Guia de supervivencia en un país de embutidos

“Chorizos, atraco a la española”, editado por Grafito Editorial, es uno de esos cómics que reflejan de forma tan fiel lo que somos, que al acabarlo la sonrisa se congela y se rompe transformada en un sentimiento de vergüenza ajena. O propia.

Por Javier Marquina

Esta vez me había hecho el firme propósito de ceñirme a hablar del cómic que estoy reseñando sin ponerme a divagar sobre temas sugeridos por la lectura del mismo. Consciente de que cada vez me voy más por los cerros de cierta ciudad jienense, había jurado sobre la tumba de Christopher Lee que mi próxima crítica iba a seguir paso a paso los cánones de lo establecido y que bajo ningún concepto me iba a poner a desbarrar sobre cosas como la política, la condición humana y esa tendencia inexorable hacia la podredumbre moral que albergamos en nuestras almas.

Pues bien… ME HE EQUIVOCADO DE TEBEO.

Y es que el cómic de Ricardo Vilbor y Ricar González, aunque en clave de humor y parodia, a lo que invita es a reflexionar. A echar la vista atrás para contemplar lo que, ya sea por acción o inacción, hemos ayudado a construir o permitido que construyeran. A hablar de muchas cosas que son triste y rabiosa actualidad en nuestros Telediarios. A escupirnos en el ojo y patear nuestra propia espinilla. Y yo, por supuesto, me voy a dejar llevar porque soy un tipo con poca suerte y menos voluntad.

Hábil trasunto de películas como ‘Rufufú’ o ‘Atraco a las Tres’  y parodia cañí de ‘Ocean’s Eleven’ o ‘The Italian Job’ (dos referencias de las citadas sin complejos en la propia historia) “Chorizos, atraco a la española” es un mosaico de ratas y seres de tercera que se reúnen como atraídos por un enorme imán de mierda para realizar un estrambótico golpe contra el Casino de Montecarlo. Esta absurda maniobra criminal condenada al fracaso al estar perpetrada por chapuceros es sólo la excusa que los autores utilizan para pintarnos la cara a todos los que vivimos en este país y, por supuesto, no dejar títere con cabeza. Políticos, banqueros, sindicalistas, jueces, fascistas, ‘progres’, ultras, actores libertarios, patriotas, separatistas, ancianos, adolescentes, padres, hijos, abuelos… nadie queda a salvo del lanzallamas empuñado por Vilbor y González, que parecen manejar una de esas lentes que destacan todos nuestros defectos. Algo así como un par niños armados con una lupa que concentra la luz del sol y hace arder el hormiguero porque el hormiguero merece arder hasta los cimientos.

Chorizos sorprende por la cantidad de personajes reales que uno puede identificar en sus páginas. Cada uno de los arquetipos de una época de decadencia moral y económica que hemos llegado a considerar como normales, un gesto que demuestra con claridad que nos estamos transformando en anormales. Hay mucho talento en la cantidad de personajes reconocibles y expresiones faciales distintas que utiliza González y en el acertado uso de los colores (marrones y azules casi exclusivamente) que se integran como parte esencial de la narración. Hay mucho ingenio en cada una de las situaciones planteadas; en cada una de las caras que, aunque anónimas, son perfectamente reconocibles; en cada uno de los extravagantes momentos que, como las películas con las que Antena 3 nos narcotiza después de comer, están basados en hechos reales.  Por muy exagerados, improbables y desquiciados que parezcan.

Chorizos es un cómic divertido y desolador, porque detrás de todo el humor y las bromas y los momentos delirantes, se encuentra la fotografía de un país que se dejó expoliar por gusanos mezquinos que se vistieron de líderes; un país que navega cómodo en el populismo de las promesas imposibles; un país que prefiere la televisión a la revolución; un país que exalta a los ladrones, deifica a la imbéciles, convierte en prohombres a los delincuentes y defeca en la coherencia. Un país, al fin y al cabo, que ha cambiado la pandereta por el Whatsapp, el circo por las redes sociales y la flamenca y el toro sobre el televisor por un mosaico de fotos ególatras en el Facebook. Toda una generación de nada a la que no le importa ser nadie.

Pero, a pesar de todo, “Chorizo, atraco a la española” es fundamentalmente un cómic divertido y lleno de viñetas brillantes. Un cómic que se disfruta sin esfuerzo, editado de manera excelente y que te hace reír, escudado quizá en ese mecanismo tan humano que nos hace negar la evidencia más aplastante. Ese mismo que, al colocarnos en el espejo que nos desnuda y nos expone a nuestros más miserables defectos, provoca que lancemos un susurro mezcla de suspiro y risa nerviosa: “ése no puedo ser yo”.

Grafito Editorial

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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