El Día del Cómic gratis en Huesca y la presentación de Blanquito de GP Ediciones.

Cualquier celebración, alegría o sucedáneo que nos ofrezcan en este vida, hay que aprovecharla y agarrarse a ella con uñas y dientes. Si encima es gratis y no nos cuesta dinero, mejor que mejor.

Por Javier Marquina.

Cuando vives en el desierto de lo real, cualquier dulce que te ofrecen se convierte en un tesoro. En una pequeña joya. Los habitantes de provincias limítrofes y de capital pequeña, estamos acostumbrados a librar batallas enconadas por disfrutar, aunque sea de forma casual, de la cultura y todo acto, celebración o acontecimiento debería ser celebrado por lo que vale. Desgraciadamente nunca es así y bien por vergüenza, bien por pereza o bien por algún factor exógeno tan intenso como el “qué bien se está en esta terraza tomando una cañas”, nos solemos perder esos eventos únicos, especiales y raros que algunos héroes ciudadanos se afanan por ofrecernos. Esa es la triste realidad. A veces somos vagos hasta para lo que nos gusta. Decimos que sí a todo y luego se nos va encogiendo la boca, se va arrugando poco a poco hasta convertirse en algo muy parecido a un ano del que ya no volverá a salir una afirmación que nos comprometa. Es eso que comúnmente llamamos “hablar mucho y quedar como el culo”.

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El maravilloso olor a papel por la mañana.

El pasado sábado, día 11 de mayo, celebramos en España el Día del Cómic Gratis, una más que loable iniciativa emprendida por varias editoriales, que tenía como objetivo acercar este arte a la ciudadanía, ampliar el espectro potencial y, porque no, promocionar los respectivos productos que cada una de estas editoriales factura. No estoy muy seguro de la repercusión que este acto tuvo entre todos aquellos ajenos al medio, ya que al final, y aquejados como estamos de una persistente endogamia, los que atendemos a los actos solemos ser aquellos ya contaminados por el gen que nos obliga a comprar todo aquello que huela a viñeta. Pero no me voy a quejar. Inciativas es lo que hace falta, y esta me parece un punto importantísimo, una idea que hay que apoyar sin condiciones, sean por los motivos que sean. Además nuca se sabe. Todo lo que huele a gratis acaba convocando a la masa. Una vez depurados aquellos que llegan con la bolsa de tela del supermercado para llevarse todo lo que quepa en ella, quizás se consiga un seguidor fiel que antes nuca había leído cómics. Habrá merecido la pena. Los cómics, al menos, la merecían. Y eran gratis. Ya sabéis. Llenar la bolsa del súper con la paella del día del patrón.

Como decía el día 11 se celebró este acontecimiento y en mi pequeña ciudad, y gracias a la librería Más de Libros pudimos disfrutar de este evento que, en otras ciudades más grandes no se hizo. Mi eterna gratitud por ello a la gente de Más de Libros (lo repito para que hagáis click, que conste), que además de aprovisionarme de vicio de manera eficiente, realizan esfuerzos diarios por acercar la cultura a la gente, aunque la mayoría de esa misma gente parece estar mucho más interesada en leer el Marca y en ver la gala de Gran Hermano. Un aplauso sincero para ellos. Y para los que leen. Es increíble que uno deba decir estas cosas a estas alturas de la vida.

blanquito-jose-antonio-avila-mariano-vinuales-exilio-republica-espanola-comic-cnt-santo-domingo-dominicana-carmen-canete-quesadaAprovechando el evento, en la librería se presento el cómic Blanquito, de la editorial GP Ediciones, la adaptación de un libro del exiliado Mariano Viñuales Fariñas e ilustrado por José Antonio Ávila. Al acto asistieron tanto el dibujante e ilustrador como el nieto del autor del libro y encargado de la edición: Daniel Viñuales, con lo que los asistentes tuvimos el doble aliciente de poder charlar con ambos y además, llevarnos el ejemplar correspondiente firmado y dibujado a casa.

Recomendar este cómic, además de por su propio e innegable valor, se hace casi obligatorio para alguien como yo, vinculado casi de manera inexorable a su tierra. Cuando existe una editorial aragonesa, que publica material sobre aragoneses hecho por autores aragoneses, uno debe enarbolar la bandera cultural nacionalista (por mucho que odie esta palabra) y ayudar en la medida de lo posible a la divulgación de este material. Nadie como uno mismo para defender lo propio. Y lo digo de verdad. Si ser lector de cómics en estas tierras ya es de por sí una labor casi surreal, digna de la Ciudad Esmeralda en el mundo de Oz, el trabajo de hacerlos y venderlos con la esperanza de ganarse así la vida, entra en el terreno de lo legendario. De lo superheroico.

 Blanquito es un cómic interesante no sólo por el factor regional de sus autores, sino también por lo que cuenta, por reflejar un exilio desconocido en un país anclado en la Edad Media, por servir casi de catálogo antropológico de costumbres y lenguaje y sobre todo, por el dibujo de José Antonio Ávila, evocador y expresivo. Además, insisto, está publicado por una editorial pequeña cuya arma más importante es el tesón y la ilusión, una editorial con proyectos importantes en el horizonte, de la que espero que todos hablemos mucho más en un futuro próximo.

Cuando vives en el desierto de lo real, mañanas como esta parecen un oasis de luz y papel satinado en el que sentarnos bajo la sombra de un libro y poder compartir con los afines esas aficiones que nos hacen ser quienes somos. Y sí ademas haces casa, pues eso que nos llevamos por delante.

Sigue a Javier Marquina en Twitter: @IronMonIsBack

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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