GENERATION KILL: la serie sin polleces sobre la guerra

¿Polleces? Osado el presente título. ¿Qué son polleces? Una definición muy válida puede ser “todo aquello que queda fuera del estilo narrativo de David Simon”. Me explico.

Por Patri Tezanos

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Aunque David Simon no es el único que está detrás de esta miniserie de la HBO, sí que es verdad que podemos considerarlo como un sello de calidad anti-polleces. Él mismo se posiciona como tal, sin saberlo, cuando confiesa que lo que más teme cuando hace series es que alguien de ese mundo que está tratando de reflejar venga y le diga “no tío, eso no pasa así”. Cuando hace estas confesiones, nuestro querido David Simon está avisando de una cosa: mis series son ficción sin ficción. Y no miente. Si algo podemos agradecer especialmente a sus series, aparte de que existan, es que nos acercan mundos tal y como son y arremete por ello (delicioso efecto colateral) contra otras series que tratan de acercarnos a esos mundos envolviéndolos durante el proceso con luces estroboscópicas, maniqueismo y plasticuchi. Con polleces, vamos.

Así nos lo demostró, por primera vez con alcance mundial, en The Wire, la serie policiaca sin acción, sin gente guapa, sin efectos visuales, sin laboratorios imposibles; con gordos, feos, personas reales, vagas, activas, arrogantes, sin una moral galopante, sin una falta total de ella. Y ese larguísimo etcétera que la otorga, con razón, la medalla de Una De Las Mejores Series De La Historia. The Wire es el perfecto abanderado de que otro estilo de televisión es posible y de que las buenas historias no las construyen los mejores planos, los mejores efectos, la mejor acción, los diálogos más mordaces, la música más chirriante sino las Buenas Historias. Y que ellas están ahí, esperando, pacientemente, a ser contadas de la forma en que se merecen: respetándolas, sin polleces; para así constituirse como una lección, una crítica o un dedo en la llaga. David Simon, como buen americano, parece que se ha propuesto revisar las células muertas, costras y tumores de la visada, revisada y re-revisada piel de Estados Unidos. Ser su dedo en la llaga, tanto para la historia del país, su moral y su manera de conducirse en este mundo como para su industria televisiva.

tumblr_m4nqg54RxK1r0hmp7o1_500Generation Kill es otra muestra del estilo de David Simon y de su cruzada particular contra las polleces. Esta vez el autor se aleja de la costa Este de la tierra de la libertad que ya investigó con The Corner, la olímpica The Wire y su serie más nueva, Treme, y nos lleva al otro lado del charco, a otra mancha en el expediente americano, en el cual, parece, nos va a ser más fácil hablar de manchas blancas sobre páginas negras que al contrario (démosles un poco de más tiempo): nada más y nada menos que a la invasión de Irak; más concretamente, al centro de la primera unidad de reconocimiento de los Marines, es decir, la primera unidad que llega al sitio que hay que invadir. Cuatro soldados que hacen de protagonistas (aunque ya sabemos que a David Simon no le gustan los protagonistas) y un reportero de la revista Rolling Stone que actuará como intermediario entre ese mundo, en el que tienen una jerga propia a veces indescifrable, y nosotros mismos.

Durante las 7h que dura nuestra asistencia como espectadores a esta incursión a la antigua Mesopotamia, vemos la guerra tal y como es, la guerra en crudo. Y con tal adjetivo no quiero referir a que las escenas que nos muestra Generation Kill sean especialmente duras o gore (más bien todo lo contrario) sino a su otra acepción, a la de alimento sin cocinar, sin especias, sin retoques: a la guerra de verdad, sin polleces. Sin efectos de cámara, músicas dramáticas ni acción imposible. Asistimos al simple y llano día a día de este grupo de soldados, a las relaciones que desarrollan, a sus emociones y a su trabajo.

Libre de polleces, la guerra se nos presenta muy similar a como debe de ser: a una fábrica. A una fábrica en donde los soldados son trabajadores que ejecutan su labor (su misión), sin voz ni voto, como en una orgía taylorista. En esa fábrica, los soldados son el estrato más bajo de la maquinaria bélica, y en tal estrato lo padecen: el peso de la burocracia, el estar situados al final de una larguísima cadena de mando que se hace invisible unos pocos eslabones más allá, el aprieto de la falta de recursos, la ceguera de ser un corpúsculo dentro de una masa enorme e informe, corpúsculo cuyo tamaño y posición impide apreciar cómo es la masa entera, dónde está y cuáles son sus propósitos; y los problemas que supone tratar de encajar la propia naturaleza de su trabajo.

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A pesar del drama que se desprende de la guerra per sé y de los padecimientos de estos “obreros de la guerra” arriba descritos, esta miniserie merece un doble aplauso por no constituirse como una bola de pelo amarga imposible de tragar. Como en la vida real, también hay humor, risas, bromas. Normalidad. Vida corriente diferente a la nuestra. He ahí otra especialidad de David Simon: acercarnos la amargura con toda naturalidad. Al librarse de ciertas polleces del lenguaje televisivo y cinematográfico, los planos especiales, la musiquita dramática, los slow motion o los primerísimos primeros planos de los ojos de los muertos, Generation Kill no es un relato que trate de convencernos de nada ni es un relato que nos grite a la cara de qué lado está ni a qué lado debe estar el espectador. No trata de seducirnos ni para conservadores ni para demócratas. No trata de ponernos un pin de una banderita norteamericana ni de hacernos quemarla. Plasma sin bandos. Retrata sin colores. Que elija el espectador. La única huella de la opinión del autor queda reservada para los últimos cinco minutos: el mágico final montage, al que nos acostumbró en The Wire, en donde el lenguaje audiovisual despierta repentinamente y únicamente como resumen de sus pareceres.

Siete horas para descubrir el Modern Warfare, sin edulcorantes ni colorantes. Un grandísimo y tibio trago de agua(rrás)

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5 comentarios en GENERATION KILL: la serie sin polleces sobre la guerra

  1. Al final tildarán de “ofensivo” incluso a David Simons, ya verás. Aunque sea imposible sacar en claro algún mensaje de sus series. A todo el que está en contra o simplemente no-en-conexión con el mensaje de “la libertad” y del heroísmo es negativo y ofensivo.

  2. Y así se llegan a paradojas tales como que David Simon es persona non grata y a la vez persona respetada por la gente de Baltimore, porque los que supuestamente deben representar a los que le respetan, lo odian por “cómo puso a la ciudad”.

  3. La verdad es que esta miniserie te hace pensar y mirar desde otro punto de vista la guerra de Irak. Me sorprende los momentos cuando venian los tipicos soldaditos queriendo guerra y se ponen a disparar a un poblado de niños y madres con total impunidad, como si todo fuera un maldito Call of duty. Muy buena la escena final de la serie y la frase del final de los creditos del ultimo capitulo:

    “Nací el 10 de noviembre de 1775 en el cráter de una bomba. Mi madre era un M-16 y mi padre el Diablo. Cada momento de mi vida es una amenaza a la tuya. Como alambre de espino y meo napalm, y puedo darle un tiro en el culo a un piojo a 300 metros. Recorro el mundo persiguiendo a todos los antiamericanos. Me mueve el amor de madre, los Chevrolet, el béisbol y la tarta de manzana. Soy un bruto. Soy ese hijo de puta sucio, asqueroso, maloliente, sudoroso, repugante y guapo, que lleva más de 225 años alejando al lobo de la puerta. Soy un Marine de los Estados Unidos. Parecemos soldados y hablamos como marineros, pero les damos mil vueltas a los dos. Les robamos el águila a las Fuerzas Aéreas, la cuerda al Ejército y el ancla a la Armada. Y el séptimo día, cuando Dios descansó, nosotros nos situamos en el perímetro, y desde entonces dirigimos la función. Guerrero de día, amante de noche, borracho a capricho y Marine por la Gracia de Dios. Semper fidelis.”

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  1. Encantados de desconocerte, DAVID SIMON | La Isla de las Cabezas Cortadas

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