Huescómic y las buenas intenciones.

Siendo uno de Huesca y estando activamente implicado en la organización de la primera edición de esta jornada sobre, para y por el cómic, era inevitable que yo, un oscense de pro, hiciera balance del tema. Espero que al menos resulte interesante.

Por Javier Marquina.

80-290x290La cosa fue bien. Es más, para mí la cosa fue estupendamente. Poder pasar un día entero en tu ciudad habando de cómics con gente que sabe de cómics es una experiencia que un aficionado que ha estado en soledad durante décadas, no puede más que considerar emocionante. Además me fui a casa habiendo conocido a Bernardo Vergara, que aunque también sea oscense, nunca había tenido el placer y el honor.  Uno se va a casa con esa feliz, alucinada y extraña sensación de “¿qué coño hago yo aquí con esta gente si hace un año era (y sigo siendo) un don nadie”.  Lo dicho. Un auténtico y total gustazo.

Pero no estoy aquí sólo para escribir un texto onanista y complaciente acerca de lo que disfruté, de la buena gente que conocí y de lo bien que me lo pasé este sábado, sino para hacer una crítica constructiva, seria, amateur y muy probablemente intrascendente de Huescómic como “Mini Salón” del cómic de Huesca, de lo que fue y de lo que podría llegar a ser. Tampoco voy a hablarel acto en sí, de como transcurrió o de las cosas que allí se dijeron, ya que dejare un par de links en los que el que quiera puede leer textos informativos mucho más imparciales que el mío sobre cómo transcurrieron las cosas. Yo he venido aquí a hablar de mi libro, y eso es precisamente lo que voy a hacer.

Y es que la cosa fue bien, pero podría ir a mejor. Como piedra de toque y punto de partida fue sin duda una experiencia excepcional, un lugar de encuentro y reunión de aficionados, editores y autores aragoneses en una tierra en la que la cultura del cómic siempre ha tenido un déficit importante a pesar de contar con muchos y muy buenos referentes. Sin embargo, está claro que Huescómic salió adelante por la desmedida buena fe y espíritu de colaboración altruista y sincero de la gente. Sin ella, nada de esto hubiera sido posible y probablemente, si no hay apuesta clara de la administración para apoyar este acto económicamente de una forma clara y decisiva, nunca más lo será. Las buenas intenciones, las palabras amables, las sonrisas de anuncio de dentífrico pueden quedar muy bonitas en la foto correspondiente, pero no sirven de nada si no viene acompañado de hechos y, sobre todo, de dinero. Que la colaboración municipal haya sido la cesión del local y la confección de los trípticos (que no se repartieron por la ciudad) puede ser comprensible hasta cierto punto observando al detalle los presupuestos municipales, pero el cómic y la respuesta que a Huescómic se hizo desde aficionados y público en general, merece algo más. Seguro que en la segunda edición subsanaremos estos errores.

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Es cierto que en estos tiempos de crisis y ruina económica administrativa, lo menos importante es la cultura en cualquiera de sus formas, pero estas iniciativas que se basan de forma fundamental en el amor al arte de sus colaboradores, deberían ser un poco más fomentadas y protegidas por unas autoridades más preocupadas en peatonalizar el centro de la ciudad de manera anárquica y descerebrada, pero dejando diáfana la calle que lleva al parking del Ayuntamiento. Metáforas de las vida.

Anécdotas locales aparte, el balance sólo puede ser positivo. Pese a la casi nula dotación económica, Huescómic ha sido una experiencia gratificante en todos sus aspectos. La férrea voluntad de los organizadores y colaboradores y dos o tres acciones desinteresadas permitieron que al final todo estuviera a punto. Yo espero que el balance global por parte de todos los implicados haya sido positivo y el año que viene nos animemos todos a repetir. Con las mismas ganas, pero con más presupuesto. A poder ser. De verdad creo que así será. Todas las partes implicadas dieron sensación de continuidad, pero ya sabemos como funcionan estas cosas y ahora lo único seguro es la incertidumbre.

Iniciativas culturales de este tipo son necesarias en ciudades como Huesca, que durante años ha sido como una isla ajena a un mundo y un arte imprescindible en el que sólo desembarcaban algunos héroes que buscaban a un Grendel demasiado grande.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

2 comentarios en Huescómic y las buenas intenciones.

  1. Una puntualización: el Ayuntamiento fue quien pagó el montaje (y la impresión en el caso de Días de cine y cómic) de las exposiciones.

    Por lo demás, este fue el año de experiencia piloto. Seguro que el año que viene hay más y mejor, porque con poco se puede hacer mucho.

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