HELLBLAZER de Mike Carey

John Constantine es el hijo de puta que no nos atrevemos a ser. El héroe miserable que salva el día siendo más mezquino que los demonios a los que se enfrenta. El Mr Hyde al que envidiamos mientras nos esforzamos en demostrarle a todo el mundo que somos un Doctor Jekyll modélico.

Por Javier Marquina.

Nada como gastarse 85 euros en dos tomos sobre una colección sobre la que nunca has profesado una adoración sectaria para darse cuenta de lo mucho que te gusta un guionista. No puedo decir que esto sea una sorpresa, porque Mike Carey ya me había demostrado con Lucifer que era un escritor capaz de convertir la complejidad planificada en un arte. Pocas veces me he visto tan superado por una labor de construcción tan medida, por una arquitectura argumental tan precisa y gigantesca como la realizada al contar las andanzas de ese ángel orgulloso que fue expulsado del cielo. Un esquema tan cerrado, que una vez te introduces ya no quieres volver a salir de él. Un laberinto en el que te pierdes gustoso aunque cada giro y cada decision te enseñan la salida.

HellblazerDada la larga tradición del personaje, hacer una crítica exhaustiva de estos dos tomos parecía uno de esos trabajos soñados para todo aquel que escribe en las redes y desea con cada texto demostrar lo mucho que sabe de algo. Sin embargo, como yo me considero un neófito en todo lo que se refiere al mundo mágico por el que transita el hechicero con cara de Sting creado en las páginas de La Cosa del Pantano por Alan Moore, esta reseña no va a consistir en resumir la etapa en Hellblazer de Carey. No contaré nada de lo que sucede en los dos tomos ni de la labor de los dibujantes que acompañan al guionista en su brillante periplo al frente del mago cínico fumador. De Marcelo Frusin a Leonardo Manco, pasando por el tristemente desaparecido Steve Dillon, cada pieza cae en su posición con un chasquido reconfortante. Lo recopilado en los dos tomos editados por ECC es algo que cuenta a sí mismo, que hay que vivir con la apasionante certeza de que se está disfrutando de un evento genial, quizá con algunas aristas en alguno de los bordes, pero configurando un ovoide tan cercano a la perfección, que muchas veces lo confundes con una esfera. Aquí no vais a leer un texto al uso con su resumen pormenorizado y su crítica más o menos argumentada acerca de la sintaxis, la narrativa, el trazo, el entintado y el color. No. Qué va. De lo que yo quiero hablar hoy aquí es de experiencias. Y de sensaciones. Yo quiero hablar de amor.

¿Puede haber algo más desafortunado que eso? No lo creo. Nada mejor para desalentar al lector que exponer tus sentimientos con franqueza. Nada más casposo que volverte sentimental cuando hablas del infierno, de la magia negra y de todos los seres que traen el averno a la tierra. ¿Hay un personaje menos adecuado que John Constantine para ponerse tierno? ¿Hay hechos menos propicios para las bondades del corazón que las atrocidades que aquí se cuentan? Qué queréis que os diga. Yo soy así. Me edulcoro con lo truculento. Me tocan la patata los autores que consiguen hipnotizarte con el magnetismo indiscutible de la maldad. Lloro de emoción con la casería justificada, con el sadismo espontáneo de unos seres cuya única finalidad es generar dolor, y me produce todavía más regocijo contemplar como gente con talento desorbitado resuelve los conflictos antagónicos a los que se enfrenta el protagonista entre Silk Cut y Silk Cut, con esa mezcla de desencanto y mala leche que son marca de la casa.

HellblazerY es que el Hellblazer de Carey huele a Vértigo por los cuatro costados. Entiende a la perfección la tarea que le han encomendado y mimetiza lo mejor de otros autores para moldear un corazón propio que puedes oír latir en cada página. Todo tiene una atmósfera característica, densa y mística, con el toque fétido de un abismo mucho más prosaico y menos poético que aquel que acompañaba al Lucero del Alba. Consigue que Constantine sea el de siempre y, a la vez, lo despoja por momentos de su armadura de ironía impenetrable para ofrecerle una vida mundana y defectuosa. Cafre, egoísta, amigo que contamina a sus amigos, no hay nadie más cabrón entregado a erradicar la maldad del universo. Sobre todo si eso responde a sus propios y secretos beneficios. Ajeno a la compasión, incapaz de esa empatía corriente que te une a la sangre y a los amigos de verdad, predica su retorcida verdad con el convencimiento de que lo que hace es necesario, por mucho que duela. Porque duele. Incluso a él, máscara impertérrita de un héroe procaz en su fachada, aunque carcomido por la culpa en las entrañas. Y todo ello estructurado con ese precisión demencial en la que nos sentimos observando la resolución de un gigantesco puzle.

Pero, sobre todo, el Hellblazer de Carey emociona porque engancha. Se te mete en la sangre como cocaína sin cortar y te empuja hacia la lectura con la aplastante potencia de la mejor de las anfetaminas. Incapaz de parar, con los ojos como platos, vas de número a número con el ansia de saber latiendo en tus sienes, entregado al proceso de inmersión que los cómics de este británico proponen en cada entrega. Al final, cuando acabas, te muerdes los labios nervioso porque sabes que llega el periodo de abstinencia. Es una de las características de las cosas buenas buenas. No quieres que se acaben. Aunque te cuenten la historia de lo peor de cada casa. Aunque hablen de cosas horrendas que guardan prisiones en las tripas. Aunque sean la metáfora triste y sincera del más retorcido y corrupto de los amores verdaderos.

Como la vida misma, vamos.

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Acerca de Javier Marquina 192 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

2 comentarios en HELLBLAZER de Mike Carey

  1. Grandísimo artículo, jefe. Cómo se nota la calidad cuándo la hay. Para mí también es mi guionista favorito junto con Delanto y Ennis, aunque Milligan también tuvo lo suyo. Pero es cierto que Carey es un artista y que (casi) todo lo que guioniza lo hace a la perfección. Al igual que tú. Sigues siendo un referente, míster.

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