer la crítica traducida en un simple gesto de compra (que, ¡ay!, es como se hace la crítica en estos tiempos que corren), aunque pueda parecer tragar con gusto la cucharada de sal de frutas de esa Mamá Sistema, servirá si el resultado de la lectura es un ligero disgusto con el modo de vida, una barrera más, un “bueno, quizás puedo vivir sin iPhone” cuando estás delante del escaparate de Apple, cuando la carne es débil.

Miguel Brieva-CapitalismoLo tengo desde hace un año y es un libro que he vuelto a abrir en ratos sueltos o para leer algunas viñetas sueltas, al que siempre está bien visitar en busca de aforismos, contradicciones y un espejo que te llame “feo/a” cuando en todos los reflejos te estás viendo guapo/a y con el alma en calma, siendo eso síntoma de que, viendo cómo corren los tiempos, te estás relajando mucho.

216 páginas de collejas que sí merece la pena recibir, a pesar de que el libro sea tal cual lo que dice esta viñeta dentro del propio libro.

 

216 páginas de pffs, de madre-mía-qué-razón-tienes, de joderes y ridiculeces de su majestad el Ser Humano en su manera de conducirse por el mundo, que son, ya lo verás, muchas. Demasiadas. Y aunque con un mínimo de reflexión ya te hayas dado cuenta de ellas, siempre es agradecido ver cómo otra persona las dibuja y las ordena.

Ideal para el momento económico, social y político que estamos teniendo el disgusto de disfrutar.

Salud, y que se os atragante (que es como más mola).

Sigue a Patri Tezanos en Twitter: @PatriTezanos

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