Haters Back Off: El precio de la fama.

Miranda Sings es una chica poco convencional pero está dispuesta a saltar a la fama. Quizás no posee el talento natural necesario pero como veremos en esta serie de ocho capítulos producida por Netflix, no va a dejar que nadie se interponga en su camino.

Por Javi Jiménez.

Todos hemos soñado con la fama en mayor o menor medida. Internet nos ha puesto esta posibilidad en la punta de nuestras yemas. Sin embargo ya lo sabes:  que algo sea posible no quiere decir que debas de hacerlo.  Aunque colgar un vídeo en YouTube pueda lanzarte al estrellato, mostrando tus dotes como cantante, intérprete, humorista o especialista en imitación en cantos de pájaros; con la misma facilidad puedes acabar en los zappings de lo más vergonzoso del año. Con la misma facilidad que puedes ganar fans, pueden aparecer su opuesto: los haters.

Miranda ha tomado una decisión. No le bastan los trofeos que le de su madre (a todos nos hace falta algo más que el reconocimiento materno) y quiere empezar su carrera hacia el estrellato. Todo parece bastante claro cuando decide subir un vídeo en el que muestra sus dotes vocales. Su Tío Jim se encarga de la parte técnica (darle al botón de la cámara) y de ejercer de mánager. En cinco sencillos pasos, obviamente incluyendo  un número de magia, Miranda pasará a ser Miranda Sings, una famosa cantante. Solo hay un inconveniente:

Miranda canta fatal.

Y está un pelín pirada.

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Lo cual es normal teniendo la familia que tiene. Un tío (Steve Little) completamente delirante que no hace más que alentarla en un viaje que va directo al abismo, la vergüenza ajena y los HA HAs. Su madre, Angela Kinsey) hipocondríaca y profesora-en-casa, es incapaz de contradecirla y solo le dirá lo que quiere oír. Mientras que el único reducto de cordura en esa casa, su hermana Emily (Francesca Reale), tratará sin éxito de hacerle ver que no tendrá un final feliz, aunque probablemente pierda también la cordura en el proceso.

La actriz, humorista y YouTuber Colleen Ballinger creó en 2008 para YouTube a este excéntrico personaje. Una burla a toda esa gente que sube vídeos a YouTube cantando que no saben que no podrían acabar con los tímpanos de una ciudad mediana si son soltados en libertad. Mal encarada, egoísta, borde, con una eterna sonrisa de payaso a base de pintalabios rojo y condenadamente insoportable, el personaje es todo un éxito (del que no era consciente) en la red e incluso lleva a los escenarios su propio show de humor. Netflix le ha dado 8 capítulos a la humorista para desarrollar al personaje. Le acompañan secundarios de lujo, entre los que destaca Angela Kinsey a la que todos recordamos y queremos en su papel homónimo en The Office.

Podría parecer que esta no es más que una excusa para capitalizar su éxito en YouTube pero he de decir que he tratado de ver alguno de sus vídeos y no puedo con ellos, al contrario de lo que me ocurre con la serie. La dinámica de la serie y los secundarios que la rodean le sientan como anillo al dedo. Todos son una pandilla de locos a su manera pero entrañables. Estos personajes compensan las rabietas y excentricidades de Miranda quedando capítulos muy equilibrados con ese toque de comedia pocha que está tan de moda. También se nota la práctica en la caracterización del personaje, muy rico, lleno de ticks que es único en cada segundo que aparece en la pantalla. Ballinger es prácticamente una con el personaje y eso se nota, aunque lo exagerado del mismo pueda parecer que esté algo sobreactuado.

Se nota el mimo puesto en la serie que no pretende cambiarle la vida a nadie pero si que trata de ser un producto de entretenimiento bien hecho y que podemos disfrutar repantigados en el sofá, descansando del duro día y echando unas carcajadas. El único pecado viene del mundo del marketing, que ha intentado colarnos esta historia como una especie de testimonio de la cultura de Internet y en especial del fenómeno YouTuber cuando la serie va más allá de eso.

A pesar de lo histriónico del personaje, yo me quedo con un punto positivo.  Puede recordarnos que aunque hagamos el ridículo es mucho más divertido intentarlo, dar vergüenza ajena y hacer lo que nos gusta, a pesar de las críticas. A veces la voz de nuestra pequeña Emily, esa aguafiestas, debe ser ensordecida por los gritos de ¡Hazlo!. Hagamos lo que nos gusta, a pesar de los haters. De Miranda nos podemos llevar dos tacitas de “poca vergüenza”, nos hará vivir mejor.

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Acerca de Javier Jimenez 184 Articles
Consumidor experto, reseñador amateur. Me gusta la música fuerte, la ciencia ficción, las series animadas y así os lo hago saber.

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