DISJOINTED. De calidad y barato.

Casi enterrada en la inmensa oferta en series que nos ofrece a día de hoy las plataformas de televisión se encuentra la serie que animó a Netflix a crear sus propias cepas de marihuana y dar un nuevo sentido al consumo cannábico y televisivo.

Por Teresa Domingo.

En un momento en el que la proliferación de clubes de fumadores de marihuana comienza a hacerse notar, donde la delgada línea verde que separa lo legal de lo ilegal pende de un hilo burocrático, llega a nuestras pantallas una serie que reivindica la normalización del segundo vicio más antiguo del mundo.

Tampoco es que estemos ante la serie del año, pero sí ante una potente y fresca propuesta sobre un tema que aún se aborda con temor y que tiene una de las intros más chulas en mucho tiempo. A ritmo del Jack, I’m Mellow de Trixie Smith se proyectan imágenes en blanco  y negro de la película Marihuana (1936) de gente bailando y disfrutando de la fiesta al más puro estilo perjudicado de la época.

Planteada como una sit com cualquiera, Disjointed nos muestra, a través de cada uno de los personajes, diferentes tipos de consumidores de marihuana y las situaciones (lúdico-festivas, ansiedad, entorno conservador y autoritario, falta de estima…) que han llevado a cada uno al Ruth’s Alternative Caring, el dispensario de hierba que los alberga a todos.

Por un lado encontramos a Ruth Whitefeather (Kathy Bates), la dueña y que además de un ideal ve en el cannabis un rentable negocio. Una activista recalcitrante, defensora del consumo de cannabis desde los tiempos de los pantalones de campana y las canciones de los Doors. Ella, que ha concebido su local como un centro de sanación mental en el que atender a sus pacientes, se niega a que su “producto” forme parte del mercado consumista actual, pero es capaz de entender que en esta vida hay que renovarse o morir y accede a poner en marcha las técnicas de venta que sugiere su hijo Travis. De este modo seremos testigos de, al menos, un vídeo del nuevo canal de youtube del dispensario, donde se nos muestra la variedad del día o diferentes productos artesanales hechos a partir de marihuana.

El siguiente personaje a tener muy en cuenta es Carter, el segurata, un soldado retirado, recién llegado de Irak, al que acompañaremos en su proceso de superación de los traumas bélicos y reinserción en el mundo “real” que logrará a través de los viajes mentales que se pega a base de porros. Nosotros, como espectadores, le acompañaremos en sus divagaciones paranoicas que se representan en pequeñas secuencias de animación psicodélica.

El resto del reparto no se queda atrás. Ayudantes y pacientes de Ruth se convierten en el escaparate de consumidores habituales y esporádicos de marihuana: desde expertos en cepas, híbridos y cuidados de los mismos hasta amas de casa que encuentran una forma de hacer la rutina marital y maternal algo pleno, pasando por auténticos fumetas de pro que no recuerdan cuándo fue la última vez no estuvieron colocados. Eso sí, vedla en versión original, porque en la doblada parecen todos un grupo de politoxicómanos, y nada más lejos.

Otro de los trucos empleados por los creadores, entre los que se encuentra Chuck Lorre, es insertar anuncios ficticios sobre productos cannábicos. Spots que se inspiran y parodian algunos anuncios ya existentes como el de la cerveza Coors. Algunas marcas patrocinadoras aprovechan para hacer publicidad real envuelta en anuncios locos que no tendrían cabida en la parrilla actual. Una buena forma de recordarnos aquel formato de series, casi olvidado en apenas unos años, en el que los episodios se fragmentaban para contener pausas publicitarias.

Varias sencillas pero efectivas técnicas que hacen de Disjointed una serie diferente y sin censura que ataja sin complejos una realidad que, poco a poco, se va asentando en la sociedad. Y para demostrar este hecho, con motivo del estreno de la serie, Netflix lanzó al mercado de la marihuana legal, y de forma limitada, varias cepas creadas para la ocasión. Cada una de estas variedades está creada provocar diferentes efectos y consumir mientras se disfruta de algunos de los títulos de la cadena, obteniendo así un presumible colocón y una nueva visión de Orange is the New Black, Bojack Horseman o Santa Clarita Diet. Y oye, si lo dice la tele…

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