El último gran héroe (nietzscheano) de acción.

De nuevo con McClane, en el lugar y momento equivocados. Y qué bien lo pasamos.
Por Chema Mansilla


Hoy se estrena la quinta entrega de la saga cinematógráfica de acción por excelencia. No es un una gran película. Adolece, en fase terminal, de una terrible enfermedad: «explosividitis». Seguramente ese no sea el término médico exacto, pero me vale para describir los síntomas. Muchos disparos, un indolente uso de la cámara en mano y le necesidad sistemática de hacer volar las cosas por los aires. Suele venir acompañado de olor a queroseno y pólvora. A estas alturas, cualquier médico daría por perdida esta cinta para la crítica. ¿O no?

la-jungla-un-buen-dia-para-morirNo es una gran película, y desde luego, no le hace justicia a la orginal. Pero también me ha parecido una película mucho más divertida que la cuarta, que sabe vivir de la rentas y que no reniega en ningún momento de su espíritu palomitero. Es una película que, como treintañero (yo crecí en los 80 y sobreviví) he disfrutado con una satisfactoria sonrisa infantil.

La Jungla 5 sabe cuales son sus puntos fuertes: Bruce Willis, el «más difícil todavía» y el eterno retorno. Willis vuelve como el incombustible y a prueba de balas John McClane, el personaje al que todo debe. El John Wayne de mi generación. Lo hace de nuevo desde esa forma en la que se está especializando últimamente, la del héroe de acción veterano. Lo hemos visto en Los Mercenarios 2, muy pronto otra vez en la nueva de G.I. JOE.

Si en los 80 y los 90 Willis era el mejor ejemplo del «working class hero», el héroe que es golpeado y vapuleado durante todo el metraje, como Harrison Ford en Indiana Jones (y Matt Murdock o Peter Parker con sus pijamas en Marvel), aquí demuestra que ha envejecido estupendamente. Casi milagrosamente. En la Jungla 5 McClane corre, salta, dispara, conduce y, sí, el más difícil todavía, vuela. No hace mucho hemos visto cómo Indy y Ford consagraban el paradigma del veterano héroe con artrosis, para perjuicio de las generaciones más jóvenes y vergüenza de las las veteranas. Mientras, McClane y Willis se descartan con un sonoro «There is no school like the old school». McClane es el rocknrolla, es el Keith Richards del cine de acción.

Vuelvo con Indy, En La Última Cruzada un soberbio Sean Connery le daba magistralmente el relevo a Ford, de James Bond a Indiana Jones, para que años más tarde Shia LaBeouf lo perdiera haciendo el mono por la selva peruana. En esta ocasión McClane lo deja muy claro al reencontrase con su hijo: «no somos una familia de muchos abrazos». Aquí el McGuffin de McClane es ir a buscar a su hijo a Moscú para luego hacer lo que mejor sabe hacer. El relevo generacional está ahí, pero el protagonista sigue siendo el veterano. Ni la disfuncional relación parterno-filial, ni la redención de McClane como padre deficiente, ni en general la trama, tienen mayor importancia a la hora de encadenar una de las persecuciones de coches más espectaculares de los últimos años con un tiroteo tras otro. Claro, para eso es Bruce Willis, su nombre sale el primero en los crédito y su foto más grande en el cartel.

Sí, es la misma piscina del Call of Duty: Modern Warfare 2
Sí, es la misma piscina del Call of Duty: Modern Warfare 2

Dicho todo eso, entra ahora en juego esa sensación deliciosa que uno tiene al ver las pelis de Jungla de Cristal (imagino que, a estas alturas, aquel que tituló así la primera peli en España debe de estar en busca y captura): el eterno retorno. Como diría el demonio nocturno y susurrante aquel del que hablaba Nietzsche, revivir una y otra vez nuestra vida con sus luces y sus sombras, goces y dolores. Todas las pelis de la saga visitan unos lugares comunes, más allá del evidente (y reconfortante) Yeepee-kai-ay  y de los que el fan de la saga (más que el espectador casual) sabrá disfrutar.

La Jungla 5 tiene un punto extra más a su favor: su estreno el día de los enamorados (a España llega un día después). Chicas, un buen regalo de San Valentín atrasado que hacerle a vuestro novio, que luego además (no todo iba a ser para él) os hará el amor desenfrenadamente debido a su hipotálamo abotargado por la testosterona y la adrenalina segregada durante la película, confuso y perdido en un mar de febril excitación sexual. Garantía de Bruce Willis.

A GOOD DAY TO DIE HARD

En Pulp Fiction le decían a Willis: «no existe el gran día para los boxeadores veteranos». Y McClane seguramente ha visto pasar ya su gran momento. Jungla de Cristal no es, ni de lejos, la mejor peli de la saga. Pero tampoco es la peor. Como los Stones (que ponen canción para el final de la peli), a pesar de que sus conciertos ya no son geniales, siguen siendo el mayor espectáculo del mundo. «Tan joven y tan viejo, like a Rolling Stone.»

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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