Fueiho: Prohibido bailar. O cómo Japón ha convertido en pecaminoso el menear el esqueleto

La música no se entendería igual sin el baile. Son un binomio indivisible. Ya sea música abiertamente realizada para bailar como la salsa, el pasodoble, el disco o el house o música menos obvia pero que también acaba teniendo su propia forma de expresión física de la música como el headbanding y el pogo del metal o el punk. Es inevitable que al final si te eriza el vello, acabes moviendo el esqueleto.

Por Javi Jiménez

Japón es un país de contrastes. Eso lo conocerás de primera mano querido lector. Por una parte conocemos el Japón “moderno”, de la alta tecnología casi futurista de esas ferias de robots futbolistas y  retretes parlantes; y por otro ese aspecto ultraconservador de la sociedad japonesa de recatada moral resistente al cambio como una montaña ante el viento. Desde la informalidad al sexo y sí, pasando por la música de baile.

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Al final aunque vivamos en un mundo hiperconectado, a veces nos topamos con cosas que jamás imaginaríamos posibles o que al menos, no creíamos que  pudieran haber pasado desapercibidas para nosotros por tanto tiempo. Una de ellas para mi ha sido algo tan curioso como la ley Fueiho.

Fueiho (風俗営業取締法 o Fūzoku Eigyō Torishimari Hō, así lo dice Wikipedia, mi japonés está algo oxidado así que confiemos) es el nombre por el cual se conoce a la Ley Reguladora  de Negocios que Afectan la Moral Pública, más tarde reformulada como Ley de Control y Mejora de los Negocios de Entretenimiento. Esta es una ley promulgada en 1948 que regula las actividades de ocio de Japón. Se sigue aplicando en la actualidad no solo a clubes si no a un amplio rango de negocios como restaurantes, bares y locales de pachinko e incluso bajo otro apartado  clubes de striptease, love hotels, prostíbulos y sex-shops. Efectivamente un buen subconjunto de locales “que afectan a la moral pública”. Y entre otras cosas prohibía bailar en ciertos espacios.

La historia de esta ley comienza en 1925 con un incidente de un amigo del Superintendente General que llego a sus oídos. El hijo de este amigo se escapó con una chica que encontró en la pista de baile, una locura juvenil que hizo reflexionar al angustiado padre y al general de la clase de antros de perversión eran los salones de baile. A partir de ese momento comenzaron a endurecerse los controles sobre los antros del ritmo, hasta la promulgación de la ley en 1948.  Puedes imaginar qué clase de panorama se presentaba en esta época: identificación constante de asistentes a estos lugares, policías rondando las pistas, algún caso que llegaba a las manos… Todo ello no invitaba demasiado a las chicas a acercarse a bailar. Y como suele ocurrir fue peor el remedio que la enfermedad. La escasez de mujeres se convirtió en negocio pues se llegaban incluso a cambiar un charlestone por dinero ya que pocas eran las valientes que se acercaban ahora a la pista. Ya no bastaba con el encanto y tener buena coordinación, ahora mandaban las leyes de la oferta y la demanda.

La situación empeoró en la posguerra cuando los soldados americanos descubrieron que estos sitios eran también un buen lugar para contratar “bailes” también. En aquel momento solo los prostíbulos organizados estaban regulados y no había nada que impidiera el desarrollo de esta actividad en salones de baile. De esta manera,  la ley se hizo más severa para perseguir estas acciones llevándose por delante también a los salones de baile y a la gente que inocentemente solo quería bailar en ellos. Esta ley se ha perpetuado a lo largo del tiempo, siendo reformada en varias ocasiones,aunque no lo suficiente. Salvando las distancias con su predecesora,la ley Fueiho sigue siendo altamente severa.

Fueiho
¿Así que todas esas luces no eran de discotecas?

Esta ley “mejoradora” regula principalmente el tamaño de la pista y las horas de apertura necesarias para permitir que en el establecimiento haya meneo de caderas. La pista debe de ser de 66m2, sin ningún tipo de obstáculos mientras que la horas de cierre  dependiendo de la zona puede variar entre la medianoche y la una de la madrugada. Esta era la situación hasta junio de 2015. Como podemos comprobar, nada que ver con Amsterdam donde recientemente se anunciaba que su escena de clubes añadía otros tres que podrían abrir durante las 24 horas del día, siendo cinco ya en la ciudad.

Cómo os podréis imaginar queridos lectores esto ha afectado enormemente a la escena de clubes del lugar y a la música electrónica en particular. Un documental de Resident Advisor: Real Scenes Tokyo (altamente recomendable) describe muy bien el estado de una escena a la que se le ha evitado crecer y madurar cual pie de geisha.

Según podemos ver, los clubes deben mantenerse en el underground más absoluto, muchas veces tomando licencias de locales de comida o bares, camuflando sus nombres como locales de entretenimiento y ocupando huecos entre Love Hotels e incluso debajo de una lavandería. Lugares situados en el mejor de los casos en la barrera de la alegalidad y en muchas ocasiones constituidos de forma ilegal. Al no cumplir con la ley,  en muchos de estos sitios es habitual encontrar carteles que prohíben expresamente bailar y advierten de que cualquier movimiento demasiado animado causará que el personal del local te invite a salir amablemente del local si no cesan tus impulsos primarios.

La legalidad y la aceptación real de la ley no siempre tienen que estar en consonancia, aunque en este caso la ley Fueiho si que representa la actitud de la mayoría de los japoneses hacia la música de baile y el lugar donde se practica. Como si fuera el mismísimo Godzilla arrasando la representación arquitectónica de la moralidad japonesa, Japón desprecia a aquellos que mueven las caderas en la noche al ritmo de música repetitiva e irritante. No es que en el resto del mundo esta cultura goce de mayor popularidad (el fantasma de la droga y el exceso está siempre presente) pero en la mayoría de los casos esto está normalizado.

Tokyo como una de las capitales globales estaba destinada a ser una de las capitales del clubbing, pero sin embargo la realidad es desoladora, los clubes funcionan en la ilegalidad y cierran porque no generan suficientes beneficios o acaban con algún accidente en una redada. Promotores, artistas y público viven con miedo a que en cualquier momento cierre su garito habitual o que aún peor, la policía les sorprenda en pleno acto pecaminoso. Pero se ve la luz al final del túnel, al menos a lo que la ley Fueiho se refiere.

La pasada semana se reformó la ley y con ella se ha dado más cuerda a la ahogada industria de la música de baile. Aunque mejor que la anterior, también esta reforma todavía está muy alejada del marco legal que tenemos en Europa. Aunque es una victoria para los activistas que luchaban por un Japón donde bailar sea posible y legal, todavía queda un regusto amargo. Aunque dentro de la legalidad la escena acusa el envejecimiento de la población japonesa, perdiendo cada vez más asistentes al club y con ello aficionados a la música electrónica. Aunque esta situación no tiene pinta de mejorar,  aún quedan movimientos que permanecen impertérritos ante las adversidades como Dommune, un programa de televisión en  streaming en el cual se programan charlas sobre música electrónica y sesiones de DJs tanto locales como internacionales y que ha luchado mucho por ver cambiar esta ley. Aunque la escena no ha dado grandes nombres de la música de baile de esos que llenan los tops de populares revistas musicales si que incluso a la inhóspita Península Ibérica acaban llegando sus artistas, más afincados en géneros menos comerciales pero también muy interesantes a los que se puede acceder gracias a festivales como el Sónar o el L.E.V.

Un repaso musical a toda la escena nos llevaría un buen rato y ya nos estamos quedando sin espacio. Mejor lo dejamos para otro día. Ahora es momento de alegrarse por Japón, de poner el último tema y bailar, que aquí todavía no está prohibido. (¡Y que se atrevan a siquiera proponerlo!).

 

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Acerca de Javier Jimenez 179 Articles
Consumidor experto, reseñador amateur. Me gusta la música fuerte, la ciencia ficción, las series animadas y así os lo hago saber.

2 comentarios en Fueiho: Prohibido bailar. O cómo Japón ha convertido en pecaminoso el menear el esqueleto

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