Final Countdown (5): ¿Y si el mundo acaba con una masiva onda neuronal enajenante causada por la emisión de Sálvame Deluxe que nos convierte en salvajes sedientos de sangre?

Pues ya está. Se acabó. Hoy es el día. Meteoritos que ni Bruce Willis podrá destruir. Terremotos cataclísmicos como la ideología de saldo. Explosiones nucleares que harán que Chernobyl parezca un petardo de las Fallas. Cualquier cosa mejor que seguir viendo Telecinco. Y es que, en realidad, llevamos ya años sufriendo un auténtico Apocalipsis.

Por Javier Marquina.

The end is nigh.
Al principio, cuando nos planeamos esta semana apocalíptica, solté lo primero que se me pasó por la cabeza, sin ser consciente de que luego esa idea estúpida y sin criterio debía de ser convenientemente desarrollada. Suponer que Sálvame Deluxe podía una herramienta de destrucción masiva que desencadenara el final de la civilización tal y cómo lo conocemos parecía un concepto totalmente descabellado, pero después de darle algunas vueltas al tema y aceptando como ciertas varias premisas básicas, me di cuenta de que quizás, y sólo quizás, Jorge Javier Vázquez sí podría ser el Heraldo del Apocalipsis.
En realidad, no es tan difícil de imaginar.

Millones de personas serían contaminadas al instante por la devastadora onda cerebral desencadenada por tanta basura televisiva. Sálvame en sus múltiples encarnaciones y como paradigma supremo de la bazofia más abyecta, tendría el dudoso honor de ser el detonante. Si además, poniéndonos a suponer, imaginamos que la onda cerebral es algo así como un virus latente que nos ha sido inoculado al contemplar un solo segundo de la vomitiva programación de Telecinco, eso supondría que estaríamos bien jodidos. Un país de zombies instantáneos. Miles de contagiados a través de la televisión por cable y el satélite. De “Españoles por el mundo” a zombies por el mundo. Crisis mundial. Si, además, nuestra saliva es tan contagiosa como la de Mila Ximenez y el virus se propaga con la velocidad con la que la bilis se produce en el hígado de Kiko Matamoros, las probabilidades de contagio global dejan de ser un chiste y se convierten en una amenaza real. El fin del mundo desencadenado por el polígrafo de Sálvame Deluxe. JJ, el entrañable Mermelada, por fin ve su sueño de ser el centro del Universo convertido en realidad.
Al final, lo trágico es que si despojamos de la ciencia ficción a esta aterradora suposición y la desligamos de un fin del mundo instantáneo, la sociedad que estamos generando a base de nula educación y medios de comunicación  en los que de forma sistemática se exalta la inmundicia, se acerca de forma dolorosa y real a ese planeta zombificado, lleno de muertos que caminan y te miran sin ver, ajenos al potencial que todos somos capaces de desarrollar. Preferir conocer el estado de la rinoplastia de Belén  Esteban, adorar a un macarra chulesco cuyo mayor talento es manejar una esfera, desgañitarse por conseguir la toalla vomitada de un adolescente con cara de niña al que le producen discos de dudosa calidad… son sólo otras maneras de generar seres sin cerebro, alienados, peligrosos. Seres que a la larga serán incapaces de sostener con sus medios la sociedad en la que viven, seres que como borregos, seguirán las normas dictadas por una mente colmena superior que les dirá cuándo comer, qué beber, cómo vivir.
Tragedias y pesimismo recalcitrante aparte, si eres uno de esos pocos escogidos que vive ajeno a la televisión porque prefiere ejercer cualquiera de esos otros placeres que el intelecto humano nos proporciona, te dejo una serie de recomendaciones para disfrutar de los últimos minutos de vida que te quedan mientras en el portal, enajenada y enardecida, tu portera y todos tus odiosos vecinos devoran con fruición los restos despedazados de todos los culturetas desprevenidos.  Reconozco que alguna de estas recomendaciones es perniciosa y venenosa pero, ¿qué esperabas? ¡Es el fin del mundo!
Buenas noches y buena muerte.

Libros: Cell. Stephen King.

