INFIERNO EMBOTELLADO. Puro y duro Maruo.

Si hay alguien que pueda convertir lo más violento, degenerado y sórdido en algo precioso y lleno de referencias artísticas, ese es Maruo sensei. No apto para todos los públicos.

Por Teresa Domingo.

 

Desde que se anunció que EDT iba a desaparecer, los lectores de Maruo andábamos preguntándonos quién iba a ser capaz de volver a traer a este autor tan retorcido. Pues bien, para regocijo de todos, ECC parece que quiere alzarse como la editorial con el listado manga más rocambolesco del momento y acaba de añadir Infierno Embotellado de Suehiro Maruo a su catálogo. No es que sea lo más extremo que ha escrito este mangaka, emperador del ero-guro, pero no está mal. Resulta una buena introducción a la perturbación sí, pero también a la formación que hay tras este retorcido autor, que demuestra que hasta para pintar un coño hay que saber de arte local y foráneo, dejando claro, en este pequeño recopilatorio de tan sólo cuatro historias, el enorme nivel de conocimiento de cultura tradicional, contemporánea, oriental y occidental que posee.

En cada uno de los cuatro relatos, Maruo deja constancia de que, a pesar de la temática turbia y pervertida que suele manejar, su gusto por la estética y la perfección es tan extremo como la violencia que dibuja, y su trazo fino y elegante hace de lo soez una obra digna de ser estudiada.

A lo largo de la primera historia Maruo ya deja claras dos cosas. La primera es que es un genio del paisaje y que el dibujo naturalista es uno de sus puntos fuertes (personalmente ya lo había comprobado en El extraño caso de la Isla Panorama y me dejó con la boca abierta al ver los detalles de plantas y animales que pasaban por allí). Y la segunda es que la temática religiosa cristiana le va más a su tortuoso repertorio que su propia religión, con toda esa autoflagelación del alma y del cuerpo, la culpa, el tormento… y demuestra un dominio de la simbología bíblica para el pecado y del “temor de dios” cristiano que llega a sorprender que hayan salido de la cabeza de un japonés. Las viñetas de Infierno Embotellado emanan todo ese arte sacrosanto que nosotros estamos hartos de ver en museos y catedrales. Esos cuadros barrocos en los que pintores de la época plasmaban vírgenes y mártires a los que retorcían en posturas imposibles y vestían con túnicas con mil y un pliegues.

Pero si en algún relato de este tomo Maruo expresa su pasión y conocimiento sobre el arte occidental es el segundo relato, La tentación de San Antonio, que Maruo ha transformado en la historia de un sacerdote (cristiano, de nuevo) que personifica la propia religión y al que todos marginan, patean y o señalan para reírse. Para contarlo, el mangaka hace alarde de su sabiduría sobre los pintores contemporáneos que se han hecho eco de este pasaje de la Biblia y se sirve de sus obras para realizar sus viñetas, ya sea versionando a Dalí para la apertura y cierre de la historieta o una parte del tríptico de El Bosco. Pero lo más sorprendente es que este señor conozca La Tentación de San Antonio de Max Ernst y le parezca una de las mejores interpretaciones de este episodio. A vosotros os dará igual pero es uno de mis cuadros favoritos, así que el pedestal en el que tengo a Suehiro Maruo sube un escalón más.

Las otras dos historias son moralina pura y dura. Bueno, más dura que pura. La primera, Kogane-mochi, una pieza de rakugo clásico adaptada a partir de unos ensayos del siglo XVIII, contiene doble moraleja contra la codicia y un juego de palabras delicioso, aunque para descubrirlo tengamos que ver cómo destripan a un gordo recién muerto. Y en la última, por si no hubiéramos tenido ya suficiente, una historia muy sencilla de superación y aceptación de cualquier condición por deplorable que sea si merece la pena. Básicamente viene a ser un “el fin justifica los medios a lo Maruo” en el que la violencia extrema, la falta de moralidad y el sexo sucio de los putiferios más viles se convierten en unos dibujos con estética años ’20 europeos de una belleza admirable.

Que no os pierdan mis palabras de amor hacia la obra de Maruo. Siempre lo tengo que avisar: por muy bonito que os lo pinte, es Suehiro Maruo, y no todo el mundo está preparado para disfrutar de uno de los máximos exponentes  del ero-guro actual. Y digo actual porque no es ningún secreto, y el primero en afirmarlo es el propio Maruo, que sus brillantes ideas provienen del arte Muzan-e, el precedente y primer ejemplo conocido (a principios del periodo Edo, 1603-1868) de este género artístico. Quizá por este nombre no os venga nada, pero si os digo que a las obras de esta corriente también se las conoce como “bloody paints” quizá ya os podáis hacer una idea de por dónde va: asesinatos, mutilaciones y torturas varias se mezclan con el erotismo (ero) en escenas extremas y grotescas (guro). Erotismo grotesco. Suehiro Maruo.

Sigue a La Isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Acerca de Teresa Domingo 140 Articles
Si es creepy, es para mí.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*