EL JARDÍN DE LAS PALABRAS (Kotonoha no Niwa), de Makoto Shinkai

En lo que hacemos tiempo hasta que se estrene en España la última creación de Makoto Shinkai, Tu Nombre (Kimi no Na wa), vamos a ir abriendo boca con uno de los animes más vendidos de este director en nuestro país.

Por Teresa Domingo.

 

Parece mentira, con lo que lo está petando Makoto Shinkai y aún no se había dejado caer por la Isla. Pero nunca es tarde si la dicha es buena, y no se me ocurre mejor obra para introducirnos en el universo Shinkai que El jardín de las Palabras.

Puede que el gran público, o al menos el pequeño público que disfruta con el cine de animación japonés, conozca a  Makoto Shinkai por otra de las obras licenciadas por Selecta Visión en nuestro país, Viaje a Agartha (Hoshi o Ou Kodomo). Hubo un día en el director japonés debió despertarse  iluminado por sus ancestros nipones, se creyó el digno sucesor de Hayao Miyazaki y creó esta historia de fantasía muy alejada de su estilo narrativo y visual, cuya deprimente calidad casi destruye su inmaculada trayectoria en la animación.

Por suerte, y tras esta, a mi juicio, metedura de pata, Shinkai decidió dejarse de experimentos miyazakianos para volver a su propia senda y retomar el nivel de rodaje que consiguió con 5 centímetros por segundo (Byōsoku Go Senchimētoru), también estrenada en España en DVD y Blu-Ray. El resultado es este mediometraje de mensaje dramáticamente positivo, de ésos en los que la filosofía japonesa nos da una de cal y otra de arena ante una situación normal y real.

Tres cuartos de hora le bastan a este director para dejar al espectador perplejo con una historia dual en su totalidad. Dos personajes distintos, que no encajan el mundo: Takao Akizuki, un estudiante de quince años y Yukari Yukino, una chica de veintisiete, que se encuentran en un parque un día de lluvia por dos motivos distintos.  Sin haberlo pactado, ambos deciden ir al mismo lugar sólo los días de lluvia, por lo que ambos realizan dos rutinas diferentes según llueva o haga sol. Durante la temporada de lluvias de verano su relación se va estrechando mientras cada uno se centra en una actividad diferente: él dibuja zapatos y ella bebe cerveza; él desprende toda la vitalidad e ilusión del que lo tiene todo por delante y ella la amargura de quien lo ha perdido todo.  Y cada uno de los personajes tiene una meta a alcanzar: el primero quiere ser diseñador de calzado femenino y la segunda necesita “unos zapatos para volver aprender a caminar” (entiéndase la metáfora, que es muy bonita y es dónde radica el mensaje de la película).

El eje central sobre el que giran esta historia doble en el la que sus dos caudales de información transcurren de forma paralela dentro de un mismo espacio, para sólo unirse al final, que además queda abierto, dando lugar no a dos, sino a un sinfín de conclusiones, es un tanka que recita Yukari al marcharse del primer encuentro bajo la lluvia. El tanka es un poema japonés tipo adivinanza, que como tal, sólo tiene una resolución correcta (hay mucho más, longitud de versos y tal, pero no me voy a poner a dar una clase de literatura japonesa ahora). Yukari se lo lanza a Takao al marcharse y él lo resuelve en su siguiente encuentro. De nuevo un elemento dual en el que Shinkai apoya todo el peso de su historia y, al menos a mí, me deja boquiabierta.

Cualquiera que me conozca ya debería estar extrañado de que esté alabando así un dramón de este porte. Claro, porque lo que realmente alucina de Makoto Shinkai es la potencia de los dibujos. Haciendo gala de un estilo visual prácticamente insuperable, el nivel de detalle que alcanzan los planos de Shinkai es espectacular. Y sobre todo que sabe rodearse de un equipo que es capaz de recrear el parque Shinjuku Gyoen con tal cuidado que parece que estás allí, el palafito donde se resguardan nuestros protagonistas, el camino por el que llegan a él, cada uno por el extremo opuesto al otro, y el entorno que los rodea es tal y como aparece en la película.

¿Se puede ir más allá? Claro, no tienes a medio planeta hablando de ti y esperando a tu próximo estreno si no tuvieras “nada más” que ofrecer que esto. Shinkai tiene un punto fuerte: la recreación de la meteorología. La importancia del efecto del viento sobre las cosas, de la luz a través de las hojas y, por encima de todo, de los cielos. En todas sus películas el cielo juega un papel importante, pero en El Jardín de las Palabras es el que marca el avance de la historia, del mismo modo que avanzan las nubes de una tormenta. Por si fuera poco, hay un par de planos detalle de charcos, mientras cae la lluvia, de los de parar la proyección porque no te puedes creer que ESO sea una animación. Y es que si tuviera que definir la obra de Makoto Shinkai en una palabra sería “El Esplendor”.

Para concluir y para los entendidos en BSOs japonesas, mención especial para el piano de Daisuke Kashiwa, que ha creado una banda sonora que se mimetiza con la acción, acompañando cada secuencia e incluso reflejando la lluvia en alguna de ellas. Simplemente magistral. Como el tema que cierra la película y supone la apoteosis sentimental de la película, Rain, compuesto por el pianista de jazz Senri Oe e interpretado por Motohiro Hata. Kura-Okami los cría y ellos se juntan.

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