Es jodido ser friki.

El futuro de la pila depende de ti.

Amigos, hoy vengo a hablaros de esas cosas que vienen a ti, persona inconsciente que colecciona ajena al desastre.

Por Javier Marquina.

Y es que no estoy hablando de eso que metemos en la radio para que nos den noticas de mierda o nos pongan música detestable. Estoy hablando de esa torre informe, enorme, siempre creciente, imparable, en la que vamos acumulando las cosas pendientes. Podría estar hablando de la vida, y la verdad es que como metáfora puede parecer un hallazgo romántico y adecuado, pero ya que estoy en La Isla y aquí lo que mola es el frikismo, voy a hablar de la lista de lecturas pendientes y de cómo estas van conformando una torre aterradora digna de slasher de los 80: LA PILA.

Y es que esto de ser friki es tan apasionante y curioso, que la manera en que afecta a tu vida va evolucionando lentamente, crece contigo y se va acomodando a tus circunstancias para estar siempre ahí. Esa es la premisa básica: no abandonarte jamás. Para que, hagas lo que hagas, esa fiebre, ese virus, esa afición que va tocando como una bola curva la parte de tu cerebro que brilla con obsesión, permanezca en tu vida como el cartel de neón de un Motel lleno de psicópatas que define tu vida.

Al principio, recién inoculado, tu principal problema consiste en escoger con cuidado las excusas que les contarás a tus padres para que te financien el vicio. Es cierto que leer cómic es ligeramente menos dañino que la heroína o esa droga que te impulsa a devorar a tus congéneres, pero a ojos de tus progenitores, entre los tebeos del Capitán América y el Crack, sólo había un grado de separación. Así que imaginad las odiseas, las excusas y los arduos procesos mentales con los que uno justificaba las compras de aquellos cómics infernales o en dónde coño se invertía tu paga semanal.

Cuando el dinero deja de ser un problema tan acuciante, debido a que ya tienes un trabajo de esclavo respetable, una nómina  y una cuenta corriente que llora y sufre cada vez que te acercas a tu librería especializada de cabecera, descubres que tus temores cambian de máscara y tus problemas se adaptan con rapidez digna de La Patrulla X. Afortunadamente, tus padres no te han repudiado y te inflan a tupers llenos de comida y te siguen comprando la ropa, ya que si la Pirámide de Maslow se basará en ti, jodías todos los planes de marketing del mundo en menos de 5 minutos. Cuando decides que la comida es secundaria y que vestirse es cosa de cobardes, es cuando surge el segundo problema que viene a suplir el económico. Te está quedando sin espacio. Sin sitio. Sin lugares en los que guardar todo lo que consumes. ¿El saber no ocupa lugar? Y UNA MIERDA. 10.000 comics necesitan más sitio que una familia albanesa completa. Un horror.

Afortunadamente, la muy loable cultura española del derroche y la propiedad hace que gracias a tu miserable sueldo y a cientos de avales de tus padres que no paran de llorar pensando: “¿qué hemos hecho nosotros para merecer esto?” consigas una vivienda en propiedad. En propiedad del banco, por supuesto, que para eso las hipotecas son a 50 años. De esas que nunca acabarás de pagar. Pero eso no te importa. Tienes un chamizo en el que desplegar estanterías y ordenar por fin y a tu gusto tu preciada colección. La cuota hipotecaria vuelve a convertir el dinero en un problema, pero te prostituyes en las rotondas de la Colonia Marconi porque en tu vida siempre ha habido prioridades. Tienes dinero. Tienes espacio. Y entonces, una vez más, los problemas se transforman y llega el tercer inconveniente, el tercer problema. Entonces llega LA PILA.

Y es que tu tercer problema es el tiempo. No te da. No llegas. No hay manera. Tienes un trabajo, una vida social y necesidad de dormir. Al menos 4 horas al día. Colaboras con 14 blogs, 10 revistas y eres adicto a redes sociales varias. Tu lista de pendientes no deja de aumentar, porque además, y como eres un enfermo despreciable, no dejas ni un mes de comprar novedades en todos los ámbitos de ocio friki que uno pueda imaginar. Y claro. LA PILA crece y crece de manera inexorable, inmisericorde, imparable. Se convierte en una auténtica torre que engorda hasta convertirse en un ser más alto que tú, y entonces llegas al convencimiento de que jamás podrás leerte todo lo que tienes. Pero no te importa, porque eres un adicto a los colores de cada uno de los nuevos tomos que las editoriales, entes tiránicos que lo único que buscan es despellejarte vivo y llevar el pan a las casas de sus trabajadores, sacan mes a mes de manera cruel y artera. Tomo tras tomo tras tomo LA PILA aumenta de tamaño, colándose por los rincones de tu psique, avasallando tu tiempo libre, ocupando espacio en cada una de tus neuras. Te hace sentir culpable. Te dice que así no se puede seguir. Te advierte que estás llegando al límite pero, mientras lo hace, no deja de susurrarte como una sirena tarifaria ávida de tu cordura y tu cartera. Así que sigues comprando. Y sigue creciendo. Y en tu yo interno sabes que quizás cuando te jubiles… quizás…

LA PILA. Evolución ilógica de carencias como el dinero, el espacio y el tiempo.

LA PILA como ejemplo fehaciente de que ser friki es jodidamente duro y complicado.

Y lo que nos gusta.

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Acerca de Javier Marquina 210 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

2 comentarios en Es jodido ser friki.

  1. Lo que me he reído leyendo esta entrada.

    Subrayo:
    “…gracias a tu miserable sueldo y a cientos de avales de tus padres que no paran de llorar pensando: “¿qué hemos hecho nosotros para merecer esto?” consigas una vivienda en propiedad. En propiedad del banco, por supuesto, que para eso las hipotecas son a 50 años.”
    “La cuota hipotecaria vuelve a convertir el dinero en un problema, pero te prostituyes en las rotondas de la Colonia Marconi porque en tu vida siempre ha habido prioridades.”

    Y un poco identificado me he sentido, aunque no soy fan de los comics, si de los libros en general, series y peliculas. Demos gracias al Señor por los formatos digitales, que solucionan el tema del espacio pero multiplican exponencialmente el de LA PILA.

    Saludos desde Argentina.

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