DOCTOR SUEÑO: Una autobiografía encubierta.

Escribir con la velocidad de una imprenta vietnamita tiene estas cosas. Tu editor vive siempre feliz, pero a veces es inevitable patinar. Antes de empezar tengo que decir que me declaro defensor a ultranza de la labor literaria de Stephen King, sin cuya obra sería mucho más difícil entender la literatura del último cuarto del siglo XX. Y ahora, empecemos.

Por Javier Marquina.

Pienso que crear, cuando es un acto sincero, significa desnudarse. Mostrar una parte importante de muchas de esas cosas que pertenecen a la esfera de lo personal, de lo íntimo. Crear significa subirse a un estrado, cerrar lo ojos y mostrarse sin miedo a lo que puedan decir de ti. Muchas veces esta proceso descarnado de introspección y reconocimiento personal viene encubierto en forma de novela, historia o personaje inventado. A veces es un trazo lanzado con desesperación sobre un lienzo en blanco. Otras, un plano secuencia que recorre una avenida cargada de recuerdos. En ocasiones todo consiste en una sucesión de notas que te desgarran el alma. A veces la foto está borrosa y es difícil de reconocer. Otras, el cuadro es nítido y trasparente.

Doctor Sueño es un cristal traslúcido puesto sobre la cara del autor. No te deja ver claramente lo que hay al otro lado, pero no tienes ninguna duda de que está ahí. Es una confesión que ha tardado casi cuarenta años en ser completada. El segundo tramo de una historia en dos partes sobre el alcoholismo, las drogas y los demonios que danzan sobre la cabeza de los desesperados. Un alegato que nos cuenta que es muy  difícil negarle el amor a personas cercanas cuando son incapaces de controlar todo el daño que generan. Es un libro sobre el odio, sobre la cólera, sobre el amor inocente que se enfrente a lo incomprensible, porque es imposible explicar el abandono cuando todo lo que tenemos es ojos de niño.

El Resplandor, la primera parte de esta historia, es una obra sobre un borracho. Sobre un ser desgraciado incapaz de controlar su furia que va a caer en el lugar menos indicado en el peor de los momentos. Es un libro de terror y fantasmas en el que un alcohólico furioso se deja llevar y acaba calcinado en un infierno rodeado de nieve. Es también una historia de padres e hijos y un fiel reflejo de lo que su autor era en el momento en que la escribió, un tipo con talento que bebía demasiado. Un padre con problemas. Un hijo con recuerdos. Un ser humano al que le dan una oportunidad para resurgir y no puede evitar destruirse aquejado por sus propios fantasmas. El Resplandor es un libro triste que acaba bien. Un reflejo de una locura casi programada, en la que un hombre que quiere a su familia se deja llevar por sus vicios hasta el límite del asesinato. Es un libro sobre fracasados. Y sobre la imposibilidad del cambiar de bando cuando estas en la imparable cuesta abajo de la destrucción.

Doctor Sueño, la continuación de este último, recoge como personaje principal a ese niño inocente con poderes extraordinarios que casi es devorado por el Overlook y que, emulando a su padre, se ha convertido en un borracho despreciable; en un ser que ha caído mucho más bajo de lo que nunca llegó su progenitor; un tullido emocional que vaga por el país destrozando vidas, machando su propia existencia, siendo una sombra de lo que debería ser. Pero, siguiendo el camino vital de su autor, Doctor Sueño es un libro de redención, de esperanza, uno de esos gritos que nos dicen que es posible salir del pozo si encuentras los asideros adecuados, y que ningún daño que nos hayamos causado, por terrible que sea, debería sangrar para siempre. Es bueno tener cicatrices que nos recuerden el camino que no hay que transitar, pero no se puede llorar eternamente ni rellenar las lágrimas con whisky.

Viendo la obra en su conjunto, es imposible no pensar en King y su historia. El Resplandor podría reflejar el resentimiento hacia un padre que lo abandonó cuando tenía dos años. Un libro lleno de rabia y fuego y miedo. Un libro colérico contra un borracho patético. Un reflejo de aquello en lo que quizá se estaba convirtiendo. Doctor Sueño empieza con un vistazo atrás. Con una reflexión sobre lo que te puede pasar si te dejas llevar y te escondes, pero avanza para convertirse en un rayo de esperanza que te dice que puedes salir y transformarte en esa buena persona que creías que no llevabas dentro. Es optimismo, esperanza y redención.