Una elección bastante obvia dada la temática sobre la que gira mi fin del mundo, sobre todo porque me ha servido de inspiración directa (decir plagio está muy feo). Un evento de origen desconocido que afecta al unísono a todos aquellos que están hablando en ese momento por el móvil, les borra la mente y los convierte en salvajes sedientos de sangre. Si cambiamos el móvil por el cochambroso Sálvame Deluxe… Voilà! Nuestra historia podría haber sido escrita por el mismísimo Stephen King, supremo RocknRolla. No es de lo mejor del maestro, pero como casi todos sus libros, se deja leer. Al menos estarás entretenido mientras tu ciudad se colapsa, todo arde a tu alrededor y tu vecino se come a tu perro en claro homenaje al verdadero, inimitable y auténtico Peter Jackson.

50 sombras de Grey. E.L. james.

Ahora bien, si lo que queremos es unirnos a esa horda babeante y cruel que generará la telebasura y a la que hemos conseguido no unirnos gracias nuestro criterio superior y nuestro gafapastismo exuberante, siempre podemos optar por una especie de eutanasia literaria, un suicidio cultural en forma de libro bochornoso, patético y obsceno. Por un momento estuve tentado a elegir la saga de Crepúsculo y sus vampiros de purpurina, pero la actualidad manda, así que he preferido colocar este ultimo hit literario, producto de la maquinaria editorial y la imaginación más calenturienta, cutre y patética para que lo uses en caso de emergencia y puedas incorporarte a la legión de lobotomizados antes de que estos te devoren. Supongo que con unas 20 páginas de bazofia tendrás más que suficiente.

Películas: La invasión de los Ultracuerpos.

La imagen de Donald Sutherland abriendo la boca y emitiendo ese estremecedor chillido que servía para delatar a todo aquel que no había sido asimilado por la mente colmena quedó grabada a fuego en mi mente infantil. No es de extrañar pues, que puesto a elegir una película que hablar sobre seres sin mente, alienados, esclavizados por ente común y superior que lo normaliza todo por la vía del genocidio, la cinta de Philip Kaufman me viniera a la cabeza. Muchos pensaréis como yo que habría que haber escogido La Invasión de los Ladrones de Cuerpos de Don Siegel, por aquello de las implicaciones políticas y reivindicativas de la misma, pero la imagen del señor Sutherland chillando ojiplático se cierne poderosa sobre mi subconsciente. Lo siento. Yo también tengo mi corazoncito.

Cómic: Youngblood. Rob Liefeld.

Si hablamos de descerebrados, es imposible no nombrar al descerebrado supremo: el ínclito e inefable Rob! No hay nada mejor que sus cómics para sumergirte en los abismos insondables de la locura. Nada como leer sus guiones planos y absurdos, sus personajes aberrantes, sus plagios sin disimulo o su dibujo espantoso para acabar cebando la lista de los que han perdido la razón. Elegir Youngblood es tan sólo una formalidad, una puntualización. Un mojón (nunca mejor dicho) en una obra deplorable llena de músculos que no existen, bocas presas del bruxismo y con más dientes que un tiburón blanco, tecnología digna de un niño de 2 años y armas más grandes que la vida. Si lo que queréis es que todo pase rápido y que vuestro cerebro sufra un formateo total, Youngblood es una opción, pero no la única. Cualquier obra guionizada y dibujada por el genio de Anaheim sirve. Eso tiene de bueno el insigne Rob! Que su mierda es constante y nunca decepciona.

Videojuegos.

Pandazombie.
Difícil elección. ¿Qué videojuego representa mejor a legiones de gente sin cerebro? Pensé en dedicarle este pequeño homenaje a la masa de seguidores que compran año a año la edición correspondiente del FIFA o todas esas personas que adquieren el Call of Duty de turno de forma también anual para jugar sólo al multiplayer. Recapacitando me di cuenta de que esa gente ya viene de casa sin cerebro, así que no me valían como ejemplo válido. Entonces recordé el World o Warcaft.
El WoW es el ejemplo perfecto de videojuego robavidas que convierte al usuario en un esclavo agonizante que sería capaz de sondarse con tal de no tener que levantarse para ir a mear. Un ejercicio diabólico planteado por la compañía desarrolladora Blizzard que transforma al jugador en un ser sin mente que sólo vive para obtener una armadura que no existe, pero que siempre es mejor que la anterior y así vestir con ella a un panda. Sí. He dicho panda.
En realidad todos los videojuegos tienen algo de adictivo y absorbente , todos tiene algo de robavidas, de realidad alternativa a la que escapar cuando lo que nos queda es aburrimiento y tiempo libre. Zombies diferentes convertidos por causas diferentes, pero zombies al fin y al cabo. Zombies sin mente propia, gustosos y divertidos, eso sí. De eso no hay duda.

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Acerca de Javier Marquina 196 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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