El fan es un idiota.

Y antes de que los desesperados que basan su vida pobre, solitaria y vacía en criticar con desprecio todo lo que a ellos les parece oportuno (ey, eso se parece sospechosamente a lo que hago yo…), se lancen a la yugular del pobre autor de este artículo de opinión, diré que ese fan idiota SOY YO.

Por Javier Marquina.

Ahora que ya hay gente con el machete en la mano, las puntualizaciones:

  • Como ya he dicho antes, el idiota soy yo. Porque además de serlo, cosa que podría no ser grave, ya que los estúpidos inconscientes de sus propias limitaciones suelen ser plácidamente felices, me siento como tal.
  • Soy idiota porque me he aficionado a un segmento cultural tradicionalmente marginal y minoritario, en un país que está a años luz de otras culturas más avanzadas y menos reticentes a considerar la viñeta como lo que es.
  • Soy idiota porque además de ser un fan irredento de los que colecciona por impulso poseído por una especie de Síndrome de Diógenes cultural y tebeístico, disfruto compartiendo mi afición con gente afín a mí (valga la redundancia), charlando, discutiendo, descubriendo y dejando que me descubran cosas nuevas de este mundo gigantesco, inacabable e infinito.
  • Soy idiota porque además de compartir experiencias con los míos, me gusta difundir mi afición y dar a conocer este mundo que me apasiona. Me gusta divulgar, comunicar, defender y blandir el estandarte del aficionado a los cómics normal, que vive una vida normal, que tiene amigos normales y que disfruta de una manera normal de su afición. Porque leer cómics es normal. Sea lo que sea eso. Porque hasta el que se viste de Lobezno usando bolsas del Mercadona en todo salón cómics que se precie, tiene su corazoncito, y prefiero abrazar a un friki de manual que a un lector asiduo del Marca.

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  • Soy idiota porque en este afán divulgativo, uno se dedica a colaborar de manera desinteresada en cuantos actos, webs, revistas, fanzines, convenciones y derivados se le ponen por delante, y claro, sienta un peligroso precedente. El consabido “pero si lo hace porque le gusta, ¿para qué pagarle?”
  • Sí. Efectivamente. Soy idiota porque todo lo que hago por el mundo del cómic lo hago gratis. Y reconozco que cuando ayudas a un amigo en una web o en una revista, sientes un grado de satisfacción que compensa la retribuciones económicas (y este sentimiento de realización personal se desarrolla en tu interior porque, básicamente, eres idiota), pero cuando de lo que hablamos es de jornadas culturales organizadas por ayuntamientos, diputaciones u organismos oficiales varios, ¡ay, amigo!, ahí la cosa cambia. Y llegamos, por fin, al meollo de la cuestión. Quizá al vivir en una ciudad pequeña, los localismos caciquiles se acentúan. Quizá la endogamia propia de los lugares minúsculos ha establecido una jerarquía casi hereditaria en organismos que deberían regirse por mecanismos mucho más democráticos, pero el caso es que en ciertos lugares de nuestra augusta geografía ( y todos sabéis dónde vivo), lo de la cosa cultural está “muy malamente”. Y no porque no se hagan actividades y actuaciones, sino porque siempre las hacen los mismos. Con la cantidad de dinero invertida en comprar papel higiénico en uno de los eventos o festivales que se hacen en la provincia, un grupo de aguerridos aficionados al cómic podrían montar un jornada más que digna. Y lo digo con conocimiento de causa, ya que lo hemos conseguido disponiendo de un presupuesto que ni siquiera cubría los gastos de papel higiénico de un váter público. Y quizá ése es el problema. Cuando pones de tu parte y añades tu buena voluntad, ambos elementos importantes, pero gratuitos, proporcionas el terreno abonado para que el político de turno salga en los medios, se marque el tanto y se cuelgue la medalla, además de darle la excusa perfecta para que, el año siguiente, pregunte con cara de contrariedad qué necesidad hay de financiar un proyecto que al año anterior funcionó tan bien GRATIS.
  • Y en eso se resume todo. Sí. Soy idiota. Soy idiota porque estoy haciendo un llamamiento a valorar económicamente el trabajo y el esfuerzo que realizamos en nombre de nuestra afición desde una web de la que no cobro absolutamente nada. Soy idiota porque creo que poner en valor ese tiempo y esfuerzo que dedicamos a la divulgación, debería ser recompensado de alguna manera, sobre todo cuando sirve para rellenar huecos en las agendas culturales municipales, tan dadas a aprovecharse de esfuerzos ajenos para dejarlo todo cuadrado y bonito.

Lo que hacemos es cultura. Y trabajo. Y esfuerzo. Y debe ser recompensado. O dignificado, al menos. No estoy pidiendo una retribución por cada charla que doy en un evento, proporcionada por el departamento de cultura correspondiente (que también), estoy pidiendo que los actos que se organizan desde la iniciativa del aficionado en lugares pequeños y con poca tradición en lo de la novela gráfica, cuenten con un apoyo suficiente por parte de la autoridades, que luego bien que se acercan a echarse la foto.

Me vale con no tener que pagarme el agua que mi garganta reseca me exige cuando hablo, de no tener que poner mi portátil para reproducir cuatro imágenes porque no se han hecho las solicitudes correspondientes al departamento pertinente. Estoy hablando de que se cedan espacios céntricos adecuados para convocar el mayor número de público casual y ambulante posible. Estoy hablando de dignidad y de medios y, si nos invitan a comer, pues mejor.

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Acerca de Javier Marquina 218 Articles

Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

1 comentario en El fan es un idiota.

  1. Magnífico discurso Sr.Marquina. La cultura (no oficial) en España núnca ha sido bién pagada,al revés,denostada, ridiculizada y perseguida. El fatalismo y la predestinación incultural de España es ancestral. Gracias por ese desinterés y me gustaría ser tan idiota como vosotros.

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