Y ése es precisamente el problema. Todo es demasiado feliz. Demasiado bonito. Demasiado ideal. Demasiado perfecto. King sigue demostrando que sabe hacer literatura de manera rápida y eficaz, logrando en ocasiones páginas potentes y bellas, pero desde hace bastantes libros tengo una sensación de automatismo en sus novelas. De piloto automático. De proceso casi industrial. De, por si no había quedado claro, hacer libros como churros. Y esto se nota cada vez más. Es imposible escribir tanto y que todo salga bien, te guste o sea bueno. King tiene un talento y una facilidad innegable para producir palabras, muchas veces logrando una calidad indiscutible. Es un autor entretenido, ameno y sabe perfectamente lo que se hace. Controla los mecanismos del genero, de la escritura y de cómo construir una novela. pero cada vez es más evidente que escribe demasiado, que se está haciendo mayor y que vive demasiado bien. King se está convirtiendo en un viejecito amable que ha superado muchos contratiempos pero que al fin ha logrado ser feliz, y eso se nota cada vez más en sus obras. Los malos ya no son tan malos. La furia es menos furiosa. La sangre destiñe hacia el lila y el rosa y, como casi siempre en sus obras, el bueno gana por sistema.

La infame adaptación de doblaje surrealista.

Lo malo es que lo que en otros libros era aceptable, en este Doctor Sueño se convierte en difícilmente tolerable. Los monstruos no asustan y sólo dan pena. Despiertan un sentimiento de compasión y lástima, ese mismo sentimiento de protección que sientes por los animalillos incapaces de realizar una acción compleja. King nos habla del Nudo Verdadero, una especie de tribu de seres casi inmortales y muy poderosos que manejan hilos invisibles de control por todo el mundo mientras devoran el alma de jóvenes telépatas, pero al final, sólo son un grupo de paletos retrasados que caen como hormigas de la forma más innoble. Son moscas con las alas arrancadas que bailan sobre una lupa letal, sin poderes útiles, sin ideas brillantes y sin talento para nada. La protagonista, una niña tierna y dulce de poderes cuasi divinos que debería despertar nuestra ternura, acaba siento más monstruosa que sus posibles captores y dando más grima que los asesinos. Una niña que podría ser Dios comportándose como una veterana curtida en el infierno. Una sabelotodo cruel que causa fatiga cada vez que machaca a esos frágiles semidioses de porcelana del Nudo con una facilidad insultante. Danel Torrance, el Doctor Sueño del título, el niño aterrado de El resplandor, ese trasunto eterno y constante de King que aparece en cada uno de sus libros de una forma u otra, acaba siendo el único personaje más o menos humano, aceptable y simpático de una historia demasiado corta para un libro demasiado largo.

Héroes invencibles contra monstruos patéticos. Eso nunca ha funcionado. Y es que para sentir terror, debes poder imaginar que todo lo malo es posible, que nadie está a salvo, que cualquier cosa le puede pasar a cualquiera. En Doctor Sueño sabes, casi desde el principio, que todo lo que te espera es un paseo de iniciación en el que nadie con buen corazón va a morir de forma violenta, y los malos están condenados a arrastrarse y sufrir por sus propios pecados, cual Drácula portentoso que cruza medio mundo para morir en apenas una página en la novela de Bram Stocker. Yo para ser feliz no necesito un camión. Me vale con algo de sangre bien dosificada y con que algún personaje protagonista (y repelente) palme de forma inesperada. Uno, al menos. Tampoco pido tanto. No llego al nivel de sadismo de George R. R. Martin. Yo no soy un psicópata.

En definitiva, Doctor Sueño es un libro correcto pero predecible, buenista, lineal y poco satisfactorio, lleno de personajes que podían ofrecerlo todo y a los que no se les da absolutamente nada.

Sigue a La isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Acerca de Javier Marquina 218 Articles

Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*