Into The Badlands

Futuro apocalíptico y peleas de chinos
Por Chema Mansilla

Lo digo antes de que lo digáis vosotros: Into the Badlands es muy mofeta. No tengo problema en admitir que la serie no va a gustar a todo el mundo. Ni siquiera a mucha gente. Pero si eres de los que te gustan las pelis de artes marciales, de esas de acrobacias, saltos imposibles y gente rebotando en las paredes, o si eres de los que se enganchan a cualquier producto con temática fantástica o  simplemente estás enganchado al olor del óxido y gasolina de las historias sobre futuros distópicos, tal vez encuentres tu nueva serie favorita en Into The Badlands.

Yo piqué con el primer episodio por el motivo más tonto. En la primera imagen promocional que vi de la serie salía un chino con espada con un tres cuartos de cuero rojo sobre una moto custom. Tras los primeros minutos del primer capítulo, con mutilaciones, patadas y unas ligeras pinceladas sobre lo que es una sociedad de un futuro no demasiado distante que resulta tan medieval como post-industrial, ya estaba enganchado. Y es que Into The Badlands, siendo un producto de consumo rápido, ofrece lo que me gusta en una serie que puedo ver mientras como. Sus referencias más directas están en el mundo del anime, es muy difícil ver Into the Badlands y no pensar, por ejemplo, en Trigun.
Más allá de la anécdota, y de las peleas, Into The Badlands me ha seducido por dos elementos que creo que respaldan muy dignamente esta producción. Por un lado tenemos a los secundarios de la serie, que hacen un trabajo sorprendentemente competente, especialmente el bueno de Marton Csokas, enorme en una papel de carismático villano. Por el otro, una mitología propia bastante bien construida, un escenario bastante creíble que tiene aquí y allá toques a lo Mad Max o Fallout, pero que según avanza la trama deja entrever ciertos misterios que resultan muy interesantes.

Con esa puesta en escena conocemos a Sunny, interpretado por Daniel Wu, que viene a ser algo así como un Donnie Yen barato, que es un afectivo asesino con corazón de oro. Claro, como la gente con corazón de oro, por mucho que haya matado a 400 personas (en serio), no termina de encajar demasiado bien en una sociedad injusta y totalitaria, pues el muchacho como que se siente incómodo. Para más inri anda enamoradillo de una chavala a la que deja embarazada, y como los licenciados españoles que se largan a buscar un futuro mejor más allá de nuestras fronteras, el bueno de Sunny andan dándole vueltas a eso de dejar su curro fijo de matón a sueldo y probar suerte como autónomo en las Badlands.

El caso es que la excusa perfecta le llega en forma de chavalín (un tanto insoportable) de nebuloso origen pero que cuando es herido se convierte en una furiosa máquina de matar. Y claro, como eso de resultar herido es muy fácil en una serie en la que todo el mundo anda por ahí con espadas afiladas, y que lo de ser una una furiosa máquina de matar en un valor curricular en alza el futuro, pues se ponen en movimiento una serie de acontecimientos, salpicados de tramas políticas y líos familiares en plan culebrón que a nivel de guión lo mismo darle una patada a un avispero. Lo bueno de adentrarse en las Badlands en que nadie tiene ni idea de qué es lo que hay allí. Unos dicen que si consigues cruzar el desierto existe un lugar maravilloso, otros que tras el desierto sólo hay más desierto, muerte y desolación. Pero yo estoy deseando ver qué hay, porque Into The Badlands me ha dado el tipo de subproducto intelectual que me gusta, y el último episodio de esta primera temporada ha puesto sobre la mesa unos nuevos personajes y situaciones que han dejado ciertamente inquieto…

Los responsables de esta serie de AMC son Miles Millar y Alfred Gough, dos individuos que llevan toda la vida en Hollywood haciendo todo tipo de cosas, y a los que se deben película tan interesantes como Spider-Man 2 (la de Raimi) o mierdas deleznables como Arma Letal 4, Martial Law o aquel insulto de película protagonizada por Jackie Chan y Owen Wilson. En su defensa diremos que también han firmado algunos de los mejores episodios de Smallville o la ya clásica Time Cop. A estos dos hay que seguirles la pista porque no paran y dentro de nada estrenan la serie The Shannara Chronicles que puede convertirse en todo un pepinazo fan. Volviendo a Into The Badlands, Millar y Gough reinventan el cuento chino clásico Journey To The West y lo reconvierten en una serie en una serie que a lo que crecimos viendo pelis de videoclub nos toca cierta fibra. Es curioso que The Matrix o Tigre y Dragón lo petaran en su momento precisamente por eso.

Into The Badlands es una serie que, para bien o para mal, está pensada para un público ciertamente minoritario. Vamos, que si no te gusta ver a una pandilla de tíos vestidos con bombines y armados con espadas pegándose bajo la lluvia en un callejón oscuro, pues no, no te va a gustar. Pero si reconoces que una pelirroja de cuero negro dándole patadas a un chino en un bar es algo que quieres ver, pues aquí lo tienes. Pero para ser una generación que creció con El Equipo A y Xena, creo que nos estamos poniendo muy “exquisitos” y nos estamos privando de ver series muy divertidas por mantener la fachada de que sólo HBO hace series que merecen ser vistas.

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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