DMZ. Zona desmilitarizada.

DMZ es un recordatorio de todos los errores que hemos cometido. Una historia sobre algo demasiado habitual en nuestros días: la vida en tiempo de guerra.

Por Joe Runner.

Dijo George Marshall, militar y político estadounidense en la Segunda Guerra Mundial, que “el único medio de vencer en una guerra es evitarla“. Sin embargo, no creo recordar ningún año de mi vida en el que el ser humano no se haya visto envuelto en un conflicto bélico en cualquier parte del globo. Lejos de ir avanzando hacia una sociedad concienciada, plural y pacifista, nos encontramos ante una vorágine de errores pretéritos en los que reincidimos una y otra vez, como si fuésemos uróboros famélicos. Dudo que alarme a nadie esta situación en bucle en la que los acontecimientos actuales nos recuerdan a eventos del pasado y, pese a ello, avancen de manera ininterrumpida en una dirección paralela a ellos. Siempre se ha dicho que el tiempo es cíclico, como forma de explicación o pretexto en pos de “justificar” la estúpida manía humana de no aprender de los errores de nuestros mayores. Está claro que la importancia de nacer en un lado u otro de ese muro ficticio que nos separa es clave en el tipo de reacción de la gente ante dada situación, pero al fin y al cabo de eso se trata la guerra. Oriente contra Occidente. Blanco contra negro. Rico contra pobre.

Si existe un beneficiado en las guerras (con permiso de empresas e inversores en la sombra), esos son los medios de comunicación. Opino que el punto de inflexión vino en 1991 con el conflicto entre Estados Unidos e Irak. Durante la Guerra del Golfo Pérsico, una famosa cadena de noticias norteamericana se dedicó a retransmitir en directo todo lo que sucedía en territorio irakí. Había nacido una nueva visión de la guerra moderna. A los pocos años aparecería también Joe Sacco creando otro tipo de periodismo bélico plasmado en viñetas, pero eso es otra historia. La cadena periodística había creado algo más que un simple medio informativo en vivo, había engendrado un leviatán que haría crecer indiferencia y banalidad en lo que otrora fue tema de miedo y respeto. La guerra tal y como se conocía había muerto, dejando paso a una serie de televisión realista en la que los actores de reparto morían de verdad y los efectos especiales no eran para nada espectaculares. A partir de ahí, todo ha ido degradándose paulatinamente.

En DMZ nos encontramos ante una situación similar a la mencionada. El país americano se halla en una cruenta guerra civil en la que los Estados Unidos de América y los Estados Libres luchan para hacerse con el control total de la nación. Como es lógico, varias zonas quedan en medio de la batalla, convirtiéndose de esa manera Manhattan en una zona desmilitarizada, repleta de bombardeos, ataques e intentos de asedio por ambas facciones. Esta situación ha transformado la isla en una jungla de asfalto controlada por las milicias o bandas y en la que la vida no vale absolutamente nada. Nadie sabe qué sucede realmente dentro de los muros que la separan y es por ello que Liberty News, una cadena de TV de los EEUU, quiere mandar allí a Viktor Ferguson, el periodista más laureado de todos los tiempos. Se internará allí en un helicóptero, junto con su equipo de protección y asistentes, para contar de manera objetiva qué está sucediendo en Manhattan. O eso creían ellos justo antes de que les derribaran el medio de transporte…

Brian Wood nos trae esta premisa que tantas veces hemos escuchado en la realidad. Lo remarcable de todo ello es que su protagonista no será el famoso ganador de los premios Pulitzer, sino un becario niño-de-papá llamado Matthew Roth que se verá encerrado en aquel horrible lugar y que intentará sobrevivir a toda la locura que implica la guerra. Para ello contará con su cámara de fotos y dará comienzo una aventura en la que intentará mostrar al exterior la vida en tiempos de guerra sin ningún tipo de tapujos. Pero como bien hemos mencionado al principio, todo posee diferentes caras o ángulos, por lo que el canal para el que trabaja hará lo posible para usar sus imágenes en pos de la manipulación de las masas. Metido en tal encrucijada, en la que su cadena lo usa como pretexto bélico y el bando contrario también busca su trozo de pastel, la supervivencia de Matthew se hará cada vez más difícil y cruda, en un cúmulo de situaciones que no dejarán indiferente a nadie.

Este primer arco argumental que recoge los primeros doce números de DMZ son un escaparate de críticas y, en cierta manera, búsqueda de la verdad del autor. Alejado del patriotismo típico de su nación, hace mella en el apartado beligerante de sus compatriotas y de la división cultural entre ellos. Este concepto bilateral entre el norte y el sur es el eje sobre el que se sustenta toda la historia de la isla de Manhattan, una tierra de nadie en la que sólo hay un bando: el de sus ciudadanos. Además de un protagonista que veremos evolucionar con el paso de los números, Wood nos despliega un abanico de secundarios de una calidad innegable. Presentados como si de piezas de un rompecabezas se tratara, poco a poco van tomando su rol, posicionándose en el tablero de este gran juego de ajedrez.

Para redondear el trabajo del guionista, éste realiza el tema artístico de los avances de noticias con el que nos ponen al día, dejando el resto del apartado gráfico a Riccardo Burchielli. El dibujante italiano es un auténtico monstruo del lápiz que no se ha prodigado mucho por tierras americanas, pero DMZ sirve como claro ejemplo de lo grande que puede llegar a ser su arte. El toque abocetado, fino y sucio de sus dibujos es maravilloso y hace completamente inconcebible otro artista dibujando esta historia. Su narración visual es sublime y creedme que este cómic es súbitamente activo. Todo sucede en una zona de conflicto en el que la acción y el movimiento son una constante durante toda la obra. Algo más anecdótico es el paso de Kristian Donaldson, encargado de plasmar la historia sobre el origen de Zee, una de las grandes secundarias del cómic. Su arte no difiere mucho del de Burchielli, pero no está a la altura. Justo al contrario que Jeromy Cox, con un coloreado perfecto en todo momento.

En cuanto a la edición española, estamos de enhorabuena porque ECC Ediciones lo está publicando en nuestro país actualmente. Se va a publicar en un total de cinco recopilatorios, en el que el primero ya está a la venta. Sobra decir que nos encontramos ante una de las obras imprescindibles del noveno arte y que se ha convertido en un referente con el paso de los años. Yo, personalmente, me lo estoy volviendo a leer aprovechando esta maravillosa reedición  y porque es un gran culpable en el nombre que le dí a mi mejor proyecto. Como guinda, también sirve de recordatorio para que no cometamos los mismos errores y nos demos cuenta de que la única manera de ganar una guerra es evitándola.

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Cuenta la leyenda que un zhéroe entró en una isla llena de cabezas cortadas...

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