EL GOURMET SOLITARIO, de Jiro Taniguchi.

Ahora entiendo eso de comer por los ojos.

Por Teresa Domingo.

 

No voy a descubrir nada nuevo si digo que soy una apasionada de Japón. Me flipa el manga, el anime, el cine, el idioma y su curiosa forma de ver la vida. Pero lo que más me alucina es su comida.

Todo el mundo conoce los palitos de cangrejo, más conocido como surimi, el sushi, el dim sun y la tempura, tanto que ya casi forman parte de nuestra propia alimentación. Cada vez están más extendidas las gyozas, el yakisoba y el ramen que se sirven en restaurantes especializados que brotan como el bambú. Pero yo de lo que hablo es de la cocina tradicional japonesa, lo que vendrían a ser las lentejas y el cocido de allí… vaya, que lo mismo me da que me pongan un guiso de curry, un tonkatsu o un donburi que, cada uno en su estilo, me encanta.

A raíz del éxito que parece suscitar en occidente el manga gastronómico, varias colecciones de esta temática, aunque de diferente estilo, como Oshinbo y la recién licenciada Food Wars (os hablé del anime aquí), han llegado de golpe a nuestras estanterías, aunque no son ni las primeras ni las únicas. El género gastronómico es importante en la cultura japonesa y desde hace mucho tiempo cuenta con series como Cooking Papa que ya ha superado el tomo nº100 o Mr. Ajikko (cuyo anime se ha emitido aquí bajo el nombre El Rey del Gusto).

El comensal protagonista que ejercerá de anfitrión por este tour culinario es el señor Inokashira, un respetable comerciante de artículos de importación, sin tienda propia, que pasa los días de aquí a allá por Tokio y alrededores, tratando con sus clientes. Poco o nada más sabremos de este peculiar personaje, al que simplemente acompañaremos durante diecinueve episodios a buscar el lugar adecuado para comer lo mejor posible. Cualquier persona que tenga que comer fuera de casa habitualmente sabe lo difícil que es encontrar un sitio que esté bien de precio, en el que te atiendan rápido y que, además, esté rico.

Rico, rico.

La ya habitual expresividad de Jiro Taniguchi, un autor consagrado que nos ofrece una crónica de lo cotidiano en cada manga, la dinámica narrativa de Masayuki Kusumi  y un titánico trabajo de documentación por parte de ambos, se aúnan para dejarnos un manga gastronómico que casi sirve de guía social y de restaurantes, por zonas, de Tokio. En diecinueve localizaciones reales diferentes somos testigos del ritual de este gourmet callejero a la hora de elegir el lugar y los platos a combinar para ingerir una cantidad equilibrada de nutrientes, como bien mandan los cánones alimenticios japoneses. A saber: arroz, una sopa de lo que sea, encurtidos y un plato principal de carne o pescado. A simple vista puede parecer una dieta monótona y sosa, pero creedme si os digo que la cantidad de combinaciones de fideos, verduras, carnes y pescados, cocinados de diferentes maneras y presentados de otras tantas, son innumerables.

Taniguchi y Kusumi se han preocupado de mostrar hasta el último detalle de cada plato, tanto a nivel gráfico como narrativo, y nos describen minuciosamente, a través de las sensaciones y pensamientos de Inokashira, los ingredientes que contiene, el precio, la calidad, si es frío o caliente, el sabor, la textura… hasta la bebida (alcohólica, por supuesto, como marca la tradición) que mejor combina con cada tipo de comida. Taniguchi ha creado un personaje abstemio que hará de esta prohibición la mejor herramienta para describirnos el maridaje perfecto.

Pero no acaba ahí la riqueza costumbrista de este manga. A pesar de usar el mismo esquema estructural en cada capítulo, el contenido en sí de cada uno lo vuelve toda una experiencia. Una buena comilona en un buen ambiente se disfruta el doble, por lo que la descripción del entorno se vuelve tan importante como la propia acción y el esmero que se pone a la ambientación de cada barrio, cada local, los ruidos de fondo, la atención al cliente… son sublimes. Casi parece que estamos allí a punto de pedir un sanuki-udon. Una influencia clara y reconocida por Taniguchi de la BD francesa, en la que escenarios y atmósferas soportan tanto o más peso que los diálogos.

Del mismo modo que lo hace Taniguchi, la cocina nipona bebe otras culturas culinarias, y, en El Gourmet Solitario podemos paladear la buena cocina tradicional japonesa pero también las interpretaciones y adaptaciones de recetas chinas, tailandesas e incluso de algunas occidentales (el plato combinado de hamburguesa, patata frita –tal cual, sólo hay una- y huevo, es para verlo), embebidas en el entorno cultural y social del Japón contemporáneo más cotidiano.

En un restaurante de ramen o en uno de udon. En un divertido local de sushi giratorio. En un puesto callejero de takoyaki. Que te la lleven a casa bajo pedido o ir a comprarla a una tienda 24 horas. La comida japonesa es una delicia venga en el formato que venga. Hasta en cómic. Y El Gourmet Solitario es la muestra perfecta de ello. ¡Que aproveche!

Sigue a La Isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Acerca de Teresa Domingo 140 Articles
Si es creepy, es para mí.

1 Trackbacks y Pingbacks

  1. ¿MOLA O NO MOLA? Vol. XL - La Isla de las Cabezas Cortadas

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*