HAPPY! El Cuento de Navidad de Morrison ya en tu tele.

Yo sí que me puse Happy! cuando vi que Netflix había decidido incluir en su catálogo la adaptación del cómic de Grant Morrison y Darick Robertson.

Por Teresa Domingo.

 

Cuando Happy! vio la luz en su versión gráfica (en España de la mano de Panini) muchos fueron los que se alzaron como defensores de Frank Miller alegando que no era más que una burda copia de Ese cobarde bastardo porque va de un expolicía que tiene que salvar a una chica de un pervertido. Y se quedaron tan anchos. Pues a lo mejor es Ese cobarde bastardo, pero si le añades unas cuantas gotas de LSD. Afirmar tal cosa es como decir que I Hate Fairyland es un remake de Alicia en el Pais de las Maravillas. Las premisas, son premisas y lo que cuenta es el desarrollo.

Vale, no es lo mejor que ha parido Morrison, pero tiene su sello inconfundible y tengo que reconocer que como serie funciona como un tiro. Al menos para alguien que lo flipe con las historias de violencia, sangre y mal gusto. Si es tu caso, estás de suerte porque Happy! tiene de eso y de muchas cosas más en cantidades industriales.

What is real???!!

Nick Sax es el expolicía alcohólico al que han echado del cuerpo, típico del noir. Acabado, sin un euro y con la ropa más mugrienta que puede vestir una persona sin desmayarse por su propio olor, sólo que, lejos de pagarse sus vicios como un detective ramplón, Sax es el sicario más efectivo del lugar. Su especialidad es el cuerpo a cuerpo y no tiene ningún reparo en llevarse por delante a quien y como haga falta. En una de estas, tras darle un infarto y de camino al hospital comienza a ver un pequeño unicornio azul, Happy, al que confunde con una alucinación provocada por cualquiera de los complementos ilegales de su dieta, pero que resulta ser el amigo imaginario de Haley, una niña a la que ha secuestrado un perturbado que rapta niños vestido de Papá Noel con síndrome de Diógenes. Y no será este el único villano ni esta la única línea argumental de la serie, pues unos cuantos personajes con no muy buenas intenciones y a cada cual más traumado en su infancia, tendrán su parte de implicación en el caso principal.

Lo que viene a ser una serie de violencia y venganza al uso, pero firmada (y supervisada, que siempre es un aliciente para ver una adaptación) por Grant Morrison: mucha violencia y mucha venganza por todas partes, algo de redención (aunque de esto hay poco), litros de sangre, un humor muy negro y detalles de mal gusto por doquier, y alucinaciones que se mezclan con la realidad, la imaginación y la alegoría. Insisto, no es lo mejor que ha hecho, pero es bueno y es puro Morrison. Con sus composiciones de viñeta, en este caso de plano, y sus colores lisérgicos y sus momentazos violentos locos.

Los bajos fondos.

El burro-unicornio Happy resulta el contrapunto perfecto a la rudeza de Sax. No es la primera vez que nos encontramos con dos personajes que, en apariencia, no casan y se ven forzados a ser compañeros de aventuras locas, pero pocas veces se complementan tan bien y absorben tanto uno del otro, a pesar de ser diametralmente opuestos. Pura fantasía con mentalidad infantil enfrentada a una realidad grotesque gore ultraviolenta para adultos no aprensivos. Y es precisamente en esa desubicación tan tajante donde reside el alma de la serie. La inocencia del burrito alado se ve sumergida de lleno en los más bajos fondos de Nueva York, sumada a que sólo Sax puede verlo, da lugar a situaciones tan cómicas como políticamente incorrectas. Y todos estos contrastes se ven reforzados por la iluminación oscura y agobiante sobre la que resalta el intenso azul de muñeco y otros detalles.

Y por supuesto, mientras la trama va avanzando, el guión se encarga de ir haciendo su crítica particular a la sociedad, a las fiestas navideñas y a todo ese circo que se monta a su alrededor. Desmitifica el mito de la Navidad Americana mancillando sus situaciones más recurrentes y haciendo que sea, precisamente el personaje que más carece de eso llamado espíritu navideño, el que recibe, a la vez que nosotros, lecciones de vida y moralejas varias.

El subconsciente de Sax es un programa de Jerry Springer.

Lo que más aturdirá a los que se acerquen a Happy! sin previo aviso son las idas de olla made in Morrison, algunas tan personales que hacen difícil su interpretación y cuya representación, a menos que se tenga la oportunidad de hablar con el autor, es tan surrealista que puede dar lugar a varios mensajes a la vez.

En definitiva, una serie policiaca lo más alejada posible de las series policiacas al uso, con la misma estructura narrativa que cualquiera de ellas pero llevada al extremo en su contenido. Ocho episodios con una tasa de muerte y de infartos superior a la media y con el donkicornio más adorable de la pequeña pantalla. Una adaptación que, gracias a las avanzadas técnicas televisivas, que hacen de las series películas por fascículos, y en la que la interpretación de Christopher Meloni (no olvidemos que realiza la mayoría de los diálogos sin réplica real) hace que esta historieta que Morrison y Robertson nos dejaron para la posteridad se disfrute más si cabe.

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Si es creepy, es para mí.

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