Empress, de Millar e Immonen

Millar crea su propia Star Wars para Marvel.
Por Chema Mansilla

Hace poco os comentaba aquí mismo que Mark Millar me cae bien. Y es que me parece que es un autor resuelto a divertir y divertirse.Que lo hace con un ojo puesto en las carretillas de dinero que Hollywood pueda dejar en la puerta de su casa a cambio de las adaptaciones de sus cómics. También, pero es que Millar es humano e imagino que también sentirá debilidades económicas, como todos. El caso es que Millar firma para Marvel una space opera trepidante y divertida cuya única preocupación narrativa es la de saltar de una emocionante situación a otra todavía más peliaguda. En la genial Starlight (reseñas aquí y aquí), que revisionaba su propio concepto de las aventuras de Flash Gordon, el espíritu de los viejos seriales de aventuras en mente era un lejano recurso inspiracional. En Empress este espíritu en la excusa misma con la que enganchar a los lectores, y el referente directo tanto en lo estético como en lo narrativo es Star Wars.

La emperatriz del título es la protagonista de esta cósmica a ventura, que abandona a su tiránico marido, caudillo de multitud de planeta y remedo de personajes como Thanos o Darkseid, junto con sus hijos y el capitán de su guardia personal, un tipo que no podía estar más inspirado en el imaginario de George Lucas. La narración comienza en la Tierra hace miles de años, en el apogeo de una civilización perdida de esas de las que tanto le gusta hablar al bueno de Erik Von Daniken. Una excusa perfecta para que ya en el primer número de esta serie ya podamos ver enormes ciudades futuristas, naves espaciales, alienígenas con armadura, pistolas de rayos y dinosaurios. Porque esto es obra de Millar y a Millar le gusta mezclar cosas. Ojalá todo el mundo lo hiciera tan bien…

Como os decía la narrativa salta de un momento de emoción a otro, usando el cliffhanger como Tiësto usa el chunda-chunda. No engañaré a nadie diciendo que no hay mucho más donde rascar. Quien busque una lectura de sillón orejero tal vez no encuentre las profundas reflexiones vitales que su inquieto corazón ansía. Aquí hay huidas desesperadas, enormes criaturas feroces, guerreros del espacio, y demás parafernalia del género. Y aunque he disfrutado enormemente de su lectura, tal vez sea la obra de Millar con menos trasfondo (de momento, en sus primeros cinco números) de cuantas ha firmado. Tampoco es algo que se le pueda echar en cara, ya que las dosis de wow factor son altas.

Y pocos dibujantes de cómic ahora mismo consiguen sacarme un “wow” como el estupendo Stuart Immonen, el responsable de los lápices de este cómic. Immonen aterriza en Empress tras darlo todo en las páginas de Vengadores y Star Wars (también para Marvel) y el tono de la serie es una oportunidad tras otra para lucirse con diseños chulos y situaciones explosivas donde su dominio del dibujo anatómico y sus composiciones convierten la serie entodo un espectáculo. Eso sí, tal vez el trabajo de entintado y coloreado no sea todo lo bueno que su trabajo original. Si compramos las páginas finales de Empress con otras de sus recientes trrabajos como las citadas anteriormente, las notaremos algo flojas. Les falta “punch”, como dicen los modernos. En Empress los dibujos parecen faltos de contraste y saturación, algo que siempre llevaba el magnífico trabajo de Immonen a cotas de maravillosidad absoluta. Me pongo un poco con tan solo escribirlo… El cao es sin ser, en absoluto, un mal trabajo, tampoco podemos decir que sea el mejor, si bien me parece que no es cosa suya. En todo caso, le echaremos la culpa al editor…

Ya que esto no deja de ser un texto de crítica, mo puedo dejar de mencionar, aunque sea de pasada, los evidentes paralelismo de esta serie con LOW, esa otra maravilla editada por Image y que ya os recomendamos aquí como lectura obligatoria. Y digo paralelismo porque decir plagio, y señalar con el dedo está muy feo. Pero oye, si te gusta una, ¿por qué decir que no a una ración doble de molonidad?

Si obviamos ese detalle, nos encontramos ante otro trabajo palomitero de Millar. Puro onanismo galáctico que peca y adolece de todos y cada uno de los tópicos de un pastiche galáctico que quiere ser Star Wars, pero que no lo es. Pero que la falta de soldados de asalto o wookies no te impida disfrutar de esta estupenda historia. Porque está pensada para divertir, y nada más. Así que si sólo quieres divertirte, aquí tienes un cómic con el que puedes pasear cogido de la mano y llevártelo a la cama. Para leerlo, se entiende. Dicho esto, y recomendando totalmente la lectura de Empress, aprovecho para cerrar este texto con una reflexión (nada genial) sobre Millar. Que este pájaro escribe como loco pensando cada viñeta para que alguien en Hollywood le compre los derechos de cada cómic para hacer una peli es evidente. Tampoco le ha ido mal de momento con esa táctica, la verdad. También es evidente que Millar está muy atento en lo que está triunfando en el cine y las series. Si pasado mañana, tras los supertipos y las guerras galácticas se ponen de moda las películas sobre carreras de caballos, no me cabe ninguna duda de que Millar escribirá un cómic. Sólo que en ese cómic además de caballos, tendremos dromedarios con patas cibernéticas, ponies modificados genéticamente, zebras del espacio exterior y velocirraptores. Básicamente todo lo que pueda correr por una pista. Porque a Millar además de los dinosaurios le gusta la pasta gansa. Y me parece bien, siempre que sus tebeos sigan siendo así de divertidos.

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