EL BOXEADOR. Arte en bitono.

Hay múltiples manera de enfrentarse a la vida. Múltiples formas de encarar a un adversario. Múltiples estilos para llegar a un mismo fin. El Boxeador es un ejemplo de dos historias de realización personal antagónicas que convergen en un mismo puñetazo.

Por Javier Marquina.

El BoxeadorConsiderar el boxeo como un arte puede resultar arriesgado. La brutalidad casi primitiva  es evidente en un deporte que consiste en tumbar al contrario de una hostia bien dada. Por mucho que intentemos proteger los nudillos de cada púgil. Por mucho árbitro que vele por el juego limpio, evite los golpes bajos y trate de conseguir que el combate no se convierta en una pelea callejera. Por mucho que todo esté regulado por normas, federaciones y asociaciones. Al final, lo que importa es que el rival bese la lona tras un gancho perfecto que convierte su mandíbula en una explosión cristal. En el proceso, ajenas a la elegancia impuesta por el Marqués de Queensberry, las cejas se obstinan en sangrar, los pómulos en abrirse y los ojos en hincharse hasta la ceguera. Es conocido el historial de ex-campeones tarados, de sparrings muertos por derrame o de multimillonarias estrellas del cuadrilátero que acaban convertidos en parias, víctimas de una horda de vampiros que los desangran hasta la ruina.

Sin embargo, a pesar de todas estas connotaciones negativas que convierten a cada boxeador en un perfecto candidato para una historia de serie negra, hay un aura de finura, inteligencia y talento que envuelve cada asalto, cada combate y cada lucha por el título. El boxeo es una danza ritual. Es un baile a cámara lenta en el que dos seres humanos se miden con precisión buscando su ventana de oportunidad. Es un camino de superación en el que tu talento y tu trabajo pueden llevarte todo lo lejos que quieras. Es un ritual en el que se compite en igualdad de condiciones, una liturgia en la que la inteligencia es el verdadero camino hacia el triunfo absoluto.

El Boxeador nos habla de muchos de estos temas a través de las historias de dos púgiles antagónicos. Dos combatientes que se enfrentan a la vida de manera distinta, quizá porque la vida les ha colocado en niveles y lugares antitéticos. A pesar de estas posturas diametralmente opuestas, la lección de vida que transciende de estos seres humanos tan diferentes es que el boxeo, el deporte, la consecución de una meta y unos objetivos vitales, son lo que te acaban conformando como persona y los que te pueden ayudar a encontrar el camino correcto hacia una realización personal que en ocasiones tiene forma de epifanía.

El BoxeadorNarrado en forma de espejo, simétrica en muchos aspectos, paralela tiempos y planteamientos pero divergente en su resolución, la obra de Manolo Carot y Rubén del Rincón es una confluencia en bitono rojo que impacta por su solidez y por la bella impresión conseguida. Diseño, maquetación, gama de colores escogidos, el dibujo que mezcla tintes de película de animación, revista erótica y cómic policíaco… El Boxeador es un cruce entre dos espirales que se unen en sendos guantes Londsdale. Esta historia dual es una excusa para hablar de padres e hijos y de las complejas relaciones que se establecen entre ellos. Un legado que, la mayoría de las veces, poco tiene que ver con la genética.

Todo esto toma presencia física en un libro que, de por sí, como simple objeto de colección, ya merece la pena. Espectacular de principio a fin, tanto en la propuesta como en la narración, es un ejercicio diferente y curioso que se lee con interés, no solo por saber que pasará después, sino con la curiosidad del que se sorprende con algunos de los recursos utilizados y con la belleza irresistible de muchas de las páginas. Sorprende de igual forma saber que este cómic fue un proyecto de crowdfunding que no llegó a buen puerto, y que, afortunadamente, ha sido rescatado por la gente de la La Cúpula y colocado en las estantería de todas las librería españolas. Es inevitable reflexionar, al conocer el periplo de este estupendo tebeo, sobre los procesos y el estado del panorama editorial español. Cómo pudo este maravilla de estética tan cuidada pasar tan desapercibida es un misterio; una intriga que habla de la cantidad de factores externos que influyen en la compra y en lo aleatorio de los criterios en los que dicho comprador basa algo tan impulsivo e irracional como satisfacer sus pasiones. El mecenazgo es un mecanismo estupendo y valioso, pero de igual forma falible, imperfecto y tan arbitrario como la gente que pone en él su dinero. Sin ir más lejos, de no ser por la visión comercial de una de las editoriales con mejor catálogo de nuestro país, nos habríamos quedado sin disfrutar de una obra brillante, diferente y digna de hacer pasar por caja a cualquiera que ame el proceloso mundo del Noveno Arte.

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