ENORMOUS. Ojalá todo del mismo tamaño.

Enormous es un cómic postapocalíptico en el que salen bichos muy grandes. Muy, muy grandes. Gigantescos. Descomunales. Enormes. Sí. Eso. Enormes.

Por Javier Marquina.

Desde que leí la maravillosa novela corta de Stephen King, La Niebla, siento una fascinación absoluta por los escenarios apocalípticos en los que nuestro planeta es invadido por toda clase de seres extraños, proboscidios, pandimensonales y con una querencia enfermiza por devorar carne humana. Esta idea de claros tintes lovecraftianos es como un gigantesco imán al que no puedo resistirme, y mi predisposición para ser benévolo y tragarme lo que sea alcanza cotas vergonzantes en las que pongo por delante el tamaño y la cantidad de tentáculos a la calidad del guión o a las bondades del dibujo.

Casi siempre.

EnormousSupongo que hay una primera vez para todo. Hasta para aburrirse hasta la inconsciencia con uno de tus géneros favoritos. La constante repetición de tópicos que el plúmbeo guión de Tim Daniel incorpora, es una oda a la expresión “been there, done that” (ya he estado allí, ya he hecho eso) que se arrastra con lentitud desesperante por un tomo de 180 páginas. No hay ni una aportación nueva o interesante a la historia, y los personajes son un catálogo manido de estereotipos clásicos y predecibles que anulan cualquier posibilidad de sorpresa. Sabemos lo que va a pasar en cada viñeta y cuando se genere alguna pregunta, nos damos cuenta con hastío que no nos importa un carajo la respuesta. Hasta la premisa es idéntica a tantos otros dramas catastróficos que intentan adoctrinarnos: “El hombre es el animal más peligroso”. “El hombre es el verdadero monstruo”. “El hombre es idiota”. Bla, bla, bla.

Es cierto que este tipo de tebeos no necesita reinventar la pólvora para ser efectivo, y que su éxito se basa un una combinación acertada de espectacularidad, muertes cargadas de hemoglobina y un diseño innovador de los horripilantes seres que irán poblando la desesperada huida hacia adelante de los protagonistas. Para ello, el dibujo eficaz, innovador e inteligente es una baza indispensable para que el conjunto funcione. Debe impresionar, dar asco y resultar original. Es algo indispensable sin el que es difícil sentir las emociones que deben ser transmitidas por la narración. Lástima. En Enormous, la labor de Mehdi Cheggour parace dedicada a convertirse en un Greg Land hormonado e hipertrofiado, carne de proyector Supergrafix, iluminado por la purpurina de la infografía como un árbol de Navidad del tamaño de las bestias que se representan. Falto de ritmo, tan aburrido como la trama, el arte de Cheggour es el ingrediente perfecto para convertir el global en un disparatado espectáculo de efectos especiales que contemplas mirando el Sol con los ojos muy abiertos. Lo que te queda tras el trauma son perpetuas manchas blancas en tu campo visual y una córnea totalmente abrasada.

Ni siquiera el alivio de enfrentarse a una serie cerrada y contenida en un único tomo alivia el trance de llegar a la última página. Ya hacia la mitad del volumen uno se da cuenta de que, a la velocidad que transcurren las cosas, esto puede ser tan largo como The Walking Dead, aunque sin ninguno de los aciertos que han convertido a la epopeya de los muertos vivientes en una saga icónica para la cultura popular moderna a pesar de su hipertrofiada duración. Aquí, para desgracia de los lectores, por mucho que dividas la nada, el resultado siempre será nada.

¡Huid insensatos!
¡Huid insensatos!

Reconozco que la relativa (o excesiva) crueldad con la que estoy valorando este volumen se ha visto amplificada por la pasión misma que profeso hacia cómics, libros y películas que transitan los mismos caminos que Enormous, pero es lo malo de verter opiniones críticas con el corazón en la mano. No hay espacio para lo medido, lo centrado, lo objetivo o lo imparcial. La desilusión es un poderoso combustible para el cabreo, y quizá debería haber hecho caso a a ese radar cultivado tras muchos años de lectura y coleccionismo que me suele avisar cuando lo que compro no me va a gustar. En mi defensa diré que en la portada salía un bicho de aspecto alienígena de gran tamaño grande y ojos rojos. Un bicho muy grande. Gigantesco. Descomunal. Gargantuesco. Enorme. Sí. eso. Enorme. Ojalá el material del interior hubiera tenido la misma talla.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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