El Rey Trasgo: Títeres de Sangre, de Alberto Morán Roa

Alberto Morán regresa con un nuevo capítulo de El Rey Trasgo, la saga de fantasía que tiene todo lo que te gusta.
Por Chema Mansilla

Puedo deciros que El Rey Trasgo: Títeres de Sangre es uno de los libros de fantasía que más he disfrutado, por lo menos, desde que leí el primer libro de la saga. De nuevo, no es que sea un buen libro de fantasía, es que es un buen libro. Y además es de fantasía.
En su momento comenté aquí cómo llegué a leer La ciudadela y la montaña por casualidad, y cómo ahora me siento honrado de ser banderizo de esta saga de la que soy un admirador absoluto.
Imagino que dicho eso se dudará completamente de mi imparcialidad a la hora de reseñar este libro. Y más todavía cuando diga que Títeres de Sangre está todavía mejor escrito que su antecesor. El estilo de Alberto es más ágil. Creo que se siente más cómodo escribiendo, y yo me he sentido más cómodo leyendo. Incluso se ha permitido ciertas licencias creativas como autor que no se tomó en el primer libro. Títeres de sangre contiene algunos pasajes de una belleza poética sugerente, pero no ñoña. Y algunas frases lapidarias dignas de ser talladas en piedra. Como lector creo que Alberto está alcanzando una madurez como escritor que ya la quisieran muchos nombres consagrados del género y otros “superventas”.

Dada la de arena, la de cal. Porque hay que ser justo y a nadie le favorece no ser sincero en este aspecto. Títeres de Sangre también tiene dos sombras. Partiendo del hecho de que es un buen libro en general, hay que reconocer que algunas ocasiones el ritmo narrativo pierde cierta intensidad, y no sé hasta qué punto es algo buscado. Es la sombra de tener varios frentes abiertos, diferentes tramas con diferentes protagonistas. Evidentemente no todas las historias alcanzan el mismo nivel de intensidad en el mismo momento, y por eso en alguna ocasión pasamos de un momento de alta tensión a otro más descriptivo. ¿Es algo grave? No demasiado, pero el bajón existe.
La otra sombra es la de la mezcla de elementos. Alberto mezcla conceptos mágicos, con batallas, conspiraciones, venganzas, terrores y mil temas más. La mezcla funciona bien y es lo suficientemente potente como para mantener al lector enganchado, pero hay cierto momento en el libro, un momento de gran interés y giro argumental, en el que el golpe de timón es tan brusco que desorienta. Una nueva pieza en el puzzle de la trama del libro que sí, encaja perfectamente, pero es introducida tan de sopetón en el argumento que desconcierta. Como si en un juego de cartas a tu contrincante le acabara de salir justo la única carta con la que podía ganarte la mano que dabas como segura. Está dentro de las reglas, pero desconcierta. También es parte de la diversión.

Dicho esto, añadiré qué es lo que más me gusta de Títeres de Sangre: que habrá más, y que seguramente sea mejor. Porque la historia sigue, y también Alberto seguirá mejorando como autor. Ya estoy completamente comprometido con los personajes, con sus historias, así que espero con ganas la siguiente entrega de la saga. Y si Alberto, de un libro a otro ha sido capaz de madurar su estilo de esta manera, la lectura del próximo libro será algo excepcional.
Para terminar, no haré la jugada de comparar El Rey Trasgo con otras obras extranjeras de éxito con las que comparte género, pero sí diré que si a Gigamesh se le apareció San Ben Kenobi con los libros de Martin, a los amigos de Kelonia le ha pasado lo mismo con Alberto Morán Roa.

Quiero sentarme con Alberto a tomar unas cañas y que me cuente de dónde viene El Rey Trasgo. Porque El Rey Trasgo está vivo. Tras cada palabra impresa y cada personaje puedo entrever que hay algo que late y que es más grande que el papel que lo contiene. Tal vez sea el entusiasmo con el que escribe Alberto. Una pasión tan grande por la fantasía que otorga vida a sus creaciones, como si de un sangriento titiritero se tratara…

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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