FETUS COLLECTION. Bendito Kago.

FETUS COLLECTION es la última colección de relatos breves del siempre inefable Shintaro Kago editada en España. Como siempre, cada uno de sus cuentos es una oda a la sensibilidad, el buen gusto, la bondad y la parte angelical que reside en cada alma humana.

Por Javier Marquina.

FETUS COLLECTIONLos que hemos sido víctimas de una educación religiosa y unisex, crecimos con el miedo a pecar y ser condenados a las abrasadoras llamas del infierno. Esta Espada de Damocles basada en la vileza y el vicio incluía, por supuesto, el sexo en el noventa y nueve por ciento de sus formas y expresiones. Eramos niños saturados de hormonas obligados a reprimirnos, con lo que a menudo desarrollamos un gusto prohibido y voyeur gracias al cual sufríamos una titánica disyuntiva adolescente, divididos entre el placer onanista, el pelo en las palmas de las manos, la ceguera y los látigos de siete colas blandidos por demonios que te desollaban vivo.

De la misma forma, y a la hora de recurrir a la pornografía, esta necesidad de expiación y justificación tan arraigada en nuestra psique nos hace preferir eso del follar con historia, por muy peregrina que sea. Vale, no esperamos que al final los protagonistas se casen, pero necesitamos una ligera trama argumental que nos aleje de los caminos directos del gonzo y haga que disfrutemos de la sencillez narrativa del butanero que acaba por convertirse en un prodigioso atleta sexual o de la tímida madrastra que ante la visión desnuda de su hijastro se transforma en un catálogo completo de imposibles posturas sexuales propias del Kamasutra. Esta pulsión por el porno con contenido facilita la eterna lucha contra el casto y púdico Pepito Grillo de la conciencia cristiana (al que no sabemos si lapidar con una roca o con la dureza intermitente de nuestro deseado priapismo) con una excusa de fondo que dignifica el contenido. Es como comprarse el Playboy para leer los artículos de opinión.

Dicho esto, y por estas mismas razones, alguien debería hacerle un monumento a Shintaro Kago. Un monumento muy, muy grande. Y no ya por la calidad de su obra, sus hallazgos narrativos, su inquietante estética, su gusto por la tripofobia o la masiva destrucción de tabús que hace en sus páginas usando un Ero-guro desquiciado y cruel que no deja indiferente a nadie, no. Yo le pondría un enorme mausoleo en cada plaza de cada capital mundial por la inestimable labor de alivio y consuelo emocional que nos proporciona con cada uno de sus mangas.

FETUS COLLECTION
Representación gráfica de lo que uno experimenta al leer al muy contenido y nada provocador Shintaro Kago.

Sí. En efecto. He dicho alivio y consuelo. Porque después de leer a Kago, lo primero que uno piensa casi al instante es: “Pues yo no estoy tan mal”. Tanto si la primera impresión es de esa repugnancia sorprendida por la capacidad de la mente humana para construir escenarios desagradables de manera superlativa, como si se establece de inmediato una empatía culpable y placentera al comprobar que no estás solo en este mundo de gustos terribles y retorcidos, el momento de comunión, bálsamo y compañía es difícil de explicar. Hay alguien ahí fuera capaz de sorprenderme, de superarme, de asquearme o de ofrecerme justo lo que busco. Alguien capaz de convertir el aborto en un deporte estético, el Magic en una desenfrenada competición regada con sexo sádico extremo o el sueño de fotografiar nuestras hazañas sexuales en un catálogo de caras de decadencia imparable, caótica y necrófila, solo puede tener nuestro respeto.

Nos guste o no, Kago es un personaje que acuchilla nuestro subconsciente con violencia extrema y humor, convirtiendo aberraciones que en la vida real supondrían condenas instantáneas en todos los países del mundo, en retratos terminales de una sociedad enferma de muerte. Hay una crítica nada velada al mundo tal y como lo conocemos ahora, enfermo de desidia, consumismo y tiempo libre; incapaz de contentarse o de sentirse a gusto con nada y siempre en busca de la siguiente sensación extrema, al precio que sea. Kago nos expone y nos entretiene porque, por muy salvaje que sea lo que esconde el interior de sus tebeos, es capaz de generar una curiosidad malsana que nos hace preguntarnos el típico “a ver de qué es capaz esta vez”.

Fetus Collection, editado en España por ECC Ediciones con un oportuno retractilado y avisando de contenido adulto poco adecuado para niños aficionados al manga, es Kago en estado puro, con sus altibajos, sus momentos brillantes y sus historias tan delirantes como hilarantes; un Kago que maneja con aplomo y maestría el género, muy consciente de sus limitaciones y virtudes; un Kago que deforma la realidad hasta convertir lo insoportable en puro entretenimiento y establecer con claridad la barrera infranqueable entre la ficción y la realidad, esa misma que los integristas, aterrorizados por sus propias limitaciones, son incapaces de poner en práctica en sus vidas. Parece mentira, pero, a día de hoy, para combatir a depravados realistas sin imaginación, uno tiene que seguir escribiendo frases explicativas como esta: leer sobre el horror no me convierte en alguien horrible.

Increíble pero cierto.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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