HITLER, la novela gráfica de Shigeru Mizuki

Ay, si me hubieran dado esto en vez del libro de historia…

Por Teresa Domingo.


A mi y a cualquiera. Nos hubiera quedado más claro, lo hubiéramos aprendido más rápido y viendo cosas mucho más bonitas que el careto de cualquiera de nuestros tediosos profesores de historia.

Me parece increíble que en La Isla no hayamos hablado todavía de Shigeru Mizuki, maestro y uno de los creadores del género yokai (manga de espíritus y demonios). De los mangakas más reconocidos de Japón, ha recibido numerosos premios por sus obras, en especial por  GeGeGe no Kitaro (Kitaro del cementerio), que está publicando ahora mismo Astiberri en unos tomos muy aparentes y de los que ya hablaremos otro día. Hoy nos concierne otra obra, que quizá no haya tenido tanto éxito como Kitaro, pero que también merece la pena leer.

Hitler, la novela gráfica, cuenta la historia de …(redoble de tambor) … efectivamente, Adolf Hitler. No, no hay sorpresa que valga, es la vida de Hitler condensada en 276 páginas, y punto. Pero lo que mola de este manga no es lo qué cuenta, cualquier persona que se precie de ser llamada así sabe de la vida de este dictador. El rollo es cómo lo cuenta, didáctico a la par que entretenido. Tan entretenido que resulta chocante que alguien pueda narrar la biografía de uno de los personajes más ruines que nos ha dejado la historia en un tono tan desenfadado, como si fuera un teatrillo de marionetas. Y  tal cual lo dibuja.

Al principio presenta a los personajes a modo de elenco. O de póster de comisaría con los terroristas más buscados, según se mire. Todo el plantel de personajes históricos relevantes para el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, que van pasando por las viñetas, manteniendo conversaciones en el mismo plano frontal sin interactuar con el fondo, plano. Bueno, personajes relevantes, o no. Porque por ahí aparece Franco, el dictador con voz de pajarito que no pudo ayudar a su ídolo porque la que tenía preparada en su país, tras la guerra civil, era pistonuda.

Todos estos personajes malvados y retorcidos dibujados a plumilla, de forma esquemática, pero no por ello faltos de carácter y expresividad (caricaturas, puras y duras, dibujo rápido que en unos trazos capta la esencia de la persona), contrastan con las escenas bélicas, dibujadas con un detalle y precisión fotográficos, que no concuerdan con los monigotes del teatrillo, y hacen pensar que, lo mismo, hay dos manos dibujando. Y no precisamente las de Mizuki, que perdió su brazo izquierdo durante la segunda guerra mundial, siendo zurdo, y tuvo que volver a aprender a dibujar con la derecha. ¿De dónde saca si no la paciencia y genialidad para hacer esos fantásticos dibujos de edificios y campos de batalla, repletos de trazos, casi rozando técnicas puntillistas?

A pesar del precioso envoltorio de personajes y momentos históricos memorables (a Mizuki no se le olvida ninguno: los discursos de Nuremberg, la batalla de Stalingrado, la noche de los Cuchillos Largos, Pearl Harbor, el desembarco de Normandía, la toma de Berlín…) lo más importante de todo esto es el propio Hitler, ya que todos estos acontecimientos los vivimos a través de él.

El dictador que ha construído Mizuki es un Hitler muy simple pero muy inteligente, al que vemos crecer desde sus inicios como artista vocacional, descubriéndose como orador nato, encumbrándose como líder de una Alemania en expansión (también se le puede llamar así)  y viviendo el declive de su imperio desde un búnker, donde llegará su final. Solo y derrotado. Un Hitler al que el autor humaniza, y casi justifica, pretendiendo hacer entender las razones de la ida de olla más grande del mundo moderno. No olvidemos que al mangaka le tocó vivir en primera persona, y siendo muy joven, el horror de la guerra, que perdió un brazo por su patria y que lo perdió mientras Japón estaba del lado de Alemania. Él mismo lo explica en el epílogo de la novela. Pero no hay humanidad suficiente que pueda tapar la frustración de un artista que se cree que es bueno y no lo es, la megalomanía extrema de un ser con tales problemas afectivos que coquetea con un semiincesto, y lo peor de todo, que es vegetariano.

Posiblemente una de las mejores biografías, si no la mejor, del führer alemán que me he leído. Concisa, completa, con todos los nombres y fechas necesarios para conocer a la perfección el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y, a pesar de contar algo terrible (y eso que no toca el holocausto para nada), entretenida de leer. Ay, si me hubieran dado esto en vez del libro de historia…

 

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Si es creepy, es para mí.

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