HIGH SCHOOL MUSICAL – 12 años después

John Hughes (director de The Breakfast Club, y 16 velas) dijo una vez ” La gente olvida que cuando tienes 16 años, eres tan serio como lo serás el resto de tu vida. Piensas en serio en cosas serias.” Todos hemos visto alguna vez a un adolescente que necesita ser tomado en serio, ya sea por sus profesores, compañeros, o su propia familia. Por eso las películas de Hughes funcionaban tan bien. Entretenimientos extraños como “Todo en un día” contenían una subtrama en la que un joven pretendía hacerse valer. Pero esto eran los 80.

Por Andrés R. Paredes

Creo que hay poco cine visionario. Creo que el séptimo arte va, como mucho, al mismo ritmo que la sociedad que lo rodea, y que hay muy pocas películas “adelantadas” o “incomprendidas”. El cine siempre responde a las necesidades del público, un público que vive en sociedad y que cuando entra en sala a veces quiere enfrentarse o evadirse de sus problemas. Por eso me resulta muy difícil hacer una crítica en el momento de una película. Porque los árboles no dejan ver el bosque. El impacto de (por ejemplo) la situación social en Estados Unidos para con Infinity War no será apreciable hasta dentro de un año. Para entonces, tendremos Infinity War 2, etc. El cine acompaña al público y responde a sus necesidades emocionales. Aunque a veces se queda un poquito atrás.

Durante la primera mitad de la década de los 2000, Disney Channel producía una media de 7 películas originales al año. El objetivo de estas películas era claro: Tantear hacia dónde iba el público, descubrir nuevas estrellas y dar trabajo (un poco inestable, un poco mal pagado) a directores y guionistas de una cadena moribunda. Por supuesto, el éxito de estas películas era… cuestionable. Bueno, en realidad, nefasto. El único éxito claro de las producciones fue Halloweentown que se convirtió en la “En busca del valle encantado” de las producciones originales de Disney, llegando a contar con la friolera de 4 partes. En definitiva, a Disney no le estaba saliendo bien la jugada. Pero entonces pasó algo sorprendente e inesperado a partes iguales: Pasó High School Musical.

High School Musical

Tengo que reconocer una cosa. En mi crítica de la recepción de Crepúsculo pasé por alto un detalle bastante claro: Para cuando la primera parte de la saga vampírica se estrenó, ya llevábamos 4 películas de Harry Potter. La saga se había vuelto “oscura”, “madura” y “seria” y muchos espectadores se comenzaban a “hartar” de ello. ¿De quién fue la culpa? Difícil de saber. Pero para cuando llegamos al 2006 todo era tan edgy y todo el mundo quería tanto hacerse el maduro (porque lo maduro es lo importante y lo importante es lo real), que no había lugar en el cine para el entretenimiento. Pero entonces se cumplió la máxima de William Goldman: Nadie sabe Nada.

Exceptuando el plano social resulta dificilísimo saber cómo diablos esta película tuvo éxito. Los mayores éxitos de su director, Kenny Ortega, fueron coreografiar “Todo en un día” y “Dirty Dancing”, aparte de dirigir probablemente la mejor película de brujería de los noventa: “El retorno de las brujas”, que contaba con un grandioso, épico y sencillísimo número musical que no venía a nada. Su guionista había realizado tan sólo dos guiones directos para DVD (uno de ellos contaba con la presencia de Wesley Snipes, sinónimo de calidad), y el compositor de la música, David Lawrence, portaba con orgullo la banda sonora de… American Pie. Zac Efron y Vanessa Hudgens tampoco destacaban dentro del panorama actoral americano, y prácticamente ningún miembro del cast era conocido. Todo este párrafo espero que os valga para comprender que el éxito de ésta película fue inesperadísimo. Y es que quizá no lo llegamos a ver con toda la claridad en Europa, pero en Estados Unidos fue una auténtica conmoción.

Siendo una de las producciones propias más vistas de Disney Channel con 7.7 millones de espectadores, los miembros del cast salieron de gira, el disco de la banda sonora se convirtió en uno de los más vendidos del año y llegó a realizarse un especial “High School Musical on Ice”. La película fue descrita en su día por su director como un “Romeo y Julieta” de instituto musical. Y esto solo reafirma la certeza de que, en realidad, NADIE SABE NADA. No tenían ni idea de lo que se traían entre manos. Por si acaso no la habéis visto, el resumen es fácil de hacer:

Troy y Gabriella se conocen cantando en un Karaoke en fin de año. Se vuelven a encontrar en el instituto, en el que Troy es el miembro estrella del equipo de baloncesto y al que Gabriella se traslada tratando de huir de su pasado como “CHica inteligente”. Pero oh, el amor es irrefrenable. Cuando ambos coinciden en la spruebas para el musical del colegio son saboteados por Sharpay y su hermano. Sin embargo, la pareja consigue que se realicen unas segundas audiciones para ellos dos solos y éstas coinciden… ¡el día de las olimpiadas matemáticas y del campeonato de baloncesto! ¡Oh no!

Como se puede apreciar, poco o nada tiene que ver esta historia con Romeo y Julieta. Tiene más de… de bueno, historia de película directa a televisión de Disney Channel. Y eso incluye una porción grande de lecciones vitales no muy complejas, siendo la principal: “Sé tu mismo”. HSM trata, en el fondo, sobre que cada persona es más de una cosa, cómo cada miembro de East School High no tiene que ser sólo “el acróbata” o “la directora” o “el artista”. Allí donde hay una única cosa de cada, HSM nos recuerda que podemos ser todo lo que queramos.

Por supuesto, el 90% del conflicto recae sobre Troy, cuyo estatus como “Mejor jugador de Baloncesto” se ve cuestionado al meterse en el mundo de la canción. Porque el capitán del equipo de baloncesto no puede cantar. Y esto no es una cuestión (gracias a Dios) de hombría. Es un tema de mantener el orden social impuesto por los profesores. Y he aquí el auténtico corazón de la obra: High School Musical como análisis de las estructuras sociales y cómo éstas se vuelven tóxicas cuando no permiten a sus individuos desarrollarse por completo. La presión a la que se ve sometido Troy viene por parte de la clase dominante (su padre, también capitán del equipo de baloncesto) y su profesora de teatro, que le obligan a elegir un único bando, una única posición. Ésto es imposible, y se ve cuando a mitad de película todos cantan literalmente “Stick to the Status quo”. No hay lugar para los indecisos. Debes ser sólo una cosa. Quienes son los mejores en ello (Sharpay, su hermano y el propio Troy) y viven por y para una única cosa son quienes tienen éxito.

Ésto provoca que  Troy quede dividido, roto. Es un personaje trágico, destrozado por la situación que está viviendo. En realidad su vida es un drama que le queda un poco grande a Zac Efron, lo cual en parte es comprensible ya que es el único miembro del cast que utiliza Playback. Él es el héroe y su propio villano. Su sufrimiento es patente. 

Ésto no le pasa Gabriella. Su conflicto tiene más que ver con el miedo escénico y tratar de decidir si quiere destacar o ser una adolescente más. No quiere destacar, ni siquiera en el musical. Los motivos por los que se quiere presentar a la audición son claros y, por desgracia, típicos para las producciones Disney de la época: Troy. Gabriella es una mera herramienta narrativa, que sirve un poco como figura que trastoca el futuro “dorado” de Troy. Ella es el elemento extraño, un fantasma que recorre los pasillos del instituto, removiendo y fomentando ideas revolucionarias. Que Troy traicione su confianza a mitad de película y por ello ambos se vuelvan mediocres en sus respectivos campos es sólo el libreto subrayando lo que ya nos venía diciendo antes: No poder hacer todo lo que deseamos (tanto por las circunstancias sociales como por amorosas) nos deja insatisfechos e incapaces de sobrellevar la existencia. Esto es, hasta que la sociedad (nuestros compañeros y amigos) cambian y llevan a cabo una revolución.

El clímax de High School Musical se alarga más que la caída de la furgoneta en Origen, y ésto es porque deben abarcar tres eventos al mismo tiempo: las olimpiadas de ciencia, un partido de baloncesto y la audición para el musical. Todo para terminar en un número musical al más puro estilo Bollywood, con todos vestidos de rojo y cantando (sin los profesores, en una especie de utopía socialista) “We are all in this together”, claro himno de connotaciones Marxistas.

Podemos encontrar en High School Musical las raíces de un movimiento comunista que a día de hoy domina las redes sociales y ha cambiado la forma de pensar de toda una generación de los más jóvenes. Las aventuras musicales de Troy Bolton y Gabriella Montez son el primer empujón que todo preadolescente necesita para abrazar la doctrina que nos liberará de un estado opresor y fascista.

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