GRAN HOTEL ABISMO.

Lo jodido de esta sociedad en la que vivimos es que los nuevos aforismo creados por un presidente asesinado de un disparo siguen vigentes debido a la indolencia de la masa. Es el momento de dejar de esperar a lo que los demás pueden hacer por nosotros, ponerse los guantes de boxeo y empezar a quemar la cochambre sobre la que podremos edificar todo aquello que nosotros podemos hacer por los demás.

Por Javier Marquina.

Gran Hotel Abismo es un manual. Una guía de uso. Una hoja de ruta a seguir para salir de este mediocre, grisáceo y lamentable círculo en el que vivimos. A pesar de que los androides y las servoarmaduras nos podrían hacer pensar que nos encontramos en el futuro más o menos cercano, cada una de las noticias leídas en el prólogo de este cómic nos confirman  una triste certeza: la realidad siempre supera a la más descabellada de las ficciones.

Estamos dormidos. Anestesiados. Drogados por una saturación de bazofia que nos bombardea las pupilas desde todos los medios. Somos borregos que consentimos la violación sistemática de todo aquello que debería ser sagrado y, sin embargo, va desapareciendo de nuestra lista de derechos fundamentales con consentimientos tanto tácitos como respaldados electoralmente. Hemos convertido la democracia en un mercadeo que no obedece al interés común. Una farsa inviolable que respalda intereses creados y encumbra a personajes que, en otras épocas, habrían caído despeñados por un acantilado empujados por serios espartanos. Necesitamos un catalizador. Una espoleta. Un personaje como el Animador (protagonista de la dinámica portada), capaz de poner la primera piedra y dar la primera patada. Necesitamos levantarnos y empezar una revolución.

Gran Hotel Abismo sirve como continuación o complemento de la anterior obra de Marcos Prior, Necrópolis, que ya tocaba temas de actualidad similares a los que se van desgranando en el actual cómic publicado por Astiberri. En este caso, y formando tándem con un David Rubín que se sirve de todo su poderío para ilustrar la parte gráfica, volvemos a contemplar esa sociedad desnaturalizada e inane, preocupada solo por la correcta propagación de una fama de pega cimentada en una arquitectura maquillada por las redes sociales. Mientras nos ceban con el circo mediático y nos ciegan con un espectáculo pirotécnico lleno de selfies, ídolos de barro que brillan en YouTube y anuncios prefabricados del Facebook, el submundo empresarial sigue socavando un Estado del Bienestar del que apenas queda un esqueleto que se sostiene con alambres. Se nos vende una falsa sensación de libertad, un espejismo en el que estamos convencidos de que somos dueños de nuestro destino y elegimos a aquellos que nos gobiernan sin coacción alguna. Somos peleles vendidos. Somos barro moldeado por una maquinaria alimentada por el consumo. Somos el combustible que arde en enormes hogueras; el quemador silencioso que infla el aire de las fortunas de una minoría que nos contempla desde las alturas en sus globos aerostáticos.

Gran Hotel Abismo

A medio camino entre V y Tyler Durden, el Animador es un terrorista mudo que busca remover conciencias bombardeando lo establecido. Es un héroe que se enfrenta a ese estado policial que nos subyuga para dar ejemplo, para encender la llama que incendie nuestra adormecida rebeldía. No le importan la etiquetas. No quiere la fama. Solo busca la anarquía. El fin que justifica el medio, porque hemos llegado a un punto de degradación moral en la que lo único que nos queda es arrasar con todo para volver a edificar sobre las ruinas del antiguo régimen. No se puede cambiar desde dentro algo tan enorme que tiene una eternidad para digerirte; para transformarte; para convertirte en un adalid de las causas perdidas contaminado por la poltrona. Basta de confiar en una seguridad inexistente. Basta de creer en esa falacia que nos promete cambios utilizando las viejas herramientas. Basta de dejar nuestro destino en manos de otros. Es el momento de alzarse. De buscar alternativas. De quemar cosas.

Marcos Prior vuelve a escribir un inteligente guión con varios niveles de lectura; un mosaico de múltiples facetas que sirve para contemplar la misma imagen coral desde muy diversas perspectivas. Rindiendo homenaje a planteamientos ya vistos en la anteriormente citada V de Vendetta de Alan Moore y usando las viñetas y la información de forma similar a lo hecho por Frank Miller en El Retorno del caballero Oscuro, Gran Hotel Abismo es una gran pregunta lanzada contra nosotros, adalides de esa falsa revolución que solo armamos en los cómodos sofás de nuestros hogares. Es un “¿y ahora qué?” del que no podemos huir o escondernos.

En cuanto al dibujo, Gran Hotel Abismo es un tebeo que se reseña a sí mismo gracias a una sección de extras que detallan el proceso creativo. Desde la elección del formato planteado al armar el esquema de las primeras páginas, hasta los últimos retoques al color, la parte final es uno de esos añadidos que enriquecen la edición. Es sorprendente comprobar como, a pesar de la ingente carga de trabajo que lleva a las espaldas, Rubín mantiene un altísimo estándar de calidad. Sus tebeos son también un catálogo de recursos en el que todos los aspectos, desde el lápiz hasta la rotulación o el diseño global del volumen, se ponen al servicio de la historia para forjar un todo uniforme y con una personalidad propia inconfundible. El dibujo de Rubín plasma con energía esta fragmentada visión de nuestro día a día, labor que se aprecia con más detalle al comprobar como las viñetas evolucionan de lo que no es más que un bosquejo hasta su resultado final. Como él mismo dice en sus comentarios, se nota la poderosa influencia de los colores digitales saturados con los que la gran Lynn Varley sentó cátedra en en DK2, y abundan los detalles y guiños característicos de la obra del autor gallego. Cada página es una búsqueda del recurso óptimo, de aquello que se ponga de mejor manera al servicio de la narración, sin desperdiciar o desechar por ello ni un ápice de espectacularidad. Es una delicia comprobar como el uso orgánico de las onomatopeyas continua evolucionando, y en cada uno de los trabajos de Rubín hay una nueva vuelta de tuerca, un nuevo truco que las integra en la historia como elemento de narración indispensable. De manera inevitable, a aquellos criados con la Marvel de los ochenta, nos hace desear que muchos más dibujantes se fijaran en Walter Simonson antes de estructurar su narrativa.

Gran Hotel Abismo

En definitiva, Gran Hotel Abismo es algo más que una gran novela gráfica. Es un directo a la boca de nuestro estómago. Un toque de atención con forma de cóctel molotov. Un sirena advirtiéndonos del camino bochornoso que llevamos años escogiendo, sendero que nos conduce sin remisión a un futuro en el que lo menos importante somos nosotros. Un cómic que nos invita a coger las riendas de nuestro destino para hacer descarrilar ese tren lleno ratas que han hecho fortuna con el sufrimiento de todos.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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