ETERNA JUVENTUD: buenas preguntas, respuestas reguleras

Hay autores con buenas ideas pero escasa formación para llevarlas a cabo del modo en que se merecen. Pero no por ello hay que, culturalmente, ponerles una bolsa en la cabeza y pegarles un tiro en la nuca. Eterna Juventud es otra muestra de ello.

Por Patri Tezanos

eterna-juventud-ebook-9788445000427Me encantan los “y si…”. Tanto, que si por mi fuera lo constituiría como un género creativo y no dejaría de deslizar billetes bajo la goma de su húmedo tanga. A este hipotético género pertenece “Eterna Juventud”, de Drew Magary, un libro que empecé con inmensas ganas dada su premisa pero que a lo largo de su lectura fue constituyéndose en decepción. Aún así, estoy escribiendo esto con el ánimo de recomendarlo, porque no todo puede ser perfecto en la viña de Dios pero tampoco hay que ser tan quisquilloso con lo que uno lee. Mantengamos una mentalidad abierta, por caridad.

El “y si…” que nos presenta “Eterna Juventud” es harto interesante: la humanidad ha encontrado la cura contra la vejez, La Cura. Con ella, todo cuerpo que se la aplica no envejece nunca. Es decir, por ti no pasa el tiempo, pero sigues pudiendo morir de cáncer, de un disparo en la cabeza o ahogado por un hueso de aceituna. Lo “único” que has vencido es la batalla contra el tiempo. Es una gran victoria. La idea por sí sola ya es petardeante. Surgen ante su portada millones de preguntas: ¿cómo será recibido el invento? ¿tú te la inyectarías? ¿la humanidad sería capaz de sobrevivir a esta explosión de atemporalidad? ¿cómo nos organizaríamos? ¿cómo viviríamos? ¿cuál sería ahora el valor de la vida? ¿estaríamos más o menos preocupados por procurarnos salud y bienestar? ¿seríamos una sociedad de hipocondríacos? Y un larguísimo etcétera.

No obstante, los tipos que tienen ideas interesantes pero escriben mal son tipos peligrosos. Peligrosos porque son capaces de convertir esa taquicardia inicial en una bradicardia a cámara superlenta, y ese sentimiento es peor que si no hubieran despertado ningún interés con ideas interesantes. Y Drew Magary, el autor, es uno de ellos. No le podemos culpar: escritor para revistas que, digamos, no se caracterizan por el buen hacer de sus periodistas. El tipo lo intenta, pero su estilo se limita a la descripción más que a la narración y su imaginación contrafáctica es en muchas ocasiones Antoñita La Fantástica. Así, las premisas que establece son muy buenas, pero las desarrolla de una forma tan infantiloide que, aunque se supone que nos hallamos ante un libro de Ciencia Ficción (ahí ha sido encajado), la ciencia de su ficción (es decir, el escribir con conocimiento de causa) es más bien un jueguecito de Quiminova, o, en este caso, de Socionova.

Pero voy a dejar de aborrecer porque tampoco hay que ser así. Hay que apreciar que haya personas que lo intenten, y el libro no es tan horrible como lo estoy pintando. Aunque carece por completo de valor literario, es, como he dicho,  un buen compendio de buenas ideas que ojalá alguien retome y le diga al autor un “quita, que tú no sabes”. Eterna Juventud plantea cuestiones interesantes aunque se limiten más bien a la parte social morbosa y de andar por casa que a la sociología a gran escala. Considera el impacto de un descubrimiento así en las relaciones interpersonales y en una vida en concreto, la de su protagonista, John Farrel. En el mundo tras La Cura, muchas cosas han cambiado: el matrimonio pierde la mayoría de sus adeptos porque, claro, ya no existe el miedo a morir viejo y solo; se han formado gropúsculos terroristas que creen que La Cura es un mal absoluto que hará que el planeta se abotargue, surgen sectas y nuevas religiones que desechan a Dios y ponen en su posición al Ser Humano, surgen nuevas secciones en la Seguridad Social dedicadas a controlar la población y a ayudar a morir a las personas que se han arrepentido de ponerse La Cura, y un largo etcétera.

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Drew Magary un día cualquiera. Y parafraseando al Capitán América en Los Vengadores: “Son, just don’t”.

Aunque a medio camino, Drew Magary, en otro alarde de mal escritor, parezca que se arrepienta de estar escribiendo una obra expositiva y comience a escribir una obra de acción, tiroteos, explosiones, huídas y tensión, el libro comienza siendo eso: una sucesión de capítulos en los que John Farrel se sienta a conversar con diversas personas importantes en su vida y a escuchar sus opiniones acerca de La Cura y a observar el impacto sobre sus vidas. El protagonista sirve como catalizador de diálogos y exposiciones. Junto a estos capítulos va intercalando resúmenes de noticias que son las que se encargan (o intentan pobremente) hacernos ver el impacto de La Cura a gran escala, y otros capítulos en los que John Farrel, su historia de venganza y rencor cobran un ridículo repentino protagonismo. Pero lo que digo: la parte expositiva es la parte que, a mi juicio, es la más valiosa porque invita a la reflexión inmediata.

Si te mola el género “Y si…” no te lo debes perder porque el libro entretiene y alimentará un poco esas ganas de historia alternativa. Aprovecha para comprártelo el Día del Libro o en alguna promoción de alguna librería, o cómpratelo en formato eBook, lo que sea con tal de pagar lo mínimo por sus páginas. Pero si te interesan las historias así, no dejes leerlo. El chico no va a pasar al Olimpo de los escritores de este género (por no tener no tiene ni página de Wikipedia, sólo Twitter), pero puede ser una putita a la que recurrir en tiempos de sequía. ¿Por qué no?

Sigue a Patri Tezanos en Twitter: @PatriTezanos

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