IBERIA (cultural en femenino) SUMERGIDA

Cultura sesgada, con importantes ausencias de referentes femeninos. Durante décadas, el género femenino ha brillado por su ausencia en libros de texto y en la historia, esa que escribimos con mayúscula, de nuestro país. ¿Razones? Solo desde el menosprecio hacia el género femenino latente en el devenir histórico del siglo XX encontramos unas cuantas. ¿Comprensibles y admisibles? Nunca.

Por Cristina Hombrados

Hubo un tiempo no muy lejano en que los múltiples rostros que puede adoptar la represión tomaban forma a diario sobre un sector de la población. Asesinatos, encarcelamientos, violencia física o psicológica, ninguneo… Excusas con tintes políticos, religiosos o de ideales fueron válidas no solo para diezmar la población, sino también para frenar el avance intelectual y cultural de toda una nación.

Una buena parte del activo cultural femenino que se gestó durante décadas fue automática y sistemáticamente silenciado y, consecuentemente, sepultado y enterrado en el olvido. ¿Qué se deduce de manera inmediata de ello? El completo desconocimiento por parte de generaciones venideras del bullente movimiento cultural de aquel momento. Un vacío que en realidad no habíamos percibido como tal, pues quién sabe lo que se extiende tras esa puerta tapiada que siempre hemos conocido como una pared pintada de forma impecable. No se puede echar de menos lo que no se conoce, ¿no? Pues es imposible echar en falta personas, actitudes, formidables trabajos o actividades pioneras que fueron, deliberadamente, erradicas del mapa.

IBERIA SUMERGIDA
Marga Gil Roësset

Uno de los ejemplos más claros de omisión cultural de género en nuestra historia reciente es el caso de las llamadas Sinsombrero, un grupo de extraordinarias mujeres que deberían figurar en los anales como integrantes de la Generación del 27, pues formaban parte de ella. Pero las fuerzas imperantes en el momento y el paso del tiempo las acabó relegando, en el mejor de los casos, a un tercer o cuarto plano. Las poetisas Ernestina de Champourcín y Concha Méndez, las escritoras Rosa Chancel y María Teresa León (más conocida por ser la esposa de Rafael Alberti que por su faceta de escritora), la excepcional pintora Maruja Mallo, la filósofa María Zambrano, o la virtuosa Marga Gil Roësset, escultora, ilustradora y poeta (una figura que despierta una gran fascinación en mí, lo confieso), han sido redescubiertas a la sociedad gracias al empeño de gente como Tània Balló y su necesario proyecto crossmedia. Sus nombres vuelven a encontrarse en esos párrafos en los que se narra el panorama cultural de la década de los 20 y de los 30, pues les corresponde por legítimo derecho.

¿Cuándo se da cuenta un país que ha sufrido una represión sexuada que ha afectado al ámbito cultural (además de otros, por supuesto)? ¿En qué momento llegamos a percatarnos los ciudadanos que con este tipo de actuaciones nos han empobrecido en todos los sentidos? Quizá cuando las conciencias comienzan a despertar fruto de la agitación social. O, a lo mejor, cuando el interés por el pasado, su correspondiente estudio, el paso por archivos y la revisión de documentación, pero sobre todo, las odiosas comparaciones entre géneros derivadas de estudios, comienzan a plantear un buen número de interrogantes. Como por qué se les negó la visibilidad y por qué se anuló mediante el silencio y sin tomar en consideración su trabajo. Ello se tradujo durante décadas, por ejemplo, en clamorosas ausencias en los libros de texto, sesgando la educación de tantos y tantos ciudadanos de este país.

El mundo del tebeo no es una excepción.

Todo el mundo conoce y reconoce la excelsa labor de Forges que, vigilante en la prensa y con el humor por arma, apuntaba con el dedo los aspectos más sonrojantes de la actualidad. El marcado estilo y crítica social de El Roto es aplaudido por sus lectores y reconocido con galardones como el Premio Nacional de Ilustración de 2012. Y así podríamos seguir con infinidad de humoristas gráficos. En masculino, por supuesto. Y digo yo, ¿por qué no se reconoce como se debe a Núria Pompeia en ese campo? Pionera del movimiento de liberación de la mujer en los 70 y del feminismo en viñetas, practicaba la viñeta subversiva en la que visibilizaba con humor y desde una visión crítica los problemas cotidianos de la mujer de su época, haciendo hincapié en la sexualidad, la maternidad o la denuncia social. Ni siquiera tras su muerte, hace poco más de un año, ninguna editorial se planteó hacer una campaña como ocurre en tantos otros óbitos, en que por arte de magia las baldas de librerías amanecen repletas de las obras del autor finado. Y tampoco hemos visto que reediten sus obras y sus recopilaciones de viñetas. Ya ni hablamos de revisiones o nuevas recopilaciones. Las ediciones más nuevas de sus obras datan de los años 90, y son en catalán. Y si la Base de Datos de Libros Editados en España no miente, nos hemos de remontar a 1983 para ver que Cambios y recambios es su última obra editada en castellano. Por cierto, que algunos de sus primeros libros Maternasis, Y fueron felices comiendo perdices o Mujercitas, los sacó la editorial Kairós, que dirigía su marido, Salvador Paniker. Núria Pompeia Buixons, tal y como figuraba en su carnet de identidad, colaboró en infinidad de diarios y revistas, tanto del país como del exterior (hasta en Charlie Hebdo), fue redactora jefe de las revistas Por Favor y Saber y guionista y directora de programas de RTVE.

Sí, recibió la Medalla de Oro de la ciudad de Barcelona, el galardón Rosa del Desert, con el que la Associació de Dones Periodistes de Catalunya le reconocía su trayectoria profesional y el que quizá sea más importante porque surge del reconocimiento y de querer dotar de la visibilidad negada durante décadas, el premio honorífico del Colectivo de Autoras de Cómic. Pero eso no es suficiente.

 

Reconozco que siento vergüenza cada vez más a menudo. Siempre que descubro la destacada contribución al mundo de la cultura o a otros ámbitos de una mujer que debería conocer. Cuando me percato que desconozco tanto de mi género como colectivo. Porque me da la sensación de que me he perdido mucho. Y porque me percato que he recibido una educación sesgada, hinchada de nombres en masculino, pero carente de nombres en femenino.

Tengo la certeza de que nunca es demasiado tarde para reconstruir la herstory de un país y restablecer y restituir el reconocimiento que a tantas y tantas mujeres se les ha privado en el ámbito cultural. Silenciamientos que se asemejan sospechosamente a hundimientos intencionados, que el adormecimiento de las conciencias y la dirección de comportamientos han permitido durante décadas. Allá, en lo más profundo, han esperado pacientemente ser rescatadas, a que salte una chispa en forma de concienciación y revolución de género, que ponga de nuevo en funcionamiento los mecanismos de recuperación, sacando a flote ese riquísimo activo cultural, para tantos desconocido, que viene firmado con nombre de mujer.

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