El Último Aragonés vivo.

Odiamos porque somos hermanos. Cuanto más cerca mejor. Cuanto más solos más odio. Cuanto más fronterizo más bilis. Y lo que nos reímos, válgame.

Por Javier Marquina.

Cagarte en el vecino. Que ritual tan humano, tan propio, tan cándidamente terrorífico. Odiarlo por el mero hecho de vivir frente a ti, en el pueblo de al lado, en la ciudad vecina, en el país con el que haces frontera. Si además este vecino es un chovinista recalcitrante, odioso y te ha invadido hace un par de siglos para intentar anexionarte a su imperio de grandeza, entonces el odio además de encantador y telúrico, se convierte en algo justificado y casi razonable.

El cómic, como buen arte que se precie, no puede mantenerse alejado de las emociones humanas, y se alimenta de ellas para reflejarnos en una representación a veces demasiado clara de nuestras miserias y errores. Si bajamos un escalón en el género y hablamos de cómic aragonés, este reflejo del odio vecinal y fraternal, más allá del odio local o provincial, tiene para los aragoneses y sobre todo para los zaragozanos un claro objetivo. Por proximidad y por animosidad belicosa. Sí. En efecto. Los franceses. Los gabachos. Los hijos de la Francia.

portada EUAV3El último aragonés vivo fue un corto que tuvo gran éxito en nuestro terruño e intoxicó la red gracias a la magia de YouTube . Propulsado por este éxito se convirtió en película amparada por la difusión digital y por la fama de su cara protagonista en el Reino de Aragón, uno de los protagonistas del aquí muy célebre Oregón Televisión. No voy a decir que el salto al cómic era el paso lógico, ya que hablar de cómic en según qué círculos es mirar a los ojos a la muerte, pero sí que puedo decir que al menos fue un paso afortunado. Si además el guión corre a cargo del guionista original del corto y la película (David Terrer) y de los dibujos se encarga un clásico de lo ácido y del humor bestia, célebre colaborador de El Jueves como es Carlos Azagra, pues la cosa huele de maravilla. A tinta, papel satinado y mala leche. Una vez más hay que agradecer a los amigos de GP Ediciones su fuerza de voluntad y sus ganas para sacar adelante proyectos de este tipo, tebeos divertidos, aragoneses y, en este caso, bestias e irreverentes y llenos de mala leche. Porque la mala leche, la hostia cruzada, la patada en los huevos, el cabreo y la baba venenosa son elementos consustanciales de nuestro pueblo cada vez que se habla de franceses. Que mira que nos gustan poco. Y lo mal que se lavan. Y lo raro que hablan. Y no conocen la cera de depilar. Y están muy cerca. Demasiado. Ése es el problema. Son vecinos. A odiarlos.

El último Aragonés vivo es un tebeo divertido, entretenido, fiel al estilo del dibujante, un trasunto casposo y local de ese Robert Neville heroico, solo que en vez de matar vampiros, se encarga de defenestrar gabachos. Todo muy lírico, muy poético y sobre todo muy divertido. Para pasar un buen rato, que es de lo que se trata. Y para recordar a Agustina de Aragón, a Palafox y a Nayim, todos héroes zaragozanos y zaragocistas. Eso. De Zaragoza. Maños. Ellos. Yo no. Que yo soy de Huesca. DE HUESCA. Y no soy maño. No me jodas. Cheposo. Yo. Ni de coña. Malditos vecinos…

El corto original.

Sigue a La isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Acerca de Javier Marquina 196 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

1 comentario en El Último Aragonés vivo.

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*