ESTE DEL OESTE: parece el título de una de Esteso, pero es lo último de Hickman.

¿Qué me está pasando? ¿He leído cómics con anisakis? ¿Por qué siento esta repentina aversión por los tebeos de la Marvel? ¿Por qué el mismo guionista realiza trabajos que me aburren soberanamente en La Casa de la Ideas y sin embargo cuando escribe para otras editoriales me lo paso como un enano?

Por Javier Marquina.

 

Pues sí. Los Vengadores de Hickman me aburren de manera soberana. Quizá es que me mareo cuando me acerco a mi librería de cabecera y me pierdo entre los 15 o 20 títulos diferentes con la V destacando en un lugar privilegiado. Mucha gente me dice que debo darles otra oportunidad, que Hickman no hace cosas malas, pero la verdad es que lo he intentado un par de veces y no hay manera. Me pongo a leer las andanzas de su título y me duermo. Invariablemente. Demasiados personajes que no me interesan en un Universo plagado de maravilloso villanos clásicos desaprovechados. No sé. No voy a volver a hablar del creciente desapego que siento por ese mundo que antes me daba la vida, pero parece que la maldición se ha ido extendiendo lentamente, como un virus, y ahora siento nulo interés por lo que le pase a los mutantes, a Spiderman, o a la Rana Saltarina.

Y lo digo entre azorado y contrariado, porque tal y como decía en la introducción, Hickman es un guionista que alejado de las grandes editoriales, me apasiona. Me apasionan sus Proyectos Manhattan como ya comenté hace meses en esta misma web y me ha encantado este primer tomo de Este del Oeste.

Parece pero no es.

Y es que con ese título, mi amigo Jonatahn ya me había ganado. Cuando lo vi en la estantería de la Fnac no pude evitar esbozar una sonrisita cómplice, recordando míticas tardes de colegueo, cervezas de botellín y visionandos sin pausa de Los Bingueros o El Erótico Enmascarado. Pequeños placeres culpables que te moldean como cinéfago y persona. Ver además el sello Image hizo que desapareciera cualquier atisbo de culpabilidad por una compra a ciegas, así que lo metí en mis ingente cesta de la compra y lo añadí a la malhadada y terrible PILA. (Del estupendo trabajo de Nick Dragotta hablaré después).

Y una vez más, y amparado por un sello independiente (aunque cada vez menos pequeño), Hickman se destapa como un guionista de ciencia ficción competente, cuando no sobresaliente. Apartado de la correas cada vez más laxas de la continuidad marvelita, el escritor parece libre y desarrolla ideas y conceptos quizás no muy diferentes de de los expuestos en la páginas vengativas, pero que resultan más atractivos y brillantes en universos propios. Es cierto que Jonathan Hickman no es guionista más original del mundo, aunque a menudo le gusta aparentarlo; es cierto que a menudo maneja conceptos repetitivos y los viste de grandilocuencia para que parezcan gigantes siendo sólo niños; es cierto que ese Muerte que deambula buscando venganza por un Far West alternativo recuerda poderosamente a cierto Santo Asesino de cierta colección de cierto Predicador persuasivo; es cierto que abordar una vez más el Apocalipsis y la enésima ucronía no es la panacea que resuelve todos los problemas argumentales; vale, lo acepto, pero es que cuando este tío lo hace, lo hace bien, y yo agradezco buenas historias contadas de buenas maneras.

El Santo de los Asesin… UPS.

Las ilustraciones de Este del Oeste corren a cargo de Nick Dragotta, alguien que conocí de manos del propio Hickman durante su etapa en Los 4 Fantásticos y que al principio me pareció un dibujante correcto, sin mucho brillo, con ciertas reminiscencias al maestro Kirby y que, número a número, se ha ido convirtiendo en uno de esos dibujantes con regusto clásico que aúnan espectacularidad y saber hacer de una manera que hace que quiera llorar cada vez que recuerdo que yo compraba cómics de Rob Liefeld. Dios bendiga a las madres que parieron y a los padres que pusieron la semillita de esta hornada de genios como David Aja, Chris Samnee, Paolo Rivera, Marcos Martín o el propio Dragotta.

Poco más que decir, aparte del siempre abusivo precio de nuestra querida y amada Norma por un tomo de tapa blanda, tendencia comercial que aprece extenderse como la pólvora en una cada vez más enloquecida carrera de despropósitos tarifarios. Este del Oeste es un buen cómic. Con un buen guión. Y un buen dibujo. ¿Hace falta más? No lo creo. A mí me gusta.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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