HABIBI. Las mil y una noches.

La búsqueda de la libertad, el amor y la fe se convierten en el motor de Habibi, en detrimento de todas las miserias y defectos innatos del ser humano.

Por Joe Runner.

Dicen que el destino es caprichoso y el amor ciego. Y debe ser así, ya que hace un par de meses una buena amiga me recomendó el cómic de Habibi debido a que lo escuchó en el concurso televisivo de Saber y Ganar y, tras leerlo, quedé ciegamente enamorado de él. También podría ser el eslogan de la novela gráfica, pues la historia que Craig Thompson tardó más de siete años en acabar se cimienta sobre esta frase, usándola de mantra de principio a fin. En ella nos encontramos con Dodola y Zam, dos niños de distinto origen que, debido a los caprichos del azar, terminarán siendo compañeros del viaje que es la vida. Mediante el uso de las distintas suras contadas en el Corán como paralelismo a las aventuras de nuestros protagonistas, el autor logra entablar una perfecta simbiosis entre la realidad y la simbología para criticar temas tan dispares como son el racismo, el problema medioambiental o la lucha de clases.

La historia comienza con Dodola, una joven vendida a un escribano por su pobre familia cuando todavía es una niña. Con su nuevo marido, aprenderá a leer, escribir y a convertirse en adulta antes de tiempo. Pero tras un asalto a su casa por parte de unos bandidos, será secuestrada y llevada a un mercado de esclavos, en el que conocerá a un bebé llamado Zam. Con más suerte de la que jamás tendrá en su vida, logra escapar de sus captores llevándose consigo al pequeño de raza negra y harán de un barco en mitad del desierto su hogar. A partir de ahí, el lector irá conociendo la relación de los dos protagonistas con el paso de los años, y cómo actúan frente a las distintas situaciones mediante las historias que la joven va contando durante el trascurso del cómic. Este uso de símiles religiosos y folklóricos acerca al lector occidental a una cultura desconocida e incluso, en ocasiones, vilipendiada que logra una conexión mucho más fuerte entre los protagonistas y el lector.

Podría decirse que Habibi es totalmente atemporal, ya que la sociedad de la ficción va en continua evolución desenfrenada conforme vamos avanzando en la historia. Lo que en un principio parece ambientado en una época de hace uno siglos, se remonta hasta nuestros días llenos de tecnología. Lo que más asusta de todo ello es que todo encaja a la perfección independientemente de lapso temporal en el que se encuentre. Hablamos de situaciones en las que se trata la esclavitud, el racismo o el machismo a una escala social adaptada a su tiempo, además de temas medioambientales como la contaminación, la deforestación o los proyectos empresariales destructivos. Nada escapa de la crítica de Thompson, que como si de Charles Dickens se tratara, llevará a sus personajes por caminos horribles y denigrantes para hacer avanzar la trama mientras nos muestra las vergüenzas del ser humano.

En más de seiscientas páginas se puede comprobar la gran labor de investigación y compromiso del autor. No sólo nos acerca a la cultura musulmana, sino que también lo hace al mundo árabe con su dibujo inspirado en la milenaria lengua y la explicación del significado que tiene alguna de sus letras en torno a la religión. En contra de lo que pudiera pensar la gente, el uso del islam en la historia del cómic es más bien un instrumento en pos de la fluidez y la magia envuelta durante toda la trama. De hecho el autor es un cristiano confeso y lo único que pretende hacer es demostrar que las religiones son todas iguales, sin ninguna índole peyorativa hacia ellas, haciendo especial hincapié en alguna que otra sura de origen ambiguo, debido a las diferentes creencias. Incluso podríamos decir que se basa en la fe y el amor al prójimo como cura ante la gran enfermedad que es la naturaleza vil del ser humano.

Como digo al principio, el autor basó su arte en base a la grafía arábiga. Con un trazado suave, ligero y algo cartoon, deja imágenes grabadas a fuego en la mente del lector debido a su belleza. La obra entera está dibujada en blanco y negro y me atrevería a aseverar que ese estilo tan perfecto no puede ser coloreado. No existe una paleta de colores que equipare la elegancia y preciosidad de su apartado gráfico. Y no es nada fácil igualar el trabajo de Thompson, ya que el simbolismo va más allá de la narrativa, con lo que usa el apoyo visual para fortalecer aquello que pretende transmitirnos y podría perderse en la comprensión. Es lógica la cantidad de tiempo que tardó en hacer semejante obra de arte si tenemos en cuenta todo el trabajo de investigación y diseño que lleva a sus espaldas.

Lo mejor de todo esto es que Habibi está editado en español por Astiberri Ediciones, por lo que no hace falta ir a morir a la versión original para poder leerlo. Está claro que no hablamos de una novela gráfica barata debido a la cantidad de páginas que tiene, pero es una inversión que vale la pena. Creo que hacen falta más cómics así en el mundo del noveno arte. Una joya inolvidable.

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Cuenta la leyenda que un zhéroe entró en una isla llena de cabezas cortadas…

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