Escribir y el sentido de la vida.

Ya me perdonaréis esta sucinta diarrea mental, pero a veces uno debe hacer lo que debe hacer. Como desvariar, por ejemplo.

Por Javier Marquina.

Excusas. Sólo necesitamos eso. Excusas. Cualquiera es buena para inundar el mundo con nuestra opinión acerca de las cosas, con nuestras melifluas vivencias o toda esa retórica barata que nos invade cuando la angustia existencial nos posee.

A veces, si tenemos suerte y aceptan nuestra prosa como colaborador en la web de turno, disfrazamos esta excusa de reseña para vomitar nuestros problemas en forma de ira, o nuestro amor en forma de adoración por la obra. En el fondo, siempre se escribe conforme al estado de ánimo que se experimenta, y los más avezados lectores siempre pueden encontrar trazas del alma del escritor en cada cosa que publica.

Escribir es buscar sin descanso la solución a esa comezón que te devora el alma y te hace preguntarte una y otra vez cual es el propósito de las cosas y, lo que es más importante, por qúe ese vacío que considera tu estómago como un Benidorm visceral, ha decidido vivir contigo cada uno de los días. Escribir es plantarte delante de la pantalla en blanco, apoyar los dedos en el teclado con delicadeza y encontrar tu razón para llenarlo todo de palabras en algo que acabas de leer, ver o escuchar. El accesorio, el mcguffin, el truco que te ayude a desahogarte. Por que escribir es el exorcismo supremo, el enfrentamiento máximo con eso otro yo que muchas veces tratamos de perseguir y nos amarga la vida. Escribir es construir el ordenador todopoderoso y preguntarle sin ambages cual es el sentido de la vida y que la respuesta sea, como no puede ser de otra manera: 42.

Ver La Guía de Autoestopista Galáctico, por ejemplo. La razón perfecta para pensar en lo absurdo de todo esto, el lo poco razonable que, en el fondo, es vivir. Ver caer una maceta y una ballena y darte cuenta de que en el fondo sólo somos cetáceos cayendo a velocidad terminal hacia un suelo frío e inexorable. El destino como farsa inevitable. La razón de la existencia. El sentido de la vida. 42.

Es cierto que ver películas de esas que se dicen serias acongoja más, es más tolerable socialmente y te transforma en uno de eso elementos de lo establecido que miran al futuro con cara de angustia, con cara de “sí, yo veo las películas de Lars Von Trier”. Pero ya sea un planeta en colisión que extermina la vida en la Tierra o un error burocrático que atomiza nuestro mundo, al final, el arte, aquello que consumimos por el puro placer hedonista de hacer otra cosa que dormir y trabajar, no es sino una excusa, un engaño para enfrentarnos a preguntas que dan vértigo y a las que no podremos contestar. Porque no tienen contestación. Ni explicación. Porque vivir es aleatorio y casual, y el sentido de la vida es que al final la vida no tiene ningún sentido.

Por eso escribo reseñas. Incapaz de la tenacidad que implica acabar una novela, consumo cultura para poder hablar de ella, como medio de expresarme, como canal por el que vomitar mi angustia vital, ese desazonador sentimiento que, por absurdo, nos deja vacíos y tristes y solos ante la inmensidad de la pregunta.

Qué gran película. Grande porque camufla con humor la razón de todo esto. Porque tras billones de años de búsqueda, todo ese mundo interior que hacemos florecer con el ego inflado, con esa soberbia de creernos únicos, se resuelve en una respuesta tan simple como contundente, aplastante y desoladora. Vivimos porque todo, al final, se resume en una cifra. El determinismo condensado en un punto espacial. En un número que ni siquiera es primo. En dos dígitos de potencia devastadora.

Señores, la vida es 42.

Sigue a La isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Acerca de Javier Marquina 218 Articles

Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

3 comentarios en Escribir y el sentido de la vida.

  1. (Sonido de aplausos) Me descubro ante vos, vuesa merced! No habría sabido expresarlo mejor, ni de forma tan sucinta y directa. Yo me pierdo en palabras en intentos infructuosos de poder describir esa desazón vital que me corroe. Te admiro por saber concretar tanto y tan bien…

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*