DRÁCULA (SERIE): Vampiros y oligarcas

NBC revitaliza el mito del vampiro más famoso del mundo con sangre americana y oportunismo moral. Y a pesar de todo, tiene cierto encanto…
Por Chema Mansilla

Yo soy de los que piensan que los vampiros no brillan cuando les da el sol. También he visto siempre a los vampiros como criaturas enfermas y malditas, así que ese tipo de coolness que está chupando la vida y la sangre del género vampírico (bien traído, ¿no?) me horripila. Iba a escribir sobre The Originals, porque ese rollo de brujas y vampiros en Nueva Orleans me atraía. Pero tras ver el primer capítulo y descubrir lo guapos y guapas que son todos y cado uno de ellos, me recordé a mí mismo que los vampiros no brillan cuando les da el sol.

La nueva serie de NBC de Drácula tiene, en esa misma línea estética y moral, dos grandes problemas. El primero, que se pasa por el forro (presumiblemente rojo, de la capa) la novela de la que toma nombre, salgo asimilar aquí y allá alguna situación, nombre o referencia. El segundo, que la protagoniza Jonathan Rhys Meyers, uno de esos actores que en todas y cada una de sus escenas son “intensos”. Así que empecé a ver esta serie cargado de prejuicios.

 

Y reconozco que la serie no empieza mal.  Aceptados esos dos problemas, la historia empieza a acumular conceptos que me gustan, por ejemplo, La Orden del Dragón. Soy así de fetichista, yo con las sociedades secretas, cultos y demás, siento gran debilidad. Jack El Destripador, un poquito de steampunk…

Por otro lado se habla de un modo de generar energía, limpia, económica y universal. Tal como la concebió Tesla. Y ahí me ganan. Lástima que tras ese generoso gesto de un Drácula metido a empresario de la energía sea sólo un vehículo para vengarse de un grupo de oligarcas que atesoran el monopolio del petróleo. ¿No sólo tenemos que aguantar estupideces viendo el telediario, si no que también hay que aguantar este paternalismo buen rollista en las obras de ficción? Se me pasa un poco el enfado porque toda esta venganza tiene unos ecos de Conde de Montecristo que echa para atrás. Y eso mola.

A pesar de ese encanto meramente friki, hay licencias que no tienen ningún tipo de sentido. Cambios gratuitos: ¿Por qué Drácula reniega de su herencia europea y se hace pasar por norteamericano?, ¿por qué Harker es periodista?, ¿por qué Mina estudia medicina?, ¿por qué Drácula lleva una espada samurai?, ¿por qué Van Helsing…? bueno, eso es el final de capítulo. No lo diré. No lo diré.

¿Y por qué todas las mujeres de la serie tienen un orgasmo cada vez que Rhys Meyers les muerde, porque es vampiro o porque es Jonathan Rhys Meyers?

Al menos Drácula tiene bigote (bigotillo) y salen unos cazadores de vampiros que no son total y absolutamente vergonzosos, sólo un poco vergonzosos. Eso está bien, también mola.

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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