GRAVE (Crudo). Los apetitos de la carne.

“Estoy feliz de presentar mi película por fin en este festival. Ahora la presión está sobre vosotros y yo estaré atenta a vuestra reacción cuando la veáis”. Julia Ducournau.

Por Teresa Domingo.

Este año, la María Honorífica del Festival de Sitges (que es como el Oscar del Terror a toda una carrera cinematográfica) ha sido otorgada a Ruggero Deodato, perpetrador de la película de culto Holocausto Caníbal. El público siempre es agasajado con un surtido variado de subgéneros de terror, fantasía y ciencia ficción, que, además de girar en torno al tema central de cada festival, se eligen según las películas, actores y cineastas premiados en el mismo. Por ello, varias películas de las programadas para esta edición giraban en torno al canibalismo.

Me da la impresión de que a la mayoría del público le ha pasado lo mismo que a mí. Cada año hay al menos una película que viene con pre-aviso de asistentes a otros festivales que prefieren basar sus críticas en las reacciones de cuatro gatos cinematográficamente tuertos que en lo que acaban de ver ellos mismos. Las noticias de que no tuvo muy buena acogida en Cannes sumadas a los rumores de que hubo gente que salió de la proyección en Toronto antes de tiempo y totalmente asqueada, siempre hacen pensar en campañas de marketing que te meten el gusanillo en el cuerpo y luego quedan en un golpe de efecto que, en vez de explotar, se deshincha haciendo pedorretas. Una película calificada como extremadamente gore, repulsiva, pervertida y escandalosa, ¿cómo no voy a ir a verla? Aunque sepa que no lo va a ser, aunque me siente en la butaca con esa sensación de vacío que unos adjetivos tan exagerados provocan y hacen que pienses en qué tipo de bodrio vas a ver, escondido bajo litros de sangre.

Y, efectivamente, el gore no es para tanto, pero la película es genial y Ducornau consigue conectar con el público y obtener la reacción que ella espera con una historia que no cae en la repugnancia fácil.

Justine es la hija pequeña de una familia de veterinarios vegetarianos. Tanto sus padres como su hermana, que aún sigue allí, han ido a la misma universidad a la que está a punto de ingresar y en la que, durante un curso completo, tendrá que aguantar las bromas pesadas que los estudiantes más mayores infligen a los novatos. Obligada a pasar una prueba de iniciación en la que se tiene que comer un riñón crudo, se plantea su condición vegetariana y decide probar la carne que ofrecen en la cafetería de la universidad, pero su compañero de habitación se lo impide para que, ya que va a probar la carne, al menos sea la mejor de la ciudad. Desde que prueba ese bocadillo chorreante de salsa la curiosidad de Justine por probar la carne irá un poquito más allá de lo normal.

A todos esos que la pusieron de vuelta y media (a la película y a la directora) por desagradable, les remito de nuevo a la obra cumbre del ya mencionado Deodato para que hagan una comparativa bien calibrada, y para que no basen sus comentarios en dos escenas, una de ellas hecha con CGI, cuando tienen delante una película tan sorprendente, descarada y que trata el tema de la antropofagia con un tono tan desenfadado.  No en vano se ha alzado con el Premio a la Mejor Película Europea del cuadragésimo noveno festival del terror e hizo que los que entrábamos con cara de “a ver qué me encuentro aquí”, saliésemos con una sonrisa de complacencia. Siento que tengáis que esperar a Marzo del año que viene para poder verla en cines.

Julia Ducournau, haciendo gala de un humor negro cultivado, a base de gags, en la serie dramática Mange (2012), que también protagoniza Garance Marillier (Justine), se lanza a por su primer largometraje y se  responsabiliza del guión y la dirección de Grave (Crudo), presentando un film honesto, que puede alardear de un planteamiento de la trama canibaloide muy original, con dejes de los dos Davids (Cronenberg y Lynch) puestos en práctica de una manera sublime y que se oculta tras una historia de bullying, lo realmente terrorífico de esta historia. El tema de las novatadas en Francia no es ninguna tontería, y en nuestro país no están permitidas por algo, al menos en público y a ojos del profesorado.

Como ya han demostrado en otras ediciones (hace poco hablábamos de The Invitation, de Karyn Kusama o, hace ya algo más, de The Babadook, de Jennifer Kent), las directoras de terror están jugando un papel importante en estos tiempos oscuros. Os animo a subiros al carro de las nuevas promesas del terror y dejéis que ellas nos iluminen el camino por el que los Bayonas y los Winding Refn de turno nos pretenden llevar en una moto que no anda.

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