HELLSTAR REMINA: La semana santa de Junji Ito

¿Saturados de procesiones, crucifixiones y penitencias varias? Pues tranquilos, que os traigo más.

Por Teresa Domingo.

 

Siempre es buena ocasión para hablar de un manga de terror, y más si es de Junji Ito, pero no veo mejor época del año para hablar de Hellstar Remina, en cuya portada y primera página ya asistimos a la crucifixión de la protagonista.

Uno de los mangakas de terror favoritos de La Isla nos traslada a un futuro cercano, tan cercano que la poca distopía que encontramos es que los coches vuelan y los ciudadanos son informados mediante unos globos-megáfonos que surcan los cielos de las poblaciones. En este futuro el profesor Ooguro hace un descubrimiento que supone una revolución en el campo de la astrofísica: un nuevo planeta que acaba de aparecer junto al sistema solar a través de un agujero de gusano y al que decide llamar como a su amada y tímida hija, Remina. Profesor e hija alcanzan la fama y el éxito. Mientras el primero alcanza el máximo prestigio en Ciencia, con numerosos premios y concesiones, la segunda acaba sucumbiendo a los encantos de la vida de una Idol japonesa, con su club de fans y todo. Pero el planeta, que está a millones de años luz, comienza a avanzar, abalanzándose literalmente sobre la tierra  mientras va extinguiendo cualquier astro que encuentra a su paso y dejando a la humanidad un margen de reacción de pocas semanas.

Ito nos sumerge de lleno en un Apocalipsis inminente, que desencadena el caos y el terror absoluto ante la falta de preparación mental y sangre fría que el ser humano debería poseer para enfrentarse a una catástrofe de grandes dimensiones. Al igual que ya vimos en Gyo, a Junji Ito le gusta plantear el mal absoluto como algo inentendible a lo que no se le puede hacer frente y cómo, ante la frustración y el miedo a una muerte inaplazable, parece que nos sentimos en la obligación de culpar a alguien y hacerle pagar para quedarnos tranquilos. De este modo, y al igual que pasa con el protagonista de esa gran novela de ficción llamada La Biblia, de la que se acaba de celebrar uno de sus capítulos más gores, veremos a Remina, cual Jesucrista del futuro, siendo perseguida, negada por sus amigos, prendida por la multitud, azotada a latigazos en la plaza pública y crucificada. Hasta hay una escena de ensartamiento con lanzas y una ascensión a los cielos de la salvación. Siempre bajo el prisma distorsionado de uno de mis maestros del terror actuales favoritos, claro, pero haciendo clara referencia a un dios ajeno a su propia cultura.

El monte del calvario de Remina y su padre.

En este punto saldrán unos cuantos, seguidores o no, a decir que lo que tenemos entre manos es un relato de horror cósmico, en el que Junji Ito hace su propia versión de H.P. Lovecraft y nos presenta a su Cthulhu particular. Pues puede ser. Pero puestos a lanzar teorías argumentales, también puede ser una de superhéroes, con sus buenos, sus malos, su mártir y su villano destructor que bien podría estar basado en Galactus. O una de conspiraciones en la que el Gran Hermano nos vigila. O el Ojo de Dios que todo lo ve, y volvemos a la representación bíbica del dios cristiano… (Bien, creo que llegados a este punto debería decir que Remina no es un planeta, sino un ojo gigante que vaga por el espacio alimentándose de estrellas y planetas). Podría ser cualquier cosa, y a saber cuál es realmente, porque sólo Junji Ito está en la mente de Junji Ito. Por suerte.

Cualquiera que conozca su obra, por mínimo que sea, sabrá el énfasis que Ito pone en los ojos de sus personajes. Tan abiertos, intrigantes y amenazantes… creo que ya lo he comentado alguna vez, porque es algo que llama la atención de su dibujo. Aquí, la obsesión del mangaka llega a su punto más álgido, en forma de este planeta-ojo terrorífico que nos quiere aniquilar.

Pocos autores del género pueden presumir de dominar el Terror Absoluto y aunar en sus obras, con tanto estilo, grandes dosis de terror visual, psicológico, físico, existencial, personal y colectivo. Nadie es capaz de levantarte el estómago a través de sentidos que ni siquiera puedes experimentar con un cómic, y eso que en esta ocasión no hay pescados podridos, ni gore de casquería, ni nada que aparentemente huela mal, pero es Junji Ito en estado puro.

El ojo te ve.

Este estilo incluye sus tan criticados personajes planos, pero hay que tener en cuenta que Ito tiene pocos mangas de tomo único. Él es mangaka de historias cortas, en las que prima el impacto de la trama sobre el desarrollo de los personajes, porque rompería el ritmo narrativo y la sorpresa que una historieta de este tipo precisa y porque no hay espacio. Tampoco suele interesar, no hace falta, pues el verdadero personaje de las historias de Ito es la propia acción que el terror desencadena y ahí es donde se centra.

Para demostrar lo que digo, y como viene siendo costumbre en las publicaciones de estas historias más largas, se incluye alguna historia corta, que es, como digo, donde Junji Ito sabe lucirse de verdad, pues, a pesar de que Hellstar Remina me ha parecido un gran trabajo de ingenio creativo, y casi he aplaudido en esa escena de terror paralelo que discurre entre lenguas y Reminas, creo que Los Cien Solitarios , que así se titula la historieta, fluye, y por lo tanto, funciona mejor.

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Acerca de Teresa Domingo 147 Articles
Si es creepy, es para mí.

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