Jack Ryan – Ni lo habéis intentado.

No me gusta hacer Spoilers. No es mi estilo y me parece una falta de respeto al lector. Sobre todo no me gusta porque creo que es una forma fácil de escribir. Pero la labor del crítico en muchas ocasiones es prevenir, y para hacerlo muchas veces hay que caer en la advertencia destripadora. Por ello, la siguiente Review incluye Spoilers a tutiplén sobre todo porque no os vale la pena veros esta serie. Básicamente, sería una pérdida de tiempo.

Por Andrés R. Paredes

Y antes de nada me gustaría dejar claro que me apetecía mucho ver esta serie. el trabajo de Krasinski en 13 Hours: the secret Soldiers of Benghazi es fantástico, y ha demostrado que es un actor que va más allá del Jim de The Office con su segunda película. Además de eso, me gusta Jack Ryan. Creo que es un gran personaje. No soy un gran seguidor de las novelas de Tom Clancy, pero todas sus adaptaciones fílmicas (incluyendo la de Kenneth Branagh) me parecen de buenas para arriba, y Juego de Patriotas siempre tendrá un hueco especial en mi corazón. El showrunner Carlton Cuse venía de revitalizar la leyenda de Psicosis a través de Bates Motel, tratar con vampiros en The strain y la ciencia Ficción en Colony. Tres series, cada una de su padre y de su madre que no destacan en casi casi ningún aspecto (¿Os acordáis de que The Strain acabó el año pasado? ¿A que no?). y esa blandez, ese no ir a ninguna parte y no querer destacar en nada se nota en Jack Ryan en un aspecto muy concreto (pero muy amplio): Los lugares comunes.

8.5 sobre diez en escalada de mirada intensa

Las series de espías pueden ir en dos direcciones: por un lado está el estilo 24, carreras contrarreloj con enemigos y personajes poco desarrollados en las que lo que importa son las explosiones, salvar a la hija del presidente y evitar que la bomba de gas mostaza estalle en el colegio de la hija del protagonista mientras los hackers tratan de evitar que los Malos se adueñen de los códigos nucleares. El otro camino por el que puede tender una serie de espías es el que llamaremos Rubicon (en honor a una gran serie que no valoramos lo suficiente en su día); trama que se mueve con lentitud, personajes que piensan más que actuan, espías que se aprovechan de los pequeños detalles, que investigan de verdad, que ganan por pura suerte mezclada con inteligencia. Jack Ryan quiere situarse en ambas orillas, demostrando que Jack es increíblemente inteligente y que también es un soldado entrenado. Que sabe pensar y actuar. Que puede correr durante 6 horas detrás del malo y sentarse a desgranar una trama de terrorismo compleja. Pero el problema es que No le da para hacer ninguna de las dos cosas. Los tiroteos son carentes de tensión. Las persecuciones son breves y terminan demasiado rápido. Los enigmas son resueltos con más bien pocos problemas, el patrón de ataque de los terroristas es sencillo de descubrir y para cuando Jack ha descubierto qué se proponen lo único que le queda al espectador es gritar “Es que es EVIDENTE”.

Otro lugar común en el que fracasa estrepitosamente la serie es en la construcción de su “villano”. Y el villano va entre comillas porque la serie trata desesperadamente hacer de Suleimán un personaje tridimensional, pero cayendo en los tópicos de siempre: Traumatizado en su infancia, con una familia que le abandona, una sociedad occidental que le rechaza y mucha rabia contenida, Suleimán habría sido un villano mucho más interesante si… bueno, tuviese un mínimo de originalidad en su sangre. Por otro lado y a título personal, estoy extraordinariamente cansado del prototipo de “malvado Árabe”. Es una idea de principios de Siglo que ha quedado infinitamente obsoleta, y si la serie se quisiese mantener relevante, habría apuntado contra enemigos de Estados unidos más claros, véase Rusia o incluso Corea del Norte.

La intensidad se sale de las gráficas

Múltiples localizaciones por todo el globo, actores que cumplen (aunque Krasinski está un poco fuera de sitio, como si le viniera demasiado grande el papel), y un intento casi casi activo de asentar la trama en una investigación “real”. Pero es que no llega. No lo consigue porque quiere gustarte. Quiere que te emociones con los tiroteos (0.5 tiroteos por capítulo) y con sus personajes a pesar de que sean más simples que un pié. El mayor ejemplo de cómo fracasa Jack Ryan está en su “enfrentamiento” final contra Suleimán: Jack ha perseguido al terrorista a través del metro, y cuando está a punto de perderlo, grita que tiene a su hijo, dispara al aire, y como Suleiman es el único que corre, le dispara. Es una solución sencilla e inteligente, y se nota que la intención de los creadores era crear una situación tensa pero realista en la que el protagonista tuviera una idea brillante con la que salvar los platos. Pero el grave problema es que esto no se ve así. La dirección es blandísima, la muerte de Suleiman viene sin pena ni gloria, y la planificación es casi telenovelesca. 

En resumen: Mi consejo es que si necesitáis ver una serie de espías, entretenida y con carisma os veáis Killing Eve, porque aquí lo que hay no llega. A ninguna parte.

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