John Byrne´s Next Men o la evolución involutiva.

Hubo un tiempo en que John Byrne fue Dios. Lo era todo. Lo hacía todo. Lo controlaba todo. Y todo lo hacía bien. Muchos éramos los que nos arrodillábamos ante cualquiera de sus trabajo, hipnotizados por el fulgor cegador de su talento. Luego Dios sufrió una embolia. O tomó demasiadas drogas. O jugó demasiado al bingo y una depresión arrasadora lo embargó. O una mina antipersona lo mutiló. O algo.

Por Javier Marquina.

No miento si digo que Los 4 Fantásticos de John Byrne han sido uno de los cómics que más me han influenciado en la vida. Casi podría asegurar que gracias a ellos soy lo que soy en lo que a tebeos respecta. Esa magia, ese aroma a aventura trepidante, ese dibujo que en aquel entonces partía la pana y destacaba sobre el de todos los demás. Aquellos cómics eran magia Marvel pura; contaban aquello que querías leer; mostraban las heroínas más macizas del momento; los villanos eran los más malosos del universo conocido; la tecnología era más flipante nunca creada; los héroes siempre se mostraban como los más heroicos; La Cosa en sus manos era la más pétrea y entrañable de la historia. Lo tenían todo. A mí esa colección me convirtió en un fan definitivo y entregado a todo lo que Byrne hacía. Recuperé su histórica etapa en La Patrulla X con Chris Claremont; aluciné con su Alpha Flight; le seguí a DC para leerme su Superman; fui pescando en rastrillos y tiendas de segunda mano aquellos números embrionarios de Puño de Hierro; devoré Namor con asombro. Todo lo que ÉL dibujaba y guionizaba, yo lo compraba. Si llevaba Byrne en la portada, tenía que ser para mí. Y es así como llegué a los Next Men.

Corrían los tiempos de la primera Image, aquella que se fundó para reivindicar los derechos de autor de los creadores sobre sus obras y, principalmente, para hacer ricos a sus socios originarios. Los autores de éxito consagrados huían de las grandes editoriales y todo el mundo parecía más que dispuesto a lanzar al mercado creaciones de cuño propio lejos del ala protectora de Marvel y DC  y, por supuesto, el amigo Byrne no fue menos. Bajo el paraguas editorial de Dark Horse, Byrne escribe y dibuja a los Next Men, una colección de corte más adulto en la que trata de explicar lo que pasaría si hubiera gente con poderes en el mundo real, dándole un enfoque mucho más realista lleno de violencia y sexo. Por supuesto ni la violencia era tan violenta ni el sexo tan explícito, pero para los que habíamos seguido al autor canadiense (de adopción) a lo largo de los años, aquello suponía un cambio de registro importante. A lo largo de 30 números, de 1991 a 1995, Byrne va trazando de manera cuidadosa una historia de ciencia ficción, saltos temporales, realidades virtuales a lo Matrix (mucho antes de que Matrix fuera concebida) y relaciones humanas, añadiendo críticas al mundo editorial, a los políticos corruptos y a cuantas cosas se le pasaban por la cabeza. Una obra interesante, sobre todo en su planteamiento inical, que va fluyendo con maestría dejando migajas y pistas de lo que debería haber venido después. Como ya he dicho, la serie se interrumpió de forma abrupta en su número 30, y tuvieron que pasar 15 años para que Byrne narrara el final de los Next Men, esta vez bajo el sello IDW.

Y aquí es donde el placer se vuelve dolor.

A nadie se le escapa que el talento de John Byrne tanto para crear historias emocionantes como para dibujar grandes cómics se ha ido diluyendo a lo largo de los años como una bola de algodón de azucar en un tanque de ácido molecular. Ignoro que clase de virus ha atacado a este hombre, pero se parece sospechosamente al que ha ido afectando de manera continua y evidente a gente como Walter Simonson, Chris Claremont o el mismísimo Frank Miller, todos ellos ídolos y estandartes míticos de aquella Marvel genial e insuperable de los 80. La involución de Byrne se hace más patente en los 4 tomos que recopilan colección completa de los Next Men, ya que los primeros 3 tomos pertenecen a esa etapa en la que parecía que Byrne seguía siendo Dios, mientras que el cuarto es un claro ejemplo del proceso degenerativo de su talento.

Dulce amor de juventud.

Lo que durante 3 tomos se nos presenta como una historia cuidadosamente planificada que se va desarrollando de forma pausada pero inexorable y en la que todo parece encajar, se acaba convirtiendo en este último cuarto tomo que recoge la recta final de la serie publicada 15 años después, en un despropósito acelerado y algo confuso que no acaba por resolverse. Grandes ideas que se quedan en nada y ese regusto en el dibujo que te hace fruncir el ceño pensando en el que fue y ya no es. Un sabor agridulce por poder recuperar una colección mítica de tu juventud de manera completa y verla acabar de un modo tan poco satisfactorio, tan abrupto como en su primer parón en el número 30, soso, precipitado y anticlimático.

Aun así, el final de estos Next Men se colocan muy por encima de otros trabajos que Byrne perpetró por la misma época y los cuatro tomos deliciosamente editados por Norma Editorial merecen la pena, aunque sólo sea por ese afán completista que nos alimenta a los enfermos. Además, quedan muy bonitos en la estantería, oigan.  No es lo mejor del autor, pero es una manera curiosa y completa de comprobar que los grandes también caen y que el que tuvo, al final, olvidó donde coño había guardado lo que tenía.

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Acerca de Javier Marquina 210 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

1 comentario en John Byrne´s Next Men o la evolución involutiva.

  1. Esos 4 tomos caeran pronto Javier. Aunque el cuarto pueda dejar mal sabor de boca, los 3 primeros bien lo valen. Y encima ahora que Panini anuncia que a partir de Marzo recupera todo los 4F de Byrne en 4 preciosos omnigolds, solo me faltará recuperar su Namor, su Superman y sus X-Men para tener Byrne para rato

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