El brazo de Galactus.

A veces la vida te da. Con un bate, con una barra de hierro, con un puño americano. A veces simplemente te regala. Y no. No es un Euromillón. Tampoco flipemos pidiéndole a la vida peras cósmicas…

Por Javier Marquina.

Que Forrest Gump y su caja de bombones sean los referentes filosóficos de toda una generación, dice bastante de la comprensión que tenemos de las cosas que nos pasan y de lo que creemos que debemos pensar cuando nos pasan. Yo, por mi parte, soy mucho más aficionado al uso de refranes y frases hechas con las que la sabiduría popular resuelve de manera contundente y a menudo contradictoria, los problemas insolubles que nos plantea la vida. Algo del tipo “los caminos del Señor son inescrutables”. A partir de aquí podríamos hablar del azar, de la suerte y del destino, pero reconozco que mi espiritualidad es un tanto precaria, y prefiero dejar los temas astrológicos y del sino a gente cualificada como La Bruja Lola o Sandro Rey.

 
Aunque a veces la vida te hace, cuando menos, dudar.
 
A veces te pasan cosas que hacen que surja en ti esa pregunta filosófico-vital sobre el sentido de la vida que a tantos seres humanos ha llevado por derroteros a veces tortuosos, condicionando su existencia hasta extremos en ocasiones fatales. No es mi caso, quizá por una despreocupación congénita rayana a la estupidez que me lleva a ignorar con desapego los hechos que, como señales luminosas, a veces parecen indicarnos el camino correcto.
 
Y ahora os preguntaréis… ¿y qué coño tiene que ver Galactus con todo esto? ¿Qué pinta El Devorador de Mundos en una reflexión cutre sobre el destino y el sentido de la vida? Os explico: Entre mis múltiples defectos, también se encuentra el de coleccionar figuras articuladas. Action figures, que queda mucho más pijo. Preferentemente las derivadas de mis cómics preferidos, aunque no le hago ascos a nada. Tengo una vitrina abarrotada de figuritas que, llegados a este extremo, empieza a necesitar un orden.
 
El caso es que hace unos años, me compré una figura del Hulk Gris de la serie Marvel Legends de ToyBiz que, como aliciente para los compulsivos, te permitía construir un enorme Galactus por partes si te comprabas todas las figuras de la novena serie. El citado Hulk en este caso ofrecía uno de los brazos. El derecho para más señas. El típico componente de plástico que para los que abrimos el blíster de forma criminal y premeditada, pasa a engordar la caja de restos que todos acabamos bajando al trastero. A pesar de que la figura de Galactus me parecía absolutamente flipante, no tenía intención alguna de comprarme el resto de figuras para conseguir todas las partes y construirlo, así que el brazo quedó aparcado en la susodicha caja, y mi ansia y deseo por el Devorador de Mundos postergada y enterrada.
Aquí empezó todo.

 

En teoría.
 
Creo que todos sabéis como funciona.
 
Empieza como una desazón, como un pequeño cosquilleo en el estómago, como una inquietud. Esta sensación comienza a convertirse en algo incómodo y de repente te encuentras buscando referencias del objeto de tu deseo mientras tu cerebro va enviando imágenes para recordarte que quizás tú quieras olvidar, pero que tu subconscientes una guarra celosa y persistente que no va dejarlo pasar. Al final, asumiendo tu debilidad y sabiendo a ciencia cierta que sólo hay una manera de apaciguar a la bestia, te diriges a tu ordenador y abres la página en la que quizás halles una solución más factible que comprarte esa figura que ahora necesitas más que respirar: eBay al rescate.
 
Mucha gente se dedica a ganarse algo de dinero vendiendo estas figuras BAF (build a figure) como un todo, ahorrando así a los pardillos como yo algunos problemas pero, por desgracia, muy poco dinero. Las figuras completas suelen ser caras y a medida que va pasando el tiempo, su precio asciende al convertirse en piezas más escasas y buscadas. La figura de Galactus no es una excepción. Demasiado cara para un capricho. Demasiado bonita para dejarla atrás. Horas y horas de búsqueda alrededor del mundo, de consultas, de preguntas, de tiempo, y cada vez que crees que has encontrado algo, la puja empezaba a dispararse hasta volverse inalcanzable. Hasta que de repente, un día, sucede lo impensable.
Abres eBay, vas a la pestaña de búsqueda avanzada y realizas una búsqueda que ya has hecho decenas de veces. No esperas encontrar nada. Te has vuelto escéptico. Galacto-escéptico. Y entonces… ZAS. Un tipo alemán vende una figura de Galactusa un precio más que razonable porque está incompleta. Le falta sólo un componente. Sólo una pieza. Sólo una parte. El brazo. Ese brazo. TU brazo. Además, su artículo está en la categoría de “¡Compralo YA!” y puedes hacerte con él sin la incertidumbre de la puja. Así que, por supuesto, lo compras.

Y lo bonito que queda ahora Galactus en mi estantería…

 

Supongo que todo lo que puedo decir es que así se escribe la historia. A base de golpes de fortuna, avanzando con casualidades, dominados por el puro azar. Algunos dirán que fue el destino. Que esa figura de Galactus me estaba esperando. Que el libro ya está escrito y todo lo que hacemos es esperar a que lo lean. La verdad es que no me importa. Lo único que sé es que esa figura ahora es mía y, cada vez que la veo, sonrío y pienso que tengo que empezar a dejar de decir eso de que nunca he tenido suerte.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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