GLOW. The show must go on.

Laca, purpurina y patadas voladoras. ¿Qué más necesitas para ir a la guerra?

Por Teresa Domingo.

 

Por aquellas se llamaba Pressing Catch, pero cuando era pequeña no se perdonaba el wrestling ni un fin de semana. Esa franja horaria previa a la comida en la que cientos de hogares veían cómo sus salones se convertían en un ring. Padres estupefactos se veían obligados a ejercer de árbitros involuntarios en veladas gratuitas, mientras sus hijos defendían el título mundial recreando el Helicóptero o el Cascanueces, volando de sofá en sofá, haciendo del barbarismo el juego más divertido… hasta que alguien se hacía daño de verdad y todos acababan castigados.

Aunque se empeñen en hacernos creer que somos diferentes según lo que tengamos entre las piernas, la responsabilidad de nuestros gustos es de nuestro cerebro y de las experiencias buenas y malas que vamos acumulando. Y, por suerte, mientras yo veía, disfrutaba e imitaba un espectáculo “para hombres”, un grupo de mujeres pioneras aprendía a emular a esos ídolos televisivos y demostraba que nada es de nadie. Ellas eran las Georgeous Ladies Of Wrestling (G.L.O.W).

Aunque la serie no está basada en personajes ni hechos reales, sí que toma como premisa la preparación y rodaje del episodio piloto del programa televisivo que supuso la incursión directa de la mujer en algo que, hasta entonces, había estado reservado para ellos. GLOW recurre a la comedia para contar los diferentes dramas a los que se tienen que enfrentar cada una de las protagonistas para alcanzar su meta. Las creadoras Liz Flahive y Carly Mensch han sabido encontrar la manera perfecta para narrar el combate real que supone ser la primera en perseguir un sueño que se supone no está hecho para tí. En una esquina con pantalón blanco, el afán de superación, el compañerismo y la defensa de las minorías; en la otra con calzón rojo los prejuicios y la falta de oportunidades para todo el que se sale de la norma. Y la honestidad y humanidad del relato alzándose como auténticas estrellas de la velada.

Porque es ahí donde se esconde el secreto de GLOW. En ellas. Cada una de las chicas personifica un problema real contra el que luchar en la sociedad de entonces y aún en la de hoy: maternidad incompatible con el trabajo, jefes abusones y abusadores, padres que no comparten las decisiones de sus hijos, hijos que no saben vivir sin el dinero de sus padres, amigas que se acuestan con los maridos de sus amigas… lo normal.

Pero ellas son mujeres bravas, divertidas, sin complejos y que hicieron de la satirización de estereotipos su mejor baza para conseguir lo que nadie antes había hecho. Mujeres aprendiendo a ser fuertes para cambiar la percepción pública y llegar incluso a influir en el vestuario de las luchadoras profesionales. Situaciones y diálogos que fluyen de manera natural y presentan a un grupo de personas que siempre van hacia delante, defendiéndose de la vida tal cual viene.

Un planteamiento coral que funciona, del mismo modo que lo hace en series como Orange is the New Black (la creadora de aquella, Jenji Kohan, produce esta), porque aúna un grupo heterogéneo de personajes y mezcla sus diferentes e incompatibles personalidades para lograr un objetivo común.

Con su historia y manera de ser personal harán que cada espectador conecte con unas u otras, pero es Alison Brie, en la piel de Ruth, una actriz fracasada que no tiene otra oferta a la que agarrarse pero que acaba sintiendo dentro a lo que se dedica, la que logra hacernos empatizar con la causa. Ella es la que personifica la auténtica reivindicación femenina y feminista y la que lleva casi todo el peso de la historia.

No es  la serie del año pero siempre resulta agradable encontrar, entre tanta broza, una historia fresca que equilibra el drama y la comedia mediante una narrativa ligera y un desarrollo que fluye de manera tan ágil que sus diez capítulos saben a poco. Siempre es reconfortante toparse con protagonistas tan creíbles e increíbles de los que sólo quieres saber hasta dónde son capaces de llegar. Ya sabéis que en la Isla nos gustan las cosas molonas, y creedme, que GLOW mola mucho.

